Terapia ocupacional · Ruralidad · Emergencias
Una lectura desde la terapia ocupacional sobre los incendios forestales de La Mierla y Selas, la vulnerabilidad rural y la reconstrucción de las ocupaciones que sostienen una comunidad.
Un incendio forestal no termina en el perímetro que aparece sobre un mapa. Llega a las casas, a las carreteras, a los centros de salud, a los trabajos, a los cuidados, a los animales, a las escuelas y a las conversaciones de cada día.
Los incendios de La Mierla y Selas han vuelto a situar a la provincia de Guadalajara ante una realidad que no puede explicarse únicamente con hectáreas, medios de extinción o partes de evolución. Todo eso es imprescindible para comprender la emergencia, pero existe otra dimensión menos visible: la interrupción de la vida cotidiana. Cuando una persona debe abandonar su vivienda, cuando una familia no sabe cuándo podrá regresar, cuando el acceso a un pueblo queda condicionado o cuando los apoyos habituales dejan de funcionar, se produce también una ruptura ocupacional.
Desde terapia ocupacional, hablar de desastre significa preguntarnos qué ocurre con las actividades que permiten cuidarse, cuidar a otros, trabajar, descansar, desplazarse, mantener vínculos, participar en la comunidad y conservar una identidad. Significa mirar tanto a quien necesita ayuda para ducharse como a quien sostiene una explotación ganadera; tanto al niño que pierde su rutina como a la persona mayor que no puede orientarse en un alojamiento desconocido; tanto a quien evacúa con una silla de ruedas como a quien, después del incendio, intenta reconstruir una red vecinal y un proyecto de vida.
El desastre como interrupción ocupacional
La literatura clásica sobre desastres describe estas situaciones como acontecimientos capaces de alterar gravemente el funcionamiento de una comunidad. No se trata solo de que exista un peligro físico. La estructura social se desorganiza, los servicios dejan de responder con normalidad y una parte de las funciones esenciales queda impedida. El documento de la American Occupational Therapy Association sobre preparación, respuesta y recuperación añade una lectura especialmente útil para nuestra disciplina: durante una crisis, las personas, las familias, las instituciones y las comunidades quedan limitadas para realizar las actividades habituales, encuentran nuevas barreras ambientales, pierden o modifican roles y sufren amenazas personales, sociales y económicas.
Eso es lo que convierte el incendio en un problema ocupacional. La ocupación no es una actividad aislada ni una tarea para rellenar el tiempo. Es la forma concreta en la que una persona organiza su día, se reconoce, contribuye a su familia y participa en un contexto. Preparar el desayuno, abrir un comercio, cuidar el ganado, conducir hasta el centro de salud, acudir a una consulta, regar un huerto, encontrarse con los vecinos o dormir en la propia cama son ocupaciones vinculadas a lugares, tiempos, objetos y relaciones. Cuando esos componentes desaparecen o se vuelven inseguros, la actividad deja de ser posible o cambia radicalmente.
La revisión española de Souto Gómez, Talavera Valverde y Moruno Miralles formuló esta cuestión de una manera especialmente clara: el desastre modifica, de forma temporal o permanente, la gestión de las actividades diarias e interrumpe hábitos, roles y rutinas. Sus autores añaden que la respuesta ocupacional no debería entenderse como un intento de devolver mecánicamente a la población al punto exacto anterior al suceso. El objetivo es posibilitar que las personas y los grupos vuelvan a gestionar lo cotidiano, adaptándose a unas condiciones que quizá ya no sean las mismas. Esta diferencia es importante: recuperar no siempre significa restaurar; a veces significa reorganizar, negociar pérdidas y construir nuevas formas de participación.
La pregunta ocupacional no es solamente «¿qué se ha perdido?», sino «¿qué necesita esta persona o esta comunidad para volver a hacer aquello que sostiene su vida?».
Qué sabemos y qué no sabemos todavía
Conviene ser rigurosos: la evidencia específica sobre terapia ocupacional en incendios forestales es todavía escasa. La revisión sistemática de Parente y colaboradores, publicada en 2017, localizó diez estudios sobre rehabilitación en áreas de desastre. Todos estaban relacionados con terremotos. Los autores no encontraron investigaciones centradas directamente en una intervención de terapia ocupacional, aunque sí experiencias en las que se mencionaba la participación de terapeutas ocupacionales dentro de equipos de rehabilitación.
De esa revisión emergieron cuatro ideas consistentes: la rehabilitación debe incorporarse a las situaciones posdesastre; su presencia es necesaria desde las fases tempranas; las evacuaciones de personas con discapacidad requieren planificación específica; y la movilización y el transporte de personas con lesiones nuevas o discapacidades previas deben realizarse con seguridad. La evidencia disponible apunta a que una intervención rehabilitadora temprana puede reducir complicaciones, mejorar resultados funcionales y favorecer la participación, pero los propios autores advierten de la falta de estudios sólidos y de la necesidad de definir mejor el papel operativo de cada profesión.
La conclusión no es que exista un protocolo perfectamente validado para incendios forestales. La conclusión es que varias líneas de investigación —desastres, rehabilitación, discapacidad, ruralidad, cuidados y recuperación comunitaria— coinciden en señalar necesidades a las que la terapia ocupacional puede aportar una mirada propia.
Por tanto, este artículo no pretende presentar certezas que las fuentes no ofrecen. Propone una lectura prudente: la terapia ocupacional puede ser útil, pero necesita formación en emergencias, integración real en equipos multidisciplinares, conocimiento del territorio y evaluación de resultados.
Prepararse antes de que llegue el fuego
La primera aportación posible aparece antes de la evacuación. Prepararse no significa vivir permanentemente en alerta, sino reducir vulnerabilidades conocidas. En pueblos pequeños, una emergencia puede afectar a personas mayores que viven solas, usuarios de ayuda a domicilio, personas con discapacidad, familias sin vehículo, pacientes que dependen de medicación o de un producto de apoyo y cuidadores que no pueden abandonar su domicilio sin asistencia.
La terapia ocupacional puede colaborar con ayuntamientos, servicios sociales, atención primaria, residencias, centros educativos, asociaciones y Protección Civil para analizar qué actividades resultarían difíciles durante una emergencia. La pregunta debe ser funcional: ¿quién necesita ayuda para salir de casa?, ¿quién no puede subir a un vehículo convencional?, ¿quién utiliza oxígeno, grúa, silla eléctrica o sistemas de comunicación?, ¿quién podría desorientarse?, ¿qué menores requieren apoyos sensoriales o conductuales?, ¿qué personas dependen de una cuidadora que también puede verse afectada?
Plan individual
Ruta de salida, apoyos necesarios, medicación, documentación, contactos, transporte, comunicación y productos de apoyo que deben acompañar a la persona.
Plan domiciliario
Análisis de barreras, alternativas de evacuación, ubicación de llaves y equipos, transferencia segura y coordinación con familiares o servicios.
El documento de la AOTA señala que los terapeutas ocupacionales pueden participar en la planificación comunitaria, diseñar refugios para personas con necesidades especiales, formar a profesionales y voluntarios y ayudar a empresas o centros educativos a evacuar a personas con discapacidad. También destaca la utilidad de planes individualizados para estudiantes que especifiquen cómo serán transportados, movilizados y posicionados, qué equipamiento debe acompañarlos y por qué salida deben abandonar el edificio.
Evacuar sin dejar a nadie atrás
Durante la fase aguda, la prioridad corresponde a los servicios de emergencia: proteger vidas, informar, evacuar y controlar el riesgo. La terapia ocupacional no sustituye a bomberos, sanitarios, fuerzas de seguridad o Protección Civil. Su aportación solo tiene sentido integrada en el dispositivo y dentro de funciones previamente definidas.
La revisión de Parente subraya que las personas con discapacidad previa tienen mayor riesgo de quedar desatendidas durante una evacuación. La pérdida de medicación, ayudas técnicas o personal de apoyo puede deteriorar rápidamente una situación que antes era estable. Además, una movilización incorrecta puede causar dolor, caídas, lesiones cutáneas, daño musculoesquelético o agravamiento de lesiones neurológicas. Las fuentes revisadas, aunque proceden principalmente de terremotos, coinciden en la necesidad de formar a los equipos en transporte y movilización segura.
En un incendio forestal, la urgencia puede obligar a abandonar el domicilio con poco tiempo. Una persona puede salir sin audífonos, sin el cargador de su silla, sin férulas, sin la medicación completa o sin un sistema alternativo de comunicación. Otra puede ser trasladada en un vehículo al que accede con dificultad y llegar a un alojamiento donde no puede utilizar el aseo. Una tercera puede aparentar autonomía, pero no comprender la situación debido a un deterioro cognitivo.
Una valoración funcional rápida
La intervención en esta fase tendría que ser breve y orientada a riesgos inmediatos. No se trata de realizar una evaluación clínica completa en mitad de una emergencia, sino de detectar necesidades críticas:
- capacidad para caminar, transferirse, subir al transporte y mantener una postura segura;
- necesidad de silla de ruedas, andador, bastón, grúa, cojín, férula u otro producto de apoyo;
- capacidad para comunicarse, comprender instrucciones y pedir ayuda;
- necesidades de medicación, alimentación, continencia, oxígeno o cuidados específicos;
- presencia de dolor, fatiga, riesgo de lesión por presión o deterioro funcional;
- existencia de una persona cuidadora y posibilidad real de que continúe prestando apoyo;
- necesidad de acompañamiento por desorientación, discapacidad intelectual o alteraciones sensoriales.
Perfil ocupacional breve: cuatro preguntas que orientan la respuesta
En una emergencia no hay tiempo para una evaluación extensa, pero una entrevista breve puede evitar que una persona funcionalmente estable se vuelva dependiente por la pérdida de apoyos o por un entorno inadecuado. Estas preguntas deben adaptarse a la situación y nunca retrasar las órdenes de evacuación:
- Línea de base: ¿cómo se desenvolvía antes del incendio para caminar, utilizar el baño, vestirse, comer o tomar la medicación?
- Apoyos perdidos: ¿ha dejado atrás gafas, audífonos, prótesis, férulas, andador, silla, cojín, cargador o algún objeto imprescindible?
- Red disponible: ¿con quién ha llegado y quién suele ayudarle en su vida diaria?
- Prioridad inmediata: ¿qué necesita ahora para poder descansar, comunicarse, desplazarse o cuidar de otra persona?
La información obtenida permite priorizar reposición de productos de apoyo, ubicación accesible, continuidad de cuidados y derivación. La propuesta procede del análisis práctico del documento complementario y se presenta como una guía de razonamiento, no como una escala validada ni como un protocolo oficial de triaje.
En esta fase resulta esencial registrar de forma sencilla qué equipamiento acompaña a la persona y qué se ha quedado atrás. Un producto de apoyo no es un accesorio prescindible. Puede ser la diferencia entre comer de manera independiente o necesitar ayuda total; entre utilizar el aseo o permanecer inmóvil; entre comunicarse o quedar aislado.
La vida dentro de un alojamiento temporal
Un alojamiento temporal puede ofrecer techo, comida y protección y, al mismo tiempo, seguir siendo inaccesible para la vida cotidiana. La organización de un espacio condiciona el descanso, la intimidad, la movilidad, el autocuidado y la convivencia. Dormir en una sala compartida, utilizar baños desconocidos, convivir con ruido constante o no saber cuándo se podrá regresar son experiencias que afectan incluso a personas sin necesidades previas de apoyo.
La AOTA propone que los terapeutas ocupacionales puedan colaborar en refugios para personas con necesidades especiales, supervisar a personal y voluntariado, adaptar entornos, realizar visitas o llamadas a quienes permanecen en sus domicilios y facilitar intervenciones orientadas a reducir ansiedad y estrés. Entre las estrategias citadas aparecen estructurar rutinas, identificar fortalezas, favorecer expresión creativa, organizar juego adecuado a la edad y ofrecer oportunidades de manejo del estrés.
| Área cotidiana | Riesgo en un alojamiento temporal | Aportación posible de terapia ocupacional |
|---|---|---|
| Movilidad y transferencias | Caídas, dolor, dependencia innecesaria, imposibilidad de acceder al aseo. | Organización del espacio, productos de apoyo, entrenamiento breve y formación a cuidadores. |
| Autocuidado | Falta de intimidad, superficies inadecuadas, pérdida de hábitos y ayuda excesiva. | Adaptación de tareas, apoyos graduados y ubicación accesible de recursos. |
| Sueño y descanso | Ruido, luz, incertidumbre, interrupciones y ausencia de rutinas. | Modificación ambiental, distribución de espacios y estrategias de conservación del descanso. |
| Infancia | Desorganización, aburrimiento, miedo, pérdida de juego y dificultad para comprender la situación. | Rutinas flexibles, juego significativo, información adaptada y apoyo a cuidadores. |
| Cuidados familiares | Sobrecarga, falta de relevos y ruptura de apoyos formales. | Reorganización de tareas, formación, descansos y coordinación con servicios. |
Accesibilidad cognitiva y sensorial en el refugio
El cambio brusco de entorno puede aumentar la desorientación, la agitación o la deambulación en personas con deterioro cognitivo, y el ruido, la luz intensa, el olor a humo o la ausencia de referencias conocidas pueden empeorar su capacidad para comprender lo que ocurre. La respuesta debe centrarse en las capacidades conservadas y en reducir demandas innecesarias del ambiente.
- utilizar señalización grande, contrastada y con pictogramas para baños, comedor, salidas y zonas de descanso;
- mantener recorridos sencillos, despejados y estables, evitando cambios continuos en la distribución;
- crear una zona de baja estimulación para quien necesite alejarse del ruido y la actividad;
- conservar objetos familiares, rutinas reconocibles y la proximidad de personas de confianza cuando sea posible;
- dar instrucciones breves, una cada vez, desde una posición visible y sin confrontar innecesariamente;
- vigilar dolor, deshidratación, falta de sueño, efectos de medicación y otras causas médicas de un cambio conductual.
La recuperación temprana también se relaciona con cinco elementos descritos en la literatura sobre trauma colectivo: seguridad, calma, eficacia personal y comunitaria, conexión y esperanza. Desde terapia ocupacional, estos elementos pueden convertirse en acciones concretas. La seguridad aumenta cuando una persona sabe dónde está el baño y puede llegar hasta él. La calma se favorece cuando existe información comprensible y cierta previsibilidad. La eficacia aparece cuando la persona puede participar en decisiones y resolver pequeñas tareas. La conexión se mantiene cuando puede comunicarse con su red. La esperanza se construye con pasos realistas, no con mensajes vacíos.
Regresar a casa no equivale a recuperar la normalidad
El regreso suele presentarse como el final deseado, pero puede abrir una etapa compleja. La vivienda puede estar intacta y, aun así, la vida cotidiana seguir alterada por cortes de suministro, humo, ceniza, restricciones de acceso, pérdida de transporte, cambios en los servicios o ausencia de familiares y vecinos. Algunas personas regresarán a su domicilio; otras permanecerán en alojamientos provisionales; otras tendrán que reorganizarse durante meses.
La terapia ocupacional puede contribuir a valorar si el entorno permite recuperar las actividades básicas con seguridad. No se trata de certificar la habitabilidad estructural de un edificio, competencia que corresponde a otros profesionales, sino de observar el funcionamiento cotidiano: acceso a la vivienda, posibilidad de cocinar, uso del baño, movilidad interior, disponibilidad de medicación, conservación de alimentos, descanso, comunicación y continuidad de los cuidados.
Recuperar ocupaciones no significa fingir que nada ha ocurrido. Significa encontrar formas seguras y significativas de volver a cuidarse, cuidar, trabajar, estudiar, descansar y participar, aceptando que algunos roles y ritmos tendrán que cambiar.
La intervención puede incluir visitas domiciliarias, adaptación temporal de tareas, asesoramiento sobre productos de apoyo, conservación de energía, prevención de caídas, reorganización de responsabilidades familiares y coordinación con atención primaria, servicios sociales y recursos comunitarios. En personas con discapacidad o dependencia, la continuidad del soporte formal debe considerarse una prioridad de recuperación, no un asunto secundario.
La ruralidad como contexto de salud
Las fuentes sobre rehabilitación rural ayudan a comprender por qué una respuesta diseñada desde un centro urbano puede fallar incluso cuando está bien intencionada. La ruralidad combina densidad de población, distancias, acceso a servicios, empleo, cultura local, redes sociales y características del territorio. No es simplemente vivir lejos de una ciudad.
El estudio cualitativo de Roots y colaboradores entrevistó a seis terapeutas ocupacionales y trece fisioterapeutas que trabajaban en quince comunidades rurales de la Columbia Británica. Los participantes describían la práctica generalista como una especialidad. La variedad de necesidades, la escasez de recursos y las dificultades de derivación exigían habilidades avanzadas de evaluación, capacidad para resolver problemas, autonomía, reflexión sobre los propios límites y colaboración con la comunidad.
La revisión global de Hayes y colaboradores refuerza una preocupación. Analizó 117 publicaciones sobre terapia ocupacional en entornos no urbanos de diecinueve países. El 65 % describía servicios individualistas y solo el 14 % incluía estrategias de habilitación comunitaria. Muchos servicios se originaban en localizaciones urbanas: algunos profesionales se desplazaban y otros trabajaban mediante teleasistencia. Los autores advierten de que una intervención distante puede no comprender suficientemente el contexto y que la terapia ocupacional rural necesita avanzar hacia estrategias comunitarias y de justicia redistributiva.
Esta observación es especialmente útil para Guadalajara. Una intervención no debería llegar con un catálogo de soluciones previamente cerrado. Necesita conocer cómo se organiza el cuidado en cada pueblo, qué papel tienen los ayuntamientos, las farmacias, los consultorios, los servicios de ayuda a domicilio, las asociaciones, los vecinos y las familias. También debe comprender qué ocupaciones tienen valor local: ganadería, agricultura, aprovechamiento forestal, hostelería, turismo, desplazamientos cotidianos o cuidado de viviendas y terrenos.
Personas mayores, dependencia y cuidados
Las emergencias no crean todas las vulnerabilidades: muchas ya existían. El fuego puede amplificarlas al interrumpir transportes, servicios, apoyos informales y rutinas. Dos de las fuentes revisadas, desarrolladas en contextos rurales españoles, ayudan a entender esta fragilidad cotidiana.
El estudio de Prieto-Bueno y Cantero-Garlito analizó las narrativas de diez mujeres mayores con dependencia atendidas por un servicio de ayuda a domicilio rural. Identificó limitaciones en actividades instrumentales de la vida diaria, especialmente las relacionadas con movilidad, y restricciones en participación social, ocio y tiempo libre. Las entrevistas mostraban vidas muy vinculadas al domicilio, a la ayuda familiar y a redes que podían ser frágiles. El trabajo concluye que son necesarias políticas de atención en el hogar y en los espacios comunitarios.
El estudio realizado en Otero, Toledo, sobre cuidadoras formales e informales aporta otra pieza. Fue un proyecto pequeño y sus porcentajes no pueden generalizarse, pero los resultados son relevantes para detectar problemas. El 75 % de las cuidadoras informales presentaba sobrecarga; el 90,9 % del conjunto refería alteraciones de sueño y descanso; todas describían desgaste energético y emocional; y el 45,45 % desconocía estrategias para manejar el estrés. Todas las participantes eran mujeres.
En un incendio, la cuidadora puede tener que evacuar a la persona dependiente, trasladar medicación y equipamiento, resolver trámites, atender a otros familiares y adaptarse a un espacio desconocido. Si se valora únicamente a la persona cuidada, se ignora la capacidad real del sistema familiar para sostener la atención. El equilibrio ocupacional de quien cuida debe formar parte de la evaluación.
Persona dependiente
Autocuidado, movilidad, orientación, medicación, productos de apoyo, comunicación y participación en decisiones.
Persona cuidadora
Sueño, dolor, fatiga, carga de tareas, conocimientos, apoyos, posibilidad de relevo y mantenimiento de su propia salud.
La intervención puede incluir educación en movilizaciones, conservación de energía, reparto de tareas, identificación de relevos, adaptación de rutinas y coordinación con servicios formales. El objetivo no es enseñar a la cuidadora a soportar más, sino evitar que todo el sistema dependa de su sacrificio.
Recuperar comunidad, pertenencia e identidad
Una de las aportaciones más importantes de las fuentes revisadas es que la recuperación no puede limitarse al individuo. Keevers y colaboradores analizaron treinta y seis estudios sobre recuperación y sanación tras desastres relacionados con el clima. Encontraron cuatro grandes narrativas: recuperación colectiva y dirigida por la comunidad; reconocimiento del contexto, el lugar y la identidad; una concepción integral del bienestar y del vínculo con el territorio; y la necesidad de reconocer conocimientos y prácticas de comunidades originarias en los contextos estudiados.
La mayoría de los estudios destacaba el valor de las prácticas de pertenencia y conexión comunitaria. El sentido de lugar estaba unido a la identidad personal. Volver a costumbres, actividades y relaciones previas podía ayudar a reconstruir seguridad y continuidad. También se identificaba el capital social: los vínculos cercanos, los puentes entre grupos y las conexiones con instituciones capaces de facilitar recursos.
La revisión señala que los resultados mejoran cuando las personas afectadas participan directamente en la gestión de la recuperación. Las intervenciones comunitarias pueden utilizar conocimiento local, liderazgo de confianza, fortalezas y redes ya existentes. No se trata de idealizar a la comunidad ni de asumir que todos están de acuerdo. Se trata de reconocer que una recuperación diseñada sin las personas afectadas corre el riesgo de ser irrelevante o de reforzar desigualdades.
Desde terapia ocupacional, esta idea amplía el campo de intervención. La participación en una reunión vecinal, la reapertura de un centro social, la recuperación de una celebración, el regreso a una escuela, la organización de una red de transporte o la restauración de un espacio compartido pueden entenderse como ocupaciones colectivas. No son actividades accesorias. Ayudan a recuperar pertenencia, confianza y capacidad de actuar.
La comunidad no es solo el lugar donde se presta una intervención. Puede ser también sujeto de intervención, agente de decisión y principal recurso para la recuperación.
El enfoque CORE: inclusión social más allá de la supervivencia
El estudio de Huppatz, Pereira, Whiteford y George, publicado en 2026, aporta un marco especialmente actual para pensar la recuperación tras incendios. Analizó narrativas de población australiana relacionadas con incendios forestales y la pandemia, utilizando el enfoque CORE: Capacidades, Oportunidades, Recursos y Entornos. Su punto de partida es que los desastres no afectan a todas las personas de la misma forma. Pueden restringir la participación y, al mismo tiempo, ampliar desigualdades y formas de exclusión que ya existían antes.
Capacidades
Lo que una persona o comunidad puede hacer, ser, llegar a ser, mantener y valorar. Incluye experiencias previas, habilidades, identidad y aspiraciones.
Oportunidades
Las circunstancias que hacen posible participar: acceso, tiempo, permisos, apoyo institucional, transporte y posibilidades reales de elección.
Recursos
Recursos materiales, tecnológicos, sociales, culturales, personales y económicos que convierten una capacidad en una acción posible.
Entornos
Condiciones físicas, sociales, políticas y culturales que facilitan o restringen la participación y la inclusión después del desastre.
La utilidad del modelo está en evitar una evaluación centrada únicamente en déficits. Una persona puede conservar habilidades para cocinar, cuidar un huerto o coordinar a sus vecinos, pero no disponer de cocina, terreno, transporte o autorización para regresar. En ese caso, el problema no está solo en la persona: faltan oportunidades, recursos o un entorno facilitador.
El artículo destaca además el valor de las narrativas. Escuchar cómo cada persona explica lo ocurrido, qué ocupaciones protegió, qué perdió y qué soluciones creó puede tener utilidad terapéutica y orientar objetivos auténticos. La comunidad no se reduce a una lista de necesidades: conserva conocimientos, capacidades y recursos que deben identificarse antes de diseñar una respuesta externa.
Cuatro preguntas CORE para una mesa local de recuperación
- Capacidades: ¿qué sabe hacer esta comunidad y qué valores quiere preservar?
- Oportunidades: ¿qué actividades importantes han dejado de ser posibles y qué tendría que cambiar para recuperarlas?
- Recursos: ¿qué apoyos personales, sociales, culturales, materiales y tecnológicos siguen disponibles?
- Entornos: ¿qué barreras del territorio, los servicios, las normas o la organización están excluyendo a parte de la población?
En Guadalajara, la recuperación debería permitir que cada localidad defina qué necesita recuperar primero y qué actividades representan su continuidad. Para un pueblo puede ser reabrir un consultorio; para otro, garantizar el acceso a pastos; para otro, recuperar un espacio de reunión; para otro, restablecer rutas y transporte. La mirada ocupacional ayuda a traducir conceptos generales como resiliencia o cohesión en actividades observables y significativas.
Trabajo, economía local y continuidad vital
La recuperación económica suele presentarse como un ámbito separado de la salud, pero la literatura sobre incendios rurales muestra que ambas dimensiones están conectadas. El estudio cualitativo de Moloney y colaboradores entrevistó a dieciocho responsables de seis organizaciones de recuperación prolongada en comunidades rurales afectadas por incendios. Entre las barreras aparecían la llegada lenta de recursos, las normas de acceso a ayudas, la dificultad para crear una estructura organizativa funcional y la relación entre la restauración del entorno construido y la economía local.
Los autores describen pérdidas de empleo, problemas de vivienda y reducción del turismo como procesos capaces de prolongarse durante años. Una fuente de ingresos estable se relaciona con la estabilidad residencial, y los daños económicos pueden reducir también la capacidad de los municipios para mantener servicios públicos. Por eso proponen que la recuperación económica forme parte de las funciones centrales de las organizaciones de recuperación.
Para terapia ocupacional, el trabajo no es únicamente una nómina. Organiza el tiempo, proporciona identidad, vínculos, competencia y pertenencia. En territorios rurales, trabajo y lugar pueden estar especialmente unidos. Cuidar animales, mantener una explotación, gestionar un alojamiento, abrir un bar o trabajar en el monte son ocupaciones vinculadas al entorno. Cuando el incendio las interrumpe, se produce una pérdida económica, pero también una ruptura del rol y del proyecto vital.
Animales, cuidados y pérdida ocupacional
En el medio rural, el vínculo con animales de compañía, ganado, colmenas u otras formas de cuidado animal puede ocupar una parte central del día, del trabajo, de la identidad y de la red afectiva. Una evacuación puede provocar separación, incertidumbre, pérdida de rutinas o, en algunos casos, muerte de animales. No debe darse por supuesto que este dolor es menor porque existan otras pérdidas materiales.
Desde una perspectiva ocupacional conviene preguntar qué actividades de cuidado se han interrumpido, qué responsabilidad siente la persona, qué información necesita y cómo ha cambiado la estructura de su día. Validar el vínculo, facilitar información fiable, coordinar recursos veterinarios o de acogida cuando existan y permitir rituales personales o comunitarios de despedida pueden formar parte de una respuesta humana. No se incorporan al artículo afirmaciones no verificadas sobre animales concretos afectados en La Mierla o Selas.
Una propuesta razonada para Guadalajara
Las fuentes no describen un programa aplicado a los incendios de La Mierla y Selas. Aun así, permiten construir una propuesta prudente de cómo podría integrarse la terapia ocupacional en una estrategia provincial. No debería crearse un dispositivo aislado, sino incorporar competencias ocupacionales a los equipos y estructuras existentes.
Como herramienta transversal, cada fase podría revisarse mediante una matriz CORE. Esto permitiría comprobar no solo si una persona recibe un servicio, sino si dispone de capacidades, oportunidades, recursos y un entorno que hagan posible una participación real. La matriz también ayudaría a identificar desigualdades: quién puede volver, quién queda fuera, qué pueblos reciben recursos y qué barreras administrativas retrasan la recuperación.
Detección y continuidad de apoyos
Durante la evacuación y los primeros días, el objetivo sería identificar necesidades funcionales críticas. Un sistema breve de cribado podría registrar movilidad, autocuidado, comunicación, cognición, medicación, productos de apoyo, presencia de cuidador y continuidad de servicios. Las personas con mayor riesgo recibirían seguimiento prioritario.
La intervención debería coordinarse con servicios sociales, atención primaria, residencias, ayuda a domicilio y asociaciones. No bastaría con preguntar por diagnósticos. Dos personas con la misma enfermedad pueden necesitar apoyos muy diferentes.
Accesibilidad y funcionamiento en alojamientos temporales
Los terapeutas ocupacionales podrían revisar rutas de movilidad, baños, espacios de descanso, distribución de camas, privacidad y posibilidades de carga de equipos. También apoyarían transferencias, autocuidado, rutinas infantiles, regulación sensorial y organización de los cuidados.
Regreso seguro y reconstrucción de rutinas
Cuando el retorno sea autorizado, equipos móviles podrían valorar la funcionalidad del domicilio, recuperar productos de apoyo y coordinar el reinicio de servicios. Se priorizarían personas mayores solas, hogares con dependencia, discapacidad o enfermedad crónica y familias que hayan perdido apoyos.
Los objetivos serían concretos: volver a preparar comida, utilizar el baño, dormir con seguridad, manejar medicación, acceder al transporte, cuidar de otra persona o retomar una actividad educativa o laboral.
Recuperación comunitaria prolongada
La fase más larga debería integrar a la población en la identificación de prioridades. Podrían crearse mesas locales con ayuntamientos, vecinos, servicios sanitarios y sociales, educación, asociaciones, profesionales de salud mental y representantes de actividades económicas. La terapia ocupacional ayudaría a analizar qué ocupaciones colectivas se han perdido, cuáles continúan y qué barreras impiden recuperarlas.
Ocho acciones concretas que podrían incorporarse
- Mapear necesidades funcionales y apoyos críticos con consentimiento y actualización periódica.
- Crear planes individualizados de evacuación para personas con discapacidad o dependencia.
- Formar a profesionales y voluntariado en movilización, transferencias y apoyo a la autonomía.
- Revisar la accesibilidad funcional de alojamientos temporales.
- Establecer un circuito rápido para recuperar o sustituir productos de apoyo.
- Incluir a las personas cuidadoras en la valoración y ofrecer relevos y apoyo práctico.
- Incorporar objetivos de retorno educativo, laboral y comunitario a los planes de recuperación.
- Evaluar resultados en participación, autonomía, carga de cuidados y calidad de vida.
Límites profesionales y retos pendientes
Defender la presencia de terapia ocupacional no significa atribuirle todas las funciones. En una emergencia, la claridad de roles es una condición de seguridad. El terapeuta ocupacional no decide evacuaciones, no certifica edificios, no sustituye la atención médica, no realiza psicoterapia por el mero hecho de que exista malestar y no debe intervenir fuera de su competencia.
Su aportación específica se relaciona con el análisis de actividades, hábitos, roles, entornos y participación; la adaptación de tareas y espacios; la continuidad funcional; el apoyo a personas con discapacidad; la prevención de complicaciones derivadas de la inactividad o de apoyos inadecuados; y la reconstrucción de rutinas significativas. En salud mental puede ofrecer apoyo, educación y estrategias ocupacionales dentro de su formación, detectando cuándo es necesaria una derivación.
Las fuentes también plantean un reto para la propia profesión. La revisión sobre servicios no urbanos muestra un predominio de intervenciones individuales y poca presencia de estrategias comunitarias. Si la terapia ocupacional quiere contribuir a la recuperación rural, deberá ampliar su mirada sin abandonar la clínica. Eso exige aprender a trabajar con municipios, organizaciones, redes vecinales, economía local y políticas de acceso.
El segundo reto es investigar. Necesitamos estudios que describan con precisión qué hacen los terapeutas ocupacionales durante incendios, qué resultados obtienen, cómo se coordinan y qué intervenciones son seguras y eficaces. La falta de evidencia no debe utilizarse para inventar funciones, pero tampoco para ignorar necesidades claramente ocupacionales. Debe impulsarnos a diseñar, documentar y evaluar mejor.
Cuando el incendio termina, la vida cotidiana todavía necesita ser reconstruida
Los incendios de La Mierla y Selas obligan a mirar el territorio desde la urgencia. Durante esos días, la prioridad es contener el fuego, proteger a la población y seguir las indicaciones oficiales. Pero después aparece otra pregunta: ¿cómo se recupera la vida de quienes han tenido que marcharse, han perdido apoyos o han visto alterado el lugar que sostiene su identidad?
Las fuentes revisadas ofrecen una respuesta incompleta, pero coherente. La terapia ocupacional puede contribuir antes, durante y después del desastre. Puede ayudar a preparar evacuaciones accesibles, detectar necesidades funcionales, adaptar alojamientos, mantener productos de apoyo, reorganizar cuidados, recuperar rutinas y facilitar el retorno a actividades educativas, laborales y comunitarias.
La recuperación tampoco puede limitarse a la consulta individual. Un pueblo recupera salud cuando vuelve a desplazarse, reunirse, trabajar, cuidar, aprender, celebrar y tomar decisiones. El paisaje, la vivienda, el empleo y la pertenencia están entrelazados. Por eso, reconstruir una comunidad no consiste únicamente en devolverla al punto anterior, sino en crear condiciones para que pueda seguir viviendo con seguridad, participación y dignidad.
La terapia ocupacional no apaga incendios. Pero puede ayudar a que, después del fuego, las personas no tengan que reconstruir solas cada gesto de su vida cotidiana.
Repositorio de artículos y documento guía
Para consultar de forma conjunta la revisión sistemática y el repositorio documental utilizado como base de este trabajo, puede accederse al siguiente documento:
Revisión sistemática: terapia ocupacional, ruralidad e incendios forestales
Fuentes científicas revisadas
- American Occupational Therapy Association. The Role of Occupational Therapy in Disaster Preparedness, Response, and Recovery. American Journal of Occupational Therapy. 2011;65(Suppl. 6):S11–S21.
- Parente M, Tofani M, De Santis R, Esposito G, Santilli V, Galeoto G. The Role of the Occupational Therapist in Disaster Areas: Systematic Review. Occupational Therapy International. 2017;2017:6474761. https://doi.org/10.1155/2017/6474761
- Keevers L, Gough D, Cameron J, et al. Practices Supporting Community Recovery and Healing from Climate-Related Disasters: A Systematic Review. International Journal of Environmental Research and Public Health. 2024;21:795. https://doi.org/10.3390/ijerph21060795
- Moloney K, Vickery J, Hess J, Errett N. After the fire: A qualitative study of the role of long-term recovery organizations in addressing rural communities’ post-wildfire needs. Environmental Research: Health. 2023;1:021009. https://doi.org/10.1088/2752-5309/acd2f7
- Roots RK, Brown H, Bainbridge L, Li LC. Rural rehabilitation practice: perspectives of occupational therapists and physical therapists in British Columbia, Canada. Rural and Remote Health. 2014;14:2506. https://doi.org/10.22605/RRH2506
- Hayes K, Dos Santos V, Costigan M, Morante D. Profile of occupational therapy services in non-urban settings: A global scoping review. Australian Occupational Therapy Journal. 2023;70:119–141. https://doi.org/10.1111/1440-1630.12835
- Lara López A, Sánchez Rey C, González González J, Díaz Maldonado L, Corregidor Sánchez AI. Sobrecarga del cuidador en el ámbito rural, una intervención en Otero. TOG (A Coruña). 2018;15(28):211–224.
- Prieto-Bueno JM, Cantero-Garlito PA. Situación ocupacional y recursos sociales de las mujeres mayores en situación de dependencia atendidas por un servicio de ayuda a domicilio en el ámbito rural. Cadernos Brasileiros de Terapia Ocupacional. 2020;28(3):950–966. https://doi.org/10.4322/2526-8910.ctoAO1974
- Souto Gómez AI, Talavera Valverde MA, Moruno Miralles P. Los desastres naturales desde la perspectiva ocupacional. TOG (A Coruña). 2013;10(Supl. 8):75–80.
- Huppatz E, Pereira R, Whiteford G, George E. Social inclusion and occupational engagement in disaster recovery: an analysis of community-driven action using the CORE Approach. Cadernos Brasileiros de Terapia Ocupacional. 2026;34:e4179. https://doi.org/10.1590/2526-8910.cto422941792
- El Terapeuta Electrónico. Revisión sistemática: terapia ocupacional, ruralidad e incendios forestales. Documento guía y repositorio de artículos, julio de 2026. Consultar PDF.
Las propuestas aplicadas a Guadalajara son inferencias profesionales que deben adaptarse a la normativa y a los recursos del territorio.
