Luis Garra Palud, Profesor de Terapia Ocupacional UCLM

El Maestro que nos Enseñó a Sentir: Un Tributo a Luis Garra Palud

Hoy la Terapia Ocupacional despide a una mente brillante, a un psicólogo excepcional y al profesor que nos enseñó que la verdadera vocación reside en la humanidad más pura.

¡Hola amig@s, soy Pedro, El Terapeuta Electrónico! Hoy nuestro espacio se vuelve íntimo, reflexivo y profundamente humano. Hoy nos hemos despertado con la triste noticia del fallecimiento de Luis Garra Palud, profesor y psicólogo en el grado de Terapia Ocupacional de la Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad de Castilla-La Mancha (UCLM) en Talavera de la Reina. Este artículo es una carta abierta, un recuerdo imborrable y un aplauso al cielo para él.

Un Personaje Fascinante en las Aulas de Talavera

Luis fue uno de esos profesores que, al cruzar la puerta del aula, parecía más bien un personaje sacado de una película de ciencia ficción o de unos mundos fantásticos. Era una persona peculiar, dueña de un magnetismo que hoy en día parece casi extinguido en el mundo académico. Era un tipo alto, encorvado, con un look que perfectamente podría haber salido de alguna película norteamericana de los 80.

Siempre llevaba la misma indumentaria, o como él mismo decía con su inconfundible ironía: «cambio con cada estación, si me acuerdo». Físicamente era una contradicción magnética: llevaba el pelo largo y era calvo a la vez. Esa estampa, lejos de ser un simple detalle estético, era su carta de presentación: la de una persona brillante, libre de complejos y profundamente auténtica.

Todo este torrente de personalidad lo recibíamos los terapeutas ocupacionales de infinidad de promociones que hemos pasado por Talavera de la Reina. Él no se limitaba a leer un temario; nos enseñaba su particular forma de ver el mundo, nos sumergía en las profundidades de la psicología y, sobre todo, moldeaba nuestra visión de la profesión para la que nos estábamos preparando.

Mover las Orejas: La Lección Magistral

Con él aprendí muchísimo, pero si hay algo de lo que habla todo el mundo, el verdadero nexo de unión entre todas las generaciones de sus alumnos, es su mítica clase sobre la conciencia corporal y la atención.

El Reto de la Conciencia: ¿Cuántas generaciones de terapeutas ocupacionales hemos probado, con los ojos cerrados en plena clase, si éramos capaces de mover las orejas durante una de sus meditaciones guiadas? ¿Cuántos se han sorprendido al «apretar el culo» por primera vez y descubrir, en directo, que su suelo pélvico era algo más que una leyenda moderna?

Luis era un hombre con un aspecto que a veces rozaba lo medieval, pero con una visión de futuro deslumbrante. Esa clase no era un simple juego; era una puerta de entrada para entender que el cuerpo y la mente están conectados de maneras que a menudo ignoramos. Nos enseñó a habitar nuestro propio cuerpo para poder entender, el día de mañana, el cuerpo y el sufrimiento de otras personas. Era un mundo que, sin duda, sería mucho mejor si hubiéramos sido un poco más como él.

El Despacho de las Puertas Abiertas

Más allá del aula, el verdadero impacto de Luis residía en las distancias cortas. Recuerdo con especial cariño las largas charlas en su despacho. Incluso cuando ya no era docente en activo de nuestra promoción, seguía propiciando esos encuentros, siempre que alguien lo necesitaba. Su puerta siempre estaba abierta.

Acudir a él era llevarte un saco lleno de técnicas para la vida, consejos invaluables y una tertulia fascinante. Todo transcurría a medio camino entre un humor inteligentísimo, su inquebrantable vocación por la educación y desde la humanidad más limpia y transparente que te puedas imaginar. No te hablaba desde el púlpito del catedrático intocable, te hablaba de tú a tú, desde el respeto más absoluto.

Teatralidad, Reivindicación y Camisetas de Heavy Metal

Luis era, en el fondo, un actor reivindicativo. Era un hombre profundamente teatral y comprometido hasta la médula por las causas que creía nobles. Pero su activismo nunca era hostil; siempre partía desde el respeto, utilizando la teatralización de las situaciones cotidianas para dejarte una enseñanza.

El Día a Día con Luis: Si tenías un día malo, cruzarte con él era una cura automática. Luis siempre tenía una sonrisa dispuesta a desarmar cualquier preocupación académica o personal.

Le recuerdo vivamente con su jersey naranja o su camisa a rayas de verano, caminando hacia la universidad por la emblemática Ronda del Cañillo. Cuando me veía llegar, yo ya sabía perfectamente lo que me esperaba: me echaría la bronca (con esa ironía tan suya) por ir en coche y contaminar el medio ambiente, o me lanzaría algún comentario mordaz por llevar una camiseta de heavy metal o de alguna serie que, según sus palabras, terminaría por «sorberme el seso». Eran pequeñas reprimendas llenas de cariño que demostraban que, para él, no éramos números en una lista, éramos personas a las que observaba y conocía.

Un Legado Inmortal en sus Alumnos

Han pasado ya 13 años desde que terminé la carrera y 17 años desde aquel primer día en que le conocí. Las cosas cambian, la vida avanza a una velocidad de vértigo, pero aún le guardo un recuerdo extraordinariamente especial. Siempre, en las épocas malas, en los momentos de duda, me acuerdo de lo que aprendí de él.

Creo firmemente que no hay nada mejor, ni mayor recompensa para un docente, que el hecho de que un maestro quede instaurado para siempre en el recuerdo de su alumno cuando ya terminó su trabajo. Su labor no terminaba al entregar las actas de notas; su labor continuaba germinando en la forma en que todos nosotros nos enfrentamos a la vida y a nuestra profesión.

Que la tierra te sea leve, Luis

Mil gracias por todo. Y cuando digo gracias, lo digo en nombre de todos. Gracias por tus rarezas, por tu sonrisa infinita, por enseñarnos a mover las orejas y por recordarnos que la esencia de la terapia y de la vida misma, radica en la conciencia y en el ser humano.

Se despide, El Terapeuta Electronico, actualización completada.

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