Octubre 2026 · Participation Matters

Este octubre no quiero volver a explicar qué es la Terapia Ocupacional. Quiero preguntarme algo más incómodo, más útil y quizá más necesario: hasta dónde puede llegar nuestra profesión si dejamos de pensarla únicamente desde los lugares en los que históricamente aprendimos a verla.

Cada octubre vuelve una escena conocida. Se acerca el 27, Día Mundial de la Terapia Ocupacional, y las redes se llenan de definiciones, infografías, campos de actuación, actividades de la vida diaria y frases que intentan resumir una profesión que, paradójicamente, cada año parece necesitar volver a presentarse. No hay nada esencialmente malo en ello. Explicar sigue siendo necesario. Seguimos siendo una profesión desconocida para buena parte de la población y, en demasiados contextos, también insuficientemente comprendida por otros profesionales y por quienes toman decisiones dentro de los sistemas sanitarios y sociales.

Pero hay algo que me inquieta. Mientras seguimos explicando una y otra vez qué somos, quizá estamos dedicando menos tiempo a preguntarnos qué estamos llegando a ser.

Esa diferencia no es pequeña.

Durante años hemos aprendido a dibujar un determinado mapa de la Terapia Ocupacional. Hospital, rehabilitación, residencia, centro de día, asociación, salud mental, colegio, atención temprana. Lugares imprescindibles, históricos, legítimos. Lugares en los que miles de terapeutas ocupacionales desarrollan diariamente un trabajo enorme. El problema nunca fue ese mapa. El problema aparece cuando empezamos a confundirlo con el territorio completo.

Como si la profesión terminara allí donde acaba la puerta de una sala de tratamiento.

Y la vida no ocurre de esa manera.

La vida ocurre en una cocina, en un autobús, en una oficina, en una vivienda que se ha vuelto demasiado estrecha, en un barrio sin bancos, en una aplicación móvil imposible de utilizar, en un colegio, en un supermercado, en un taller, en una empresa, en la casa de una madre mayor, en una plaza, en un ordenador, en un viaje, en una comida compartida. Ocurre en los espacios en los que una persona puede participar y también en aquellos en los que deja de poder hacerlo.

Si realmente creemos que la ocupación es nuestro centro, entonces nuestra geografía profesional no puede limitarse a los lugares donde tradicionalmente se presta rehabilitación.

La profesión no necesita inventarse de nuevo. Quizá necesita dejar de pensarse con un mapa tan pequeño.

Este año, además, la propia World Federation of Occupational Therapists ha elegido para el Día Mundial de la Terapia Ocupacional de 2026 el lema Participation Matters, “La participación importa”. No es un eslogan decorativo. WFOT lo formula poniendo el foco precisamente en el papel de las actividades cotidianas, los roles y las rutinas en la salud, el bienestar y la calidad de vida, y en los factores físicos, cognitivos, emocionales, ambientales y sociales que influyen en la posibilidad de implicarse en ocupaciones que una persona quiere, necesita o se espera que realice. (WFOT, 2026)

Ese matiz me parece fundamental porque obliga a una profesión como la nuestra a volver a mirar más allá de la función. La función importa. Claro que importa. Importa el equilibrio, el rango articular, la coordinación, la fuerza, la sensibilidad, el control postural, las capacidades cognitivas. Pero ninguna de esas variables existe aislada de una vida. Son relevantes porque permiten algo.

Puedes caminar quinientos metros y no poder ir a ningún sitio. Puedes tener una transferencia técnicamente correcta y una vivienda imposible. Puedes manejar perfectamente una silla eléctrica y no encontrar un solo itinerario accesible en tu barrio. Puedes vestirte de forma independiente y estar completamente solo. Puedes tener capacidad para trabajar y no encontrar un entorno laboral dispuesto a aceptar una adaptación mínima.

La función puede mejorar sin que la participación cambie. Y ahí aparece una de las tensiones más importantes para la Terapia Ocupacional contemporánea: si queremos seguir siendo relevantes, necesitamos aprender a medir, defender y transformar aquello que ocurre después de la función.

Llegar antes

Uno de los espacios que más claramente obliga a ampliar el mapa es la Atención Primaria. Me resulta difícil no pensar en cuántas veces la Terapia Ocupacional llega tarde. Después de la caída. Después de meses de baja. Después de que una familia se haya reorganizado hasta el agotamiento. Después de que una vivienda haya dejado de ser utilizable. Después de que el deterioro funcional se haya convertido en dependencia.

El potencial de intervenir antes no es una fantasía teórica. En Gales, por ejemplo, los roles de Terapia Ocupacional en General Practice han ido creciendo, y una investigación publicada en 2025 analizó precisamente cómo estos profesionales estaban evaluando sus resultados dentro del marco de la atención sanitaria basada en valor. El estudio encontró que los métodos de evaluación utilizados eran diversos e inconsistentes, y que la coste-efectividad era uno de los aspectos menos considerados. (Ingham, Cooper y Purcell, 2025)

Esto es interesante por dos razones. La primera es obvia: existen terapeutas ocupacionales trabajando en esos espacios. La segunda es más incómoda: ocupar nuevos lugares no será suficiente si no somos capaces de demostrar qué estamos aportando.

Y demostrar no significa reducir una vida humana a una cifra.

Significa ser capaces de hablar también el lenguaje de los sistemas.

¿Cuántas caídas hemos evitado? ¿Cuántas visitas innecesarias a urgencias? ¿Cuántas personas han podido mantenerse en su domicilio? ¿Cuántos cuidadores han recibido apoyo antes de llegar al límite? ¿Cuántas reincorporaciones laborales han sido posibles? ¿Cuántas intervenciones complejas podrían haberse evitado si alguien hubiera llegado antes?

A veces hablamos de “valor” como si fuera una palabra contaminada por la economía. No debería serlo. En salud, hablar de valor también puede significar defender intervenciones que mejoran la vida utilizando mejor los recursos disponibles.

Un ejemplo reciente: un análisis publicado en 2025 comparó visitas domiciliarias de Terapia Ocupacional realizadas mediante telehealth con visitas presenciales tras el alta hospitalaria. En 537 pacientes, el grupo telemático presentó un coste global un 34% menor para el sistema sanitario, aunque el propio estudio mostró que esa modalidad no era igualmente adecuada para todas las situaciones clínicas. Es decir: innovación, sí; simplificación, no. (Savira et al., 2025)

Este tipo de evidencia me interesa especialmente porque desplaza la conversación. Ya no estamos preguntando solamente si la Terapia Ocupacional “funciona”. Estamos preguntando cuándo, para quién, en qué contexto, con qué coste y con qué consecuencias.

Eso es madurez profesional.

La casa también es salud

Otro de los territorios que quiero explorar durante este mes es el aging in place. La expresión suele traducirse como envejecimiento en el lugar o envejecimiento en casa, pero en realidad contiene una idea mucho más amplia: la posibilidad de seguir viviendo en el propio hogar y en la propia comunidad durante el proceso de envejecimiento.

Y ahí la Terapia Ocupacional tiene muchísimo que decir.

No porque sepamos colocar una barra en un baño. Esa sería una reducción casi insultante del problema.

El aging in place habla de vivienda, pero también de barrio, transporte, tecnología, cuidados, movilidad, red social, capacidad económica, rutinas, identidad y pertenencia. Habla de la diferencia entre permanecer en una casa y poder seguir viviendo una vida dentro de ella.

Una revisión sistemática publicada en 2025 sobre modificaciones domiciliarias para favorecer el aging in place encontró beneficios relacionados con prevención de caídas, independencia funcional, calidad de vida y ahorro de costes en buena parte de los estudios incluidos. Pero también identificó lagunas importantes: participación social, sostenibilidad a largo plazo, personalización e integración de tecnología. (Cha, 2025)

Me interesa especialmente esa ausencia.

Porque a veces incluso la investigación sobre el hogar sigue observándolo principalmente como un espacio que debe ser seguro.

Y una casa puede ser segura y estar vacía de vida.

Para una profesión ocupacional, la pregunta no debería ser solamente si una persona puede entrar en el baño sin caerse. También deberíamos preguntarnos si puede invitar a alguien a casa, cocinar, cuidar de sus plantas, seguir utilizando su dormitorio, salir al barrio, relacionarse con sus vecinos o mantener aquellas rutinas que hacen que ese lugar continúe siendo su hogar.

Esa diferencia es enorme.

Ortopedia: cuando el producto deja de ser un objeto

En mi caso, esta ampliación del mapa toca directamente mi práctica profesional. Trabajo en el sector de la ortopedia y, probablemente por eso, me cuesta cada vez más aceptar la idea de que los productos de apoyo sean simples objetos que se prescriben, se entregan y se olvidan.

Una silla de ruedas nunca es solamente una silla de ruedas. Una ortesis nunca es únicamente una pieza de material termoplástico. Un respaldo no es simplemente un respaldo. Una grúa no es una grúa.

Son elementos que se insertan dentro de una vida.

Y cuando se insertan mal, esa vida también puede complicarse.

En ortopedia trabajamos en un lugar incómodo y fascinante: entre clínica, técnica, industria, financiación, logística y vida cotidiana. Entre lo ideal y lo financiable. Entre lo que existe y lo que llega. Entre un catálogo y una familia. Entre una especificación técnica y una necesidad concreta.

Ese lugar puede parecer poco “ocupacional” si pensamos la profesión únicamente desde un modelo clásico. Pero si pensamos en desempeño, entorno, movilidad, acceso, autonomía y participación, entonces ocurre justo lo contrario.

La pregunta deja de ser “¿qué producto necesita esta persona?” y empieza a ser “¿qué necesita seguir haciendo y qué solución puede realmente incorporarse a su vida?”.

En octubre quiero hablar también de mis compañeros terapeutas ocupacionales que trabajan en ortopedia. De quienes pasan horas ajustando algo que probablemente nunca aparecerá en un artículo científico. De quienes negocian entre una receta administrativa y una necesidad real. De quienes hablan con fabricantes, familias, médicos, fisioterapeutas, colegios y talleres. De quienes trabajan dentro de una empresa y siguen intentando mantener una mirada centrada en la participación.

También ahí hay Terapia Ocupacional.

La profesión fuera de la clínica

Y quizá esta sea una de las cuestiones que más quiero reivindicar durante este mes: salir de la clínica no significa necesariamente salir de la Terapia Ocupacional.

Podemos trabajar en empresas, tecnología, consultoría, diseño de servicios, investigación, formación, desarrollo de producto, accesibilidad o gestión. Podemos trabajar con equipos comerciales, ingenieros, arquitectos, economistas o responsables de recursos humanos.

La pregunta importante no debería ser si el lugar parece suficientemente sanitario.

Debería ser qué problema estamos intentando comprender y desde qué mirada lo hacemos.

Una empresa puede necesitar a un terapeuta ocupacional para mucho más que revisar ergonomía. Puede necesitar comprender por qué una persona no consigue volver a su puesto después de una enfermedad, cómo adaptar una organización a trabajadores con discapacidad, cómo diseñar procesos más inclusivos o cómo responder al envejecimiento de su plantilla.

Una empresa tecnológica puede necesitar profesionales capaces de entender cómo una interfaz, un dispositivo o un servicio se integran realmente en la vida cotidiana de alguien.

Una aseguradora puede necesitar profesionales que comprendan funcionamiento, entorno, retorno laboral y necesidades de apoyo.

Una administración puede necesitar a alguien capaz de entender que el acceso a una vivienda, a un transporte o a un producto de apoyo no es únicamente un problema administrativo.

Quizá el mayor riesgo no sea ampliar demasiado la profesión.

Quizá sea reducirla demasiado.

La Terapia Ocupacional no debería querer estar en todas partes. Pero sí debería estar allí donde la participación empieza a romperse.

No quiero una profesión moderna si deja de ser social

También quiero dejar algo claro desde el principio. Hablar de innovación, empresa, costes, tecnología o nuevos roles puede resultar atractivo. Puede sonar a futuro. Puede incluso sonar a una Terapia Ocupacional más prestigiosa.

Pero no me interesa una profesión que amplíe su territorio a costa de perder su centro.

No quiero una Terapia Ocupacional fascinada por la tecnología pero incapaz de hablar de desigualdad.

No quiero una Terapia Ocupacional capaz de calcular ahorros pero incapaz de preguntarse quién queda fuera.

No quiero una Terapia Ocupacional empresarial que olvide que muchas de las barreras más importantes no son individuales, sino económicas, ambientales y sociales.

No quiero sustituir un mapa pequeño por uno grande pero vacío.

Porque si existe una idea que debería acompañarnos durante todo este mes es que la ocupación nunca ocurre en el vacío.

Ocurre dentro de condiciones materiales. Dentro de viviendas. Dentro de relaciones. Dentro de barrios. Dentro de sistemas sanitarios y sociales. Dentro de políticas. Dentro de contextos económicos. Dentro de oportunidades que no están distribuidas por igual.

La participación importa, sí.

Pero precisamente por eso también importa preguntarnos quién puede participar, quién no y por qué.

Octubre como laboratorio

Quiero utilizar este mes como una especie de laboratorio editorial.

Hablaremos de Atención Primaria. De aging in place. De vivienda. De ciudad. De costes. De valor. De empresa. De ortopedia. De tecnología de apoyo. De profesionales que trabajan fuera de los lugares donde tradicionalmente esperamos encontrarlos.

Intentaremos mirar qué se está haciendo fuera de España, sobre todo en contextos europeos, norteamericanos y australianos, no para importarlo de manera acrítica, sino para preguntarnos qué posibilidades estamos dejando fuera de nuestra conversación.

Habrá ciencia.

Habrá teoría.

Pero también habrá contradicciones.

Porque cualquier reflexión interesante sobre el futuro de la Terapia Ocupacional debe incluir algo más que entusiasmo.

¿Cómo demostramos nuestro impacto? ¿Qué resultados deberíamos medir? ¿Hasta dónde llega nuestra competencia profesional? ¿Qué formación necesitamos? ¿Qué sucede cuando trabajamos dentro de empresas cuyo objetivo también es vender? ¿Cómo equilibramos innovación y equidad? ¿Qué lugar ocupa la justicia ocupacional cuando hablamos de eficiencia? ¿Qué ocurre cuando una tecnología fantástica existe pero una persona no puede pagarla? ¿Qué valor tiene una adaptación si el barrio sigue siendo inaccesible?

Esas preguntas me interesan mucho más que construir una imagen triunfalista de la profesión.

No creo que necesitemos decir que podemos hacerlo todo.

Necesitamos entender mejor dónde podemos aportar algo que realmente importe.

Quizá por eso este octubre no quiero volver a empezar preguntando qué es la Terapia Ocupacional.

Prefiero empezar con otra pregunta.

¿Hasta dónde puede llegar sin dejar de ser ella misma?

La respuesta, sospecho, no estará en una lista de áreas de intervención.

Estará en nuestra capacidad para seguir mirando ocupación, contexto, posibilidad, justicia y participación allí donde la vida realmente ocurre.

Nos enseñaron un mapa demasiado pequeño.

Este mes quiero intentar abrirlo.

Bienvenidos a octubre.

Referencias y lecturas de partida

  • World Federation of Occupational Therapists. World Occupational Therapy Day 2026: Participation Matters. Ver fuente
  • Ingham L, Cooper A, Purcell C. Primary care occupational therapist’s methods of outcome evaluation: Do they align to value-based healthcare? British Journal of Occupational Therapy, 2025. Leer artículo
  • Cha SM. A Systematic Review of Home Modifications for Aging in Place in Older Adults. Healthcare, 2025. Leer artículo
  • Savira F, Robinson S, Grant R, et al. Telehealth versus in-person delivery of an occupational therapy home visiting service: A cost analysis. Australian Occupational Therapy Journal, 2025. Leer artículo

por Pedro Loarte - El terapeuta electrónico

Pedro Loarte es terapeuta ocupacional especializado en sedestación, movilidad, ortopedia y productos de apoyo. Desde El Terapeuta Electrónico comparte razonamiento clínico, recursos profesionales y reflexiones sobre la relación entre ocupación, autonomía y vida cotidiana.

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