Espiritualidad sin religión: lo que el papa Francisco nos enseñó a los que acompañamos el dolor.

Hoy, 21 de abril, ha muerto el Papa Francisco. Y aunque no creo en Dios, sí creo que él ha sido lo mejor que le ha pasado a la Iglesia en este siglo. Desde una posición laica, profesional, técnica y profundamente humana, quiero aprovechar este acontecimiento para pensar en cómo su figura y su mensaje pueden ayudarnos a mirar con otros ojos la discapacidad, la pobreza, las luchas del sur y, sobre todo, el lugar que ocupa la espiritualidad en la práctica cotidiana de la Terapia Ocupacional.

Francisco no fue solo el líder de una institución milenaria. Fue un testimonio viviente de que la espiritualidad no necesita dogmas, sino presencia. No necesita uniformidad, sino escucha. No necesita imponerse, sino ofrecer refugio. Su papado ha sido una invitación a volver a mirar el mundo desde los márgenes, desde los cuerpos heridos, desde lo que muchas veces en nuestra profesión llamamos «participación limitada» o «restricción en el desempeño ocupacional».

En estas líneas quiero explorar el entrelazamiento entre su legado y nuestro quehacer profesional. Y lo hago desde un lugar que también está en los bordes: el de quien no cree en Dios, pero cree en el valor de lo espiritual cuando se trata de vivir con dignidad.

La espiritualidad en Terapia Ocupacional

En el Marco de Trabajo de la AOTA (American Occupational Therapy Association), la espiritualidad se considera un «factor del cliente» fundamental. No es una ocupación en sí misma, pero influye transversalmente en todas las demás. La espiritualidad, definida como «una forma profundamente personal de experimentar el significado, el propósito y la conexión con uno mismo, los demás, la naturaleza y/o lo trascendente», es clave para entender cómo y por qué una persona realiza determinadas actividades.

Como terapeutas ocupacionales, no nos corresponde adoctrinar ni guiar la fe de nuestros pacientes. Pero sí nos corresponde reconocer cuándo una ocupación tiene un valor simbólico, espiritual o existencial. Para algunas personas, rezar o meditar es una actividad significativa. Para otras, cuidar de un nieto, cocinar un plato heredado o visitar una tumba tiene una dimensión trascendente. En todos esos casos, el abordaje terapéutico debe contemplar y respetar esa vivencia.

La espiritualidad es, en definitiva, una dimensión humana que atraviesa todas las edades, culturas y condiciones. En contextos de discapacidad, enfermedad, duelo o crisis vital, puede convertirse en una fuente de fuerza, de sentido o, al menos, de consuelo.

Francisco y la dignidad de los cuerpos vulnerables

Una de las claves del pontificado de Francisco ha sido su defensa incondicional de la dignidad humana, especialmente en los cuerpos vulnerables. Él habló reiteradamente de «la cultura del descarte»: una forma de organización social que descarta a quienes no producen, no consumen, no se ajustan al modelo de eficiencia. La cultura del descarte es, desde una mirada ocupacional, la negación de la participación significativa.

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Los gestos de Francisco han sido tan potentes como sus discursos. Lavó los pies a personas sin hogar, a presos, a personas con discapacidad. Besó las llagas de enfermos. Permitió que se acercaran a él personas que, tradicionalmente, no eran visibilizadas por la Iglesia. En una ocasión, abrazó a un hombre con neurofibromatosis en la Plaza de San Pedro, y aquella imagen recorrió el mundo como ejemplo de humanización del dolor.

Desde la Terapia Ocupacional, trabajamos cada día con cuerpos vulnerables. Adaptamos, acompañamos, damos herramientas para que esa vulnerabilidad no se traduzca en exclusión. En ese sentido, el mensaje de Francisco nos interpela. Nos recuerda que no basta con asistir técnicamente: hay que estar, hay que mirar, hay que acoger.

La mirada al sur y la justicia ocupacional

Francisco llegó al Vaticano desde Buenos Aires. Fue el primer papa latinoamericano. Y eso se notó desde el primer día. Su acento, su mirada, sus prioridades eran otras. No hablaba desde los pasillos dorados del poder, sino desde las villas miseria, desde los hospitales sin recursos, desde las parroquias de barrio.

Su papado puso en el centro la «mirada al sur»: una forma de entender el mundo desde los que menos tienen, desde los que están fuera del relato dominante. Habló de justicia social, de trabajo digno, de acceso a la salud, de migraciones, de crisis climática. Todos esos temas son también temas de la Terapia Ocupacional.

El concepto de «justicia ocupacional» surge precisamente de esa intersección. Habla de la necesidad de que todas las personas, sin importar su origen, discapacidad, clase social o situación legal, tengan acceso a ocupaciones significativas. Francisco, sin usar ese término, habló de lo mismo: de que cada persona tiene derecho a trabajar, a descansar, a jugar, a amar. Es decir, a vivir con dignidad.

Espiritualidad sin religión: sentido, vínculo y ocupación

Una de las paradojas de esta entrada es que parte desde la admiración por una figura religiosa, aunque no sea creyente. Pero es precisamente ahí donde se juega algo importante: la posibilidad de una espiritualidad laica, inclusiva, no dogmática.

Muchos pacientes con los que trabajamos no tienen una fe concreta, pero necesitan encontrar sentido. Necesitan reconstruir su historia tras un ictus, una amputación, un diagnóstico de enfermedad degenerativa. Necesitan volver a ocupar un lugar en el mundo, no solo funcional, sino simbólico. Y ahí, la Terapia Ocupacional puede ser el puente.

La ocupación humana (como acción significativa) es también un lugar espiritual. Cocinar para otros puede ser una forma de amor. Escribir una carta puede ser una forma de duelo. Tocar un instrumento puede ser una forma de oración. Cuidar de una planta puede ser una forma de resistir la tristeza. Acompañar a alguien en su última etapa de vida puede ser una forma de fe.

Francisco habló muchas veces del acompañar sin juzgar. De estar presente sin imponer. De escuchar antes que hablar. Esa es también la tarea del terapeuta ocupacional cuando trabaja con personas que transitan momentos de crisis existencial.

Lo que Francisco ha significado

A lo largo de mi carrera como terapeuta ocupacional y técnico ortopeda, he visto muchas formas de dolor y muchas formas de esperanza. He trabajado con niños que aprendían a caminar con productos de apoyo. Con personas mayores que redescubrían el valor de sentarse sin dolor. Con mujeres que, tras un cáncer de mama, volvían a mirarse al espejo gracias a una prótesis bien ajustada.

En todos esos casos, la dimensión espiritual aparecía. No necesariamente como religión, pero sí como deseo de sentido. Como necesidad de ser vistos, nombrados, respetados. Y muchas veces, en los momentos más difíciles, surgía el nombre de Francisco. «Ese papa sí entiende». «Ese hombre sí se acerca a los pobres». «Ese sí mira a los enfermos como personas».

Yo también lo sentí así. Francisco, sin conocerme, sin saber de la Terapia Ocupacional, fue un referente ético. Un recordatorio de que nuestra profesión no trata solo de ejercicios y ayudas técnicas, sino de humanizar lo cotidiano. De que cada intervención tiene que tener en cuenta el alma, aunque no creamos en ella.

Conclusión

Francisco ha muerto. Pero su legado sigue vivo en quienes intentamos cada día trabajar con dignidad, mirar con respeto y acompañar sin imponer. Su figura nos recuerda que la espiritualidad puede ser una forma de estar en el mundo. Que puede habitar también en lo técnico, en lo pequeño, en lo cotidiano.

Como terapeuta ocupacional, agradezco su mirada hacia los cuerpos vulnerables, hacia las periferias, hacia los descartados. Como persona, agradezco su coherencia, su humildad, su capacidad de escuchar.

No creo en Dios, pero creo que Francisco ha sido lo mejor que le ha pasado a la Iglesia en este siglo. Y creo también que su ejemplo puede inspirar una Terapia Ocupacional más comprometida, más espiritual y, sobre todo, más humana.

Cuando el pan duro se convierte en esperanza: lecciones ocupacionales con sabor a canela

Karlos Arguiñano

El pan duro no se tira: se resignifica

No es un secreto que los terapeutas ocupacionales tenemos cierta obsesión con la palabra significativo. Nos pasamos media vida hablando de actividades con sentido, de la importancia del hacer, del valor que tiene encender una radio, pelar una naranja o levantar la persiana. Pues bien: ¿cómo no íbamos a hablar de las torrijas?

Las torrijas son una especie de milagro cotidiano. Un acto humilde y glorioso a la vez: coger pan duro (símbolo universal de lo que ya no sirve) y devolverlo a la vida con leche, huevo, fuego y paciencia. Si esto no es una intervención terapéutica, que baje Florence Clark y lo vea. Porque no hablamos solo de cocinar, sino de intervenir sobre lo que fue útil y ahora está “caducado”, reinsertándolo en una experiencia cargada de sentido. En otras palabras, transformar lo descartable en algo que merece un altar.

Torrijas clásicas

Eso, en esencia, es también la Terapia Ocupacional: dignificar, adaptar, resignificar. Tomar la pérdida de una rutina y devolverle estructura; tomar la limitación de una mano y convertirla en un recurso; tomar el duelo y convertirlo en memoria. Y si la herramienta es la canela y no la plastilina, pues bienvenidas sean las especias.

Torrijas, tiempo y tacto

Cuando una persona prepara torrijas, entra en una dinámica rítmica, casi meditativa. Mojar el pan. Escurrir con cuidado. Pasar por huevo. Freír. Azucarar. Esa repetición estructurada, lejos de ser banal, tiene un enorme valor terapéutico: activa patrones motores, estimula la concentración, regula el sistema nervioso.

En un mundo que nos arrastra por la productividad sin alma, las torrijas nos devuelven al tiempo lento. El tiempo del cuidado, de la espera, del “a fuego medio”. Y ahí está el secreto: en el fuego medio. Ni quemado ni crudo. Ese equilibrio térmico se parece mucho a lo que buscamos en terapia: que la vida no sea ni agobio ni abandono, sino un término medio que se pueda saborear sin quemarse la lengua.

Memoria y miel

En Semana Santa, muchas personas mayores reviven sus recuerdos a través de los sentidos: el olor del anís, la textura del pan mojado, el crepitar de la sartén. Todo eso activa circuitos dormidos. Lo que no puede evocar una foto lo puede hacer una cucharada de torrija caliente.

Y aquí entra una de nuestras herramientas favoritas: la reminiscencia. Porque no se trata solo de recordar por recordar, sino de usar el recuerdo para reconstruir la identidad, reconectar con roles perdidos y fortalecer el sentido de continuidad. “Mi madre las hacía así”, “yo ayudaba a mi tía en la cocina”, “las vendíamos en el bar del pueblo”… Esos relatos surgen mientras se cocina. Y cuando uno habla de sí mientras hace, entonces está sanando. Porque la palabra y la acción, cuando van de la mano, curan más que cualquier crema.

Ocupaciones que pesan más que el incienso

Durante la Semana Santa, muchas personas se enfrentan a lo sagrado desde la procesión, el recogimiento o el ayuno. Pero otras lo hacen desde la cocina, la sobremesa o el silencio compartido en casa. Y en ambos casos, la ocupación es el puente.

La Veronica. Procesión del Santo Entierro. Talavera de la Reina

La torrija es una ocupación espiritual. Sí, como lo lees. No porque se rece al freírla (aunque hay quien lo hace), sino porque conecta con la trascendencia desde lo doméstico. Habla de la muerte (del pan), de la transformación (la leche y el fuego) y de la esperanza (el azúcar al final). Habla de cómo aceptar lo que ha sido y permitir que vuelva a ser.

Cuando en Terapia Ocupacional hablamos de espiritualidad no nos referimos a rezos, sino al sentido profundo que una persona encuentra en su hacer. A veces ese sentido está en cuidar a un nieto; otras, en colocar con mimo las torrijas en una bandeja y saber que ese gesto sostiene la tradición familiar. Hay semanas que se enfrentan con incienso, y otras, con cáscara de limón.

La vida también se digiere

Después de hacer torrijas, viene la segunda parte de la experiencia: comerlas. Pero no se trata solo de tragar calorías. Se trata de celebrar el proceso, de compartir lo hecho, de asumir que lo dulce también necesita un tiempo de digestión. Como el duelo, como la nostalgia.

Santo sepulcro. Procesión del santo entierro. Talavera de la Reina.

La Semana Santa tiene mucho de eso: de digerir lo que se ha perdido, de saborear lo que queda, de aceptar que no todo volverá igual pero sí puede transformarse. Y la cocina se convierte entonces en un laboratorio emocional. Las personas que no pueden ya asistir a una procesión, que no entienden bien el porqué del luto, sí entienden una torrija. Porque el cuerpo recuerda incluso cuando la mente se nubla. Porque hay ocupaciones que no necesitan ser comprendidas para ser sentidas.

Lo que enseñan las torrijas sobre la vida, la muerte y la rehabilitación

Quizás la metáfora sea evidente, pero no por ello menos potente: en terapia ocupacional, como en las torrijas, trabajamos con lo que la vida nos da. A veces el pan está fresco y todo fluye. Pero otras veces está duro, reseco, casi olvidado en el fondo del cajón. Y ahí entramos nosotros: a remojar, a reblandecer, a dar calor, a sacar lo mejor de lo que parecía acabado.

El proceso es lento, a veces incómodo. Se te manchan las manos, se te rompe la rebanada, se te quema una tanda. Y sí, también hay días en que no apetece seguir. Pero cuando una persona recupera el gusto por lo pequeño —por el ritual, por la repetición, por lo suyo— entonces aparece la ocupación significativa. Y eso, queridos, vale más que todos los planes individualizados de intervención del mundo.

Ingredientes de unas torrijas

Y si no salen bien, se mojan más

Porque esto también hay que decirlo: a veces las torrijas no salen bien. Se pasan, se rompen, se enfrían. Como en terapia. A veces el plan no funciona, la persona se frustra, el entorno no acompaña. Pero eso no significa que haya que tirar el pan. A lo mejor solo hay que dejarlo reposar un poco más. Mojarlo más tiempo. Cambiar la receta.

La flexibilidad es clave. En la cocina y en la vida. Y si al final las torrijas no se parecen a las de tu madre, no pasa nada. Son tuyas. Las hiciste tú. Eso también es sanador.

Low cost en terapia ocupacional: ¿Un apoyo accesible o una amenaza oculta?

En el ámbito de la terapia ocupacional y la ortopedia, el acceso a dispositivos terapéuticos y ortopédicos juega un papel vital en la mejora de la calidad de vida de los pacientes. Sin embargo, en los últimos años, ha emergido una práctica que está generando controversia: el uso de dispositivos low cost adquiridos en plataformas como AliExpress o Shein, muchos de los cuales no cumplen con la normativa europea ni cuentan con certificación MDR (Medical Device Regulation). Si bien el argumento económico detrás de esta tendencia puede parecer legítimo, desde el interior del mundo de la ortopedia sabemos que cumplir con los estándares normativos no es un capricho comercial, sino un pilar fundamental de la ética profesional.

El marco normativo en la ortopedia: más que un formalismo

En ortopedia, las normativas no son una mera burocracia; son un sistema cuidadosamente diseñado para garantizar que los dispositivos sean seguros, eficaces y apropiados para cada usuario. La MDR, por ejemplo, establece requisitos estrictos de calidad, evaluación clínica y trazabilidad que deben cumplirse antes de que un producto pueda ser comercializado. Ignorar estas normativas al recurrir a productos de bajo coste sin certificación pone en riesgo tanto al paciente como al profesional.

Como terapeutas ocupacionales que trabajamos en este ámbito, enfrentamos un equilibrio desafiante: por un lado, buscamos que los tratamientos sean accesibles para nuestros pacientes; por otro, sabemos que cualquier decisión que comprometa la seguridad o la calidad puede tener consecuencias graves. A veces, se nos olvida lo crucial que es mantenernos dentro de este marco normativo, especialmente cuando estamos bajo presión para ofrecer soluciones rápidas y económicas.

¿Por qué son esenciales estas normativas?

  1. Seguridad del paciente: Los dispositivos ortopédicos y terapéuticos están diseñados para interactuar directamente con el cuerpo humano, a menudo en estados vulnerables de salud. Cualquier fallo en diseño o fabricación puede tener consecuencias negativas, desde lesiones hasta complicaciones médicas graves.
  2. Eficiencia del tratamiento: Un dispositivo no certificado puede no cumplir con las expectativas terapéuticas, lo que podría retrasar el progreso del paciente o incluso empeorar su condición.
  3. Responsabilidad profesional: Los terapeutas ocupacionales que recurren a dispositivos no regulados podrían enfrentarse a problemas legales si estos causan daño al paciente. Más importante aún, comprometen la ética profesional que sustenta la práctica de la terapia ocupacional.

El malentendido sobre los intereses comerciales

Desde fuera, cumplir con estas normativas podría parecer un intento de «vender más productos» o de favorecer a grandes empresas fabricantes. Sin embargo, los terapeutas ocupacionales que trabajamos en ortopedia sabemos que estas normas no son una estrategia de mercado, sino una defensa de la salud y el bienestar del paciente. No se trata de promocionar dispositivos caros por interés comercial, sino de garantizar que cada herramienta utilizada en tratamiento tenga un respaldo científico y clínico sólido.

Ventajas de los dispositivos de bajo coste

En un contexto donde los presupuestos personales y públicos son cada vez más ajustados, los dispositivos de bajo coste presentan ciertas ventajas innegables:

  1. Accesibilidad económica: Los dispositivos low cost permiten que familias con limitaciones económicas accedan a herramientas terapéuticas que de otro modo serían inaccesibles. Esto, en teoría, podría democratizar el acceso a la terapia ocupacional.
  2. Innovación y variedad: Las plataformas como AliExpress y Shein ofrecen una amplia gama de productos que, aunque no son dispositivos médicos oficiales, pueden inspirar adaptaciones creativas en ciertos contextos terapéuticos.
  3. Velocidad de adquisición: Con envíos rápidos y procesos simplificados, estas plataformas agilizan la adquisición de productos.

No obstante, estas ventajas palidecen frente a los riesgos asociados, especialmente cuando se trata de la salud y el bienestar de los pacientes.

Peligros inherentes al uso de dispositivos no regulados

El uso de dispositivos no regulados entraña riesgos que deben ser evaluados críticamente:

  1. Falta de seguridad: La ausencia de certificaciones como la MDR significa que estos dispositivos no han sido sometidos a pruebas rigurosas de calidad y seguridad. Pueden causar daños físicos, empeorar condiciones preexistentes o ser completamente ineficaces.
  2. Responsabilidad profesional: Los terapeutas ocupacionales tienen el deber ético de garantizar que las herramientas que emplean cumplen con los estándares de calidad. Utilizar dispositivos de plataformas de bajo coste pone en peligro la credibilidad de la profesión y podría tener consecuencias legales.
  3. Impacto en la confianza del paciente: Cuando un paciente se enfrenta a problemas derivados del uso de dispositivos defectuosos, se genera desconfianza hacia el terapeuta y, por extensión, hacia toda la profesión.

Una crítica a los argumentos de accesibilidad económica

Es comprensible que muchos profesionales argumenten que no todos los pacientes pueden permitirse dispositivos de alta gama. Sin embargo, este razonamiento oculta un dilema ético central: ¿debemos comprometer la seguridad en nombre de la accesibilidad? Comparémoslo con el uso de medicamentos. ¿Se justificaría la compra de medicamentos de dudosa procedencia, sólo porque son más baratos? La respuesta probablemente sea un rotundo no. De la misma forma, la terapia ocupacional requiere herramientas cuya seguridad y eficacia estén garantizadas.

¿Por qué recurrir a plataformas como AliExpress y Shein?

El auge de estas plataformas en el ámbito de la terapia ocupacional refleja, en parte, una falta de recursos en muchos sistemas de salud. Sin embargo, esto no exime a los profesionales de su responsabilidad de buscar soluciones éticas y seguras. Antes de recurrir a herramientas de bajo coste, sería más apropiado explorar opciones alternativas:

  1. Subvenciones y programas públicos: Muchas entidades gubernamentales y organizaciones sin ánimo de lucro ofrecen ayudas para adquirir dispositivos médicos regulados.
  2. Rediseño de terapias: En lugar de depender de dispositivos, los terapeutas pueden adaptar ejercicios y técnicas que no requieran herramientas costosas.
  3. Colaboraciones con empresas: Negociar con fabricantes para obtener dispositivos a menor coste sin comprometer la calidad.

El impacto a largo plazo

El uso de dispositivos no regulados no sólo afecta al paciente en el corto plazo, sino que también tiene implicaciones a largo plazo para la profesión. Si los terapeutas ocupacionales continúan recurriendo a estas herramientas, se corre el riesgo de erosionar los estándares de la práctica. Además, la percepción pública de la profesión podría verse dañada, afectando tanto la confianza como el respeto hacia los terapeutas.

Reflexiones finales

La accesibilidad económica es un objetivo legítimo y necesario en terapia ocupacional, pero no debe alcanzarse a costa de la seguridad ni de la ética profesional. Los dispositivos de bajo coste, aunque atractivos por su precio, representan un peligro significativo cuando se utilizan sin regulaciones adecuadas. Como profesionales, los terapeutas ocupacionales tienen la responsabilidad de cuestionar estas prácticas y buscar soluciones que garanticen la calidad del cuidado. La salud y el bienestar de los pacientes deben ser siempre la prioridad, incluso cuando ello suponga un desafío financiero.

La Inteligencia Artificial: Una Herramienta Transformadora en el Día a Día Profesional 🌟

El avance de la tecnología nos ha traído herramientas fascinantes, como ChatGPT, Copilot, Gemini, y otras IA revolucionarias. En el ámbito profesional, estas herramientas tienen el poder de convertirse en aliadas indispensables, capaces de potenciar nuestra eficiencia, creatividad y capacidad de innovación. Pero también es necesario reflexionar sobre su impacto y uso responsable.

En esta entrada, exploraremos cómo la inteligencia artificial puede enriquecer nuestra práctica profesional, los límites éticos que debemos considerar, y cómo evitar caer en una postura de rechazo excesivo que obstaculice el progreso. 🚀

¿Qué puede aportar la IA a los profesionales de salud y educación?

1. Acceso a información y recursos

Herramientas de IA como Copilot pueden ayudarte a buscar información relevante en segundos. Como terapeuta ocupacional, por ejemplo, podrías consultar bases de datos sobre investigaciones actuales para mejorar tu práctica clínica, generar ideas para sesiones terapéuticas o incluso analizar tendencias en ortopedia. 📚

2. Optimización de tareas rutinarias

¿Quién no ha pasado horas organizando horarios, redactando documentos o preparando contenido para un blog? Con IA, puedes delegar tareas repetitivas para concentrarte en lo que realmente importa: la calidad del cuidado y el aprendizaje de tus pacientes. ✍️

3. Creatividad sin límites

Imagina combinar tu experiencia profesional con las ideas que puede generar una IA. Ya sea diseñando contenido educativo para pacientes o creando estrategias terapéuticas nuevas, la IA puede ser la chispa creativa que estabas buscando. 💡

Los límites necesarios: Ética y sostenibilidad

Aunque el entusiasmo por la IA es comprensible, debemos abordar ciertos desafíos que trae consigo. El uso ilimitado y desenfrenado puede conducir a problemas éticos y medioambientales, pero esto no significa que debamos rechazar la tecnología en su totalidad.

Impacto ambiental 🌍

El uso de IA requiere grandes cantidades de energía, lo que inevitablemente tiene un impacto ambiental. Sin embargo, muchas actividades humanas tradicionales, como la ganadería intensiva, generan aún más contaminación y perjuicio ecológico. ¿Qué hacemos entonces? En lugar de evitar la IA por completo, debemos buscar formas sostenibles de implementarla: tecnologías más limpias, algoritmos optimizados y educación sobre el impacto de nuestras elecciones.

Privacidad y datos personales 🔒

Otro tema crucial es el manejo responsable de los datos personales en herramientas de IA. Como profesionales, debemos estar atentos a las políticas de privacidad y seguridad de estas plataformas para proteger tanto nuestra información como la de nuestros pacientes.

El equilibrio humano-tecnológico 🤝

Un riesgo es depender excesivamente de estas herramientas, descuidando habilidades humanas como el juicio crítico, la empatía y la creatividad innata. Es importante recordar que la IA debe complementar nuestras capacidades, no reemplazarlas.

El progreso y la doble vara: Reflexión sobre la crítica excesiva

En ocasiones, la tecnología como la inteligencia artificial es víctima del snobismo o crítica desmedida. Mientras algunos señalan el impacto ambiental de la IA, ignoran que otras prácticas cotidianas generan mayores problemas ecológicos. Este doble estándar es una invitación para reflexionar sobre nuestro enfoque hacia el progreso.

El progreso tecnológico nos ha llevado lejos: desde la medicina moderna hasta la comunicación instantánea global. Es justo cuestionar su impacto, pero no debemos rechazarlo a ciegas. Adoptar una perspectiva equilibrada es clave para avanzar sin perder nuestras raíces culturales, intelectuales y éticas. 🌟

Un llamado a la acción: ¿Cómo usar la IA de manera creativa y responsable?

  1. Infórmate constantemente: Aprende sobre cómo funcionan estas herramientas, sus beneficios y sus limitaciones.
  2. Sé ético: Usa IA para el bien, respetando la privacidad y considerando su impacto ambiental.
  3. Complementa, no sustituyas: Deja que la IA te apoye, pero no pierdas tu esencia profesional ni tu creatividad humana.
  4. Promueve el diálogo: Ayuda a educar a otros sobre cómo usar la IA de forma equilibrada y enriquecedora.

¡El progreso está en nuestras manos! 💪🌱

Conclusión

La inteligencia artificial no es ni un enemigo ni una solución mágica; es una herramienta poderosa que requiere un uso consciente y creativo. Como profesionales, tenemos la responsabilidad de integrar estas tecnologías en nuestras vidas de manera que contribuyan a la cultura, la educación y la inteligencia colectiva.

El futuro está aquí, y nosotros tenemos el poder de decidir cómo darle forma. ¿Cómo vas a usar la IA en tu día a día profesional? 🚀🤔

De las trincheras a la independencia: Terapia Ocupacional, Prótesis y rehabilitación tras la guerra

El impacto de las Guerras Mundiales en la terapia ocupacional fue profundo y transformador, dejando un legado duradero en la manera en que se entiende y aplica la rehabilitación física y vocacional hoy en día. La magnitud de estos conflictos exigió respuestas sin precedentes para atender a miles de soldados que regresaban con lesiones graves, muchas veces permanentes, impulsando un desarrollo acelerado en las prácticas terapéuticas, así como en la creación de tecnologías y ayudas técnicas.

Durante la Primera Guerra Mundial (1914-1918), se produjo una cantidad alarmante de heridos, con amputaciones, fracturas, lesiones craneales y condiciones psiquiátricas nunca antes vistas en tal magnitud. Este panorama impulsó la necesidad urgente de terapias efectivas para restaurar la capacidad funcional de los soldados y facilitar su reincorporación a la vida civil y laboral. Fue entonces cuando la Terapia Ocupacional emergió como una disciplina clave, ofreciendo un enfoque holístico y funcional centrado en el uso terapéutico de actividades significativas para promover la recuperación física y emocional.

La demanda creciente de atención especializada generó la creación de programas de formación acelerados para terapeutas ocupacionales, especialmente en Estados Unidos, Canadá y Reino Unido. Profesionales como Eleanor Clarke Slagle, William Rush Dunton y Thomas Bissell Kidner jugaron roles fundamentales en la capacitación y desarrollo de técnicas específicas para la rehabilitación vocacional y física. Slagle, por ejemplo, implementó programas estructurados de formación en hábitos y rutinas para soldados con traumas psiquiátricos, reconociendo que una ocupación regular podía restaurar la estabilidad emocional y social.

Thomas Kidner se destacó particularmente en el ámbito de la rehabilitación vocacional durante la Primera Guerra Mundial. En Canadá, Kidner dirigió programas que enfatizaban la necesidad de mantener las habilidades laborales y evitar que los soldados lesionados cayeran en la inactividad. Sus iniciativas en adaptación de puestos de trabajo y orientación vocacional fueron pioneras en lo que hoy conocemos como ergonomía y diseño universal.

La Segunda Guerra Mundial (1939-1945) intensificó aún más estas tendencias, debido a una cifra aún más alta de soldados con discapacidad física y psicológica. La innovación médica y tecnológica adquirió un ritmo acelerado, impulsada por las necesidades críticas generadas por la guerra. Durante este período, se observó una evolución importante en la fabricación de prótesis y órtesis, herramientas fundamentales que permitían la recuperación de la funcionalidad perdida. El avance en el uso de materiales más ligeros y resistentes facilitó prótesis más cómodas y efectivas, permitiendo a los soldados heridos recuperar una mayor autonomía en sus actividades diarias.

Las guerras también impulsaron innovaciones en ayudas técnicas y dispositivos asistenciales, orientados a mejorar la independencia funcional de las personas. Ejemplos incluyen utensilios adaptados para la alimentación y vestimenta, equipos para movilidad personal y modificaciones arquitectónicas para facilitar el acceso en hogares y espacios públicos. Estos desarrollos sentaron bases importantes para la accesibilidad universal, reconociendo por primera vez la necesidad de adaptar el entorno a las capacidades diversas de las personas.

Los avances médicos durante la Segunda Guerra Mundial, particularmente en el manejo de infecciones y tratamientos quirúrgicos más efectivos, aumentaron significativamente la supervivencia de los soldados heridos, generando así un mayor número de personas que requerían atención rehabilitadora a largo plazo. Este fenómeno estimuló el crecimiento y especialización de la medicina física y rehabilitadora, disciplinas que trabajaron en estrecha colaboración con la Terapia Ocupacional.

La creación de centros especializados en rehabilitación durante y después de la Segunda Guerra Mundial fue otro avance crucial. Instituciones como el Walter Reed Army Medical Center en Estados Unidos y el Stoke Mandeville Hospital en Reino Unido se convirtieron en referentes internacionales en la atención integral del soldado lesionado. Estos centros ofrecían tratamientos multidisciplinarios que combinaban fisioterapia, terapia ocupacional, logopedia y psicología, sentando las bases para el modelo interdisciplinar que prevalece hoy en día.

Además, el desarrollo de la rehabilitación vocacional adquirió una relevancia significativa durante el período de posguerra, con legislaciones específicas como el Vocational Rehabilitation Act en Estados Unidos, que promovía el retorno laboral de los veteranos discapacitados mediante capacitación, educación y adaptación de empleos. Este enfoque no solo beneficiaba a los soldados individualmente, sino que respondía también a una necesidad social y económica de reincorporar a miles de veteranos a la vida productiva.

El impacto psicológico de la guerra, especialmente visible en los casos de «neurosis de guerra» o trastorno por estrés postraumático, también influyó en el desarrollo de la Terapia Ocupacional en el ámbito psiquiátrico. La ocupación terapéutica se reveló como una herramienta eficaz para ayudar a los soldados a gestionar el trauma emocional, facilitando una recuperación integral y una transición más suave hacia la vida civil. Actividades artísticas, artesanales y laborales se emplearon extensivamente para reducir los síntomas de ansiedad, depresión y aislamiento social asociados al trauma bélico.

La influencia de estos conflictos mundiales continúa presente en la práctica contemporánea de la Terapia Ocupacional, manifestándose en la amplia gama de intervenciones disponibles hoy. El énfasis en el uso terapéutico de actividades significativas, la importancia de la rehabilitación vocacional y la creación de prótesis y ayudas técnicas son solo algunos ejemplos del legado duradero de las guerras en esta profesión esencial de la salud.

En definitiva, el impacto de las Guerras Mundiales no solo transformó la práctica clínica y tecnológica, sino que también consolidó a la Terapia Ocupacional como una disciplina imprescindible para la rehabilitación integral y la independencia funcional, beneficiando a millones de personas en todo el mundo.

De cadenas a rutinas: Pinel, Tuke y el nacimiento del Tratamiento Moral

La Terapia Ocupacional, aunque formalmente fundada en 1917, tiene sus raíces profundas en el Tratamiento Moral, un movimiento revolucionario en la atención a las enfermedades mentales surgido entre los siglos XVIII y XIX. Este enfoque innovador se distinguió claramente de las prácticas brutales y deshumanizadoras que caracterizaban a los tratamientos previos, ofreciendo una nueva perspectiva basada en la dignidad humana, el trato compasivo y el poder terapéutico de la ocupación significativa.

A finales del siglo XVIII, Europa era testigo de condiciones extremadamente precarias en hospitales y asilos. Las enfermedades mentales se consideraban manifestaciones de demonios internos, castigos divinos o estados incurables que ameritaban el aislamiento social. Los individuos con trastornos mentales eran tratados más como prisioneros que como pacientes: encadenados, aislados y sometidos a prácticas inhumanas. En este oscuro contexto emergieron líderes humanitarios que cambiaron radicalmente el paradigma del tratamiento de la salud mental, entre ellos destacan notablemente Philippe Pinel en Francia y William Tuke en Inglaterra.

Philippe Pinel (1745-1826), médico francés considerado uno de los padres de la psiquiatría moderna, es ampliamente reconocido por su acción valiente y simbólica en la famosa liberación de los pacientes encadenados del Hospital Bicêtre de París en 1793. Pinel desafió las ideas prevalentes y arriesgó su reputación para introducir un tratamiento que reconocía la humanidad esencial de los pacientes con trastornos mentales. El acto de quitar las cadenas no fue solo físico, sino también profundamente simbólico, representando un cambio radical hacia el trato humano y digno de las personas afectadas por trastornos mentales.

Las ideas de Pinel se fundamentaron en la creencia de que la enfermedad mental tenía causas naturales y podría tratarse a través de métodos humanos y científicos. En lugar de violencia o aislamiento, Pinel introdujo un sistema basado en rutinas estructuradas, ejercicio físico moderado, actividades laborales y recreativas, enfatizando la importancia de restaurar un orden moral y físico en la vida de los pacientes. Creía firmemente que al recuperar rutinas cotidianas y significativas, los pacientes podrían también recuperar la salud mental y emocional.

En Inglaterra, William Tuke (1732-1822), comerciante y filántropo cuáquero, complementó y amplió estas ideas con la fundación del York Retreat en 1796. La experiencia personal de Tuke con la muerte de un miembro de su comunidad cuáquera en un asilo público debido a malos tratos impulsó su deseo de crear un entorno terapéutico radicalmente diferente. El York Retreat ofrecía un ambiente doméstico y acogedor, enfocado en la tranquilidad, el respeto y la dignidad, sin las prácticas crueles de los asilos tradicionales. Este espacio pionero fue crucial en el desarrollo del Tratamiento Moral en el mundo anglosajón.

Tuke promovió el concepto revolucionario de que las personas con enfermedades mentales no solo merecían respeto, sino que podían beneficiarse enormemente del trabajo estructurado, actividades productivas y relaciones interpersonales positivas. Este modelo terapéutico introdujo el uso extensivo de la ocupación como método central de tratamiento, estableciendo rutinas diarias que incluían jardinería, agricultura, artesanía y otras actividades significativas. El énfasis en la ocupación era doblemente efectivo: ayudaba a recuperar habilidades prácticas y mejoraba la autoestima y el sentido de pertenencia de los pacientes.

La filosofía del Tratamiento Moral se sustentaba en varios principios clave que siguen resonando en la Terapia Ocupacional contemporánea. Primero, se reconocía que la ocupación tenía un valor terapéutico intrínseco al brindar estructura, sentido y propósito a la vida de los pacientes. Segundo, se promovía la integración social y comunitaria, destacando que la recuperación mental estaba estrechamente vinculada con las relaciones humanas saludables. Y tercero, se enfatizaba un tratamiento humanitario que priorizaba la dignidad y el respeto por el individuo.

El trabajo de Pinel y Tuke se difundió rápidamente por Europa y Norteamérica durante el siglo XIX, estableciendo una base firme sobre la cual se construiría la futura profesión de la Terapia Ocupacional. En Estados Unidos, figuras como Benjamin Rush adoptaron y promovieron activamente estas ideas, facilitando su incorporación en la práctica médica y social. Sin embargo, el avance de la industrialización y cambios socioeconómicos posteriores a la Guerra Civil Americana hicieron que el Tratamiento Moral perdiera gradualmente su lugar prominente hacia finales del siglo XIX.

No obstante, su legado perduró en las prácticas emergentes que condujeron a la creación formal de la Terapia Ocupacional en 1917. Los principios fundamentales del Tratamiento Moral, especialmente la importancia de las rutinas significativas, el respeto hacia la dignidad humana y el uso terapéutico de la actividad ocupacional, se integraron plenamente en la nueva profesión, definiendo su enfoque y alcance terapéutico.

Hoy, más de dos siglos después, la visión pionera de Pinel y Tuke sigue siendo relevante y esencial en la práctica clínica contemporánea. La Terapia Ocupacional continúa utilizando el poder transformador de la ocupación significativa para facilitar la recuperación, mejorar la calidad de vida y restaurar la autonomía y dignidad a individuos con diversas condiciones físicas y mentales.

Explorar estos orígenes filosóficos e históricos nos permite apreciar profundamente los valores fundamentales sobre los que se sostiene la Terapia Ocupacional moderna, reafirmando la relevancia constante del respeto humano y la dignidad como ejes centrales en cualquier intervención terapéutica.

Entre guerras y artesanías: La gestación de la Terapia Ocupacional

La terapia ocupacional (TO) tiene sus raíces en un conjunto diverso de prácticas históricas y sociales, surgidas principalmente en Europa y Norteamérica entre los siglos XVIII y XX. Su nacimiento oficial como profesión ocurre en Estados Unidos en 1917, aunque sus orígenes filosóficos y prácticos se remontan al movimiento conocido como «Tratamiento Moral», que tuvo lugar en Europa a finales del siglo XVIII y principios del XIX.

El Tratamiento Moral y sus Influencias El Tratamiento Moral surge en un contexto histórico en que la enfermedad mental se consideraba una posesión demoníaca o un castigo divino. La transformación liderada por Philippe Pinel en Francia y William Tuke en Inglaterra marcó un cambio fundamental en la atención a personas con trastornos mentales, eliminando las cadenas físicas y apostando por métodos humanitarios basados en el trabajo, la rutina y el orden moral como terapias efectivas. Este tratamiento partía de la idea de que la ocupación estructurada y significativa podría restaurar la salud mental y moral del paciente.

La influencia de este movimiento llegó a Estados Unidos, donde se institucionalizó en las prácticas médicas psiquiátricas y sociales. A mediados del siglo XIX, sin embargo, el Tratamiento Moral comenzó a declinar debido a cambios sociales y económicos tras la Guerra Civil norteamericana.

Nacimiento Oficial de la Terapia Ocupacional en EE.UU. En 1917, en Clifton Springs, Nueva York, se funda oficialmente «The National Society for the Promotion of Occupational Therapy» (Sociedad Nacional para la Promoción de la Terapia Ocupacional). Los pioneros, incluyendo a George Edward Barton, William Rush Dunton Jr., Eleanor Clarke Slagle, Susan Cox Johnson, Thomas Bissell Kidner e Isabel G. Newton, representaban una amalgama de influencias culturales y filosóficas, entre las cuales destacaban:

  • Movimiento de Artes y Oficios: Este movimiento reaccionó contra la industrialización excesiva, enfatizando la dignidad del trabajo manual y su potencial terapéutico, proponiendo que la ocupación artesanal promovía no solo la salud física sino también mental.
  • Movimiento Settlement House: Con un enfoque social, estas casas comunitarias promovieron programas educativos y ocupacionales para integrar a inmigrantes y personas vulnerables, contribuyendo al desarrollo de métodos educativos y terapéuticos ocupacionales.
  • Filosofía pragmática de John Dewey: Introdujo el concepto de «aprender haciendo», enfatizando la importancia de la experiencia práctica como medio para adquirir habilidades útiles para la vida diaria y profesional.

Impacto de las Guerras Mundiales Ambas Guerras Mundiales tuvieron una influencia determinante en la evolución de la TO, especialmente en la Primera Guerra Mundial, cuando la disciplina tomó un rol activo en la rehabilitación de soldados heridos. Este contexto exigió a la terapia ocupacional adaptarse rápidamente a las necesidades de rehabilitación física y vocacional, estableciendo bases para la terapia ocupacional moderna, incluyendo el diseño de prótesis y ayudas técnicas para la independencia funcional.

La Terapia Ocupacional en España En España, la terapia ocupacional se establece formalmente más tarde, en la década de 1960, inicialmente vinculada a la rehabilitación física y psiquiátrica, y tomando gradualmente más fuerza con influencias internacionales, especialmente norteamericanas y británicas. Desde entonces, la TO ha ido consolidándose progresivamente, expandiendo sus ámbitos hacia la geriatría, pediatría, discapacidad intelectual, salud mental comunitaria, entre otros.

Concepto Original y Evolución Posterior La conceptualización original de la terapia ocupacional no fue homogénea, sino que incorporó múltiples perspectivas sobre el valor y uso terapéutico de la ocupación, incluyendo la recuperación funcional, la educación en hábitos saludables y el desarrollo de destrezas específicas. Con el paso del tiempo y debido a influencias del modelo médico dominante después de la Segunda Guerra Mundial, la TO experimentó una transformación hacia enfoques más científicos y específicos orientados a la recuperación y mejora funcional, técnica y biomecánica.

En resumen, la terapia ocupacional, desde sus orígenes históricos hasta hoy, se ha constituido como una profesión que entiende la ocupación humana no solo como actividad terapéutica, sino como medio para la restauración y mantenimiento de la autonomía y dignidad humana, adaptándose continuamente a los cambios sociales y científicos.

De historias y ocupaciones: el legado del puente romano en Talavera.

El alma de Talavera y su puente: un nexo que trasciende generaciones

El día 23 de marzo quedará marcado en la memoria de los talaveranos como el día en que el puente de Santa Catalina, o el puente romano, dejó de existir como lo conocíamos. Su colapso no es solo el desplome de una infraestructura; es el eco de un adiós colectivo a un símbolo que nos unía a través del tiempo. Desde sus sólidas piedras, guardó las historias y ocupaciones de quienes nacimos y crecimos en esta ciudad bañada por el Tajo.

El puente era más que una vía de paso; era un testigo silencioso del palpitar diario de Talavera. Fue cruzado por generaciones de talaveranos en sus rutinas diarias, sueños y momentos decisivos. Las familias paseaban al atardecer con el puente como fondo, las procesiones lo cruzaban con devoción, y los mercados resonaban en sus cercanías. Este lugar, impregnado de historia, era un lugar de encuentro entre nuestra identidad como pueblo y nuestra conexión con el entorno.

Además de su papel para los ciudadanos, el puente romano adquirió una dimensión especial para los terapeutas ocupacionales de toda España que estudiaron en Talavera. Ser sede de una de las primeras escuelas de esta profesión no fue casualidad: la ciudad ofrecía un entorno propicio, cargado de contexto cultural e historia, que resonaba con los valores que buscamos como profesionales. Cruzar el puente era casi un rito de paso, un gesto cotidiano que simbolizaba el vínculo entre nuestras raíces humanas y los principios que estudiábamos: la importancia del entorno en el desempeño humano.

Sin embargo, este evento trasciende el ámbito profesional. Para quienes han caminado, vivido y estudiado por Talavera, el sentimiento talaverano es algo que se lleva muy dentro, incluso lejos de la ciudad. La pérdida del puente de Santa Catalina nos duele porque era un trozo del alma de Talavera, un recordatorio de todo lo que somos y lo que compartimos, tanto quienes hemos emigrado como quienes permanecen.

Hoy, el río Tajo corre con una fuerza distinta, llevándose consigo un fragmento de nuestra historia, pero dejándonos también la tarea de recordar y reconstruir. Porque aunque el puente haya caído, el espíritu de Talavera persiste en cada uno de sus hijos, quienes, como tú y como yo, mantenemos viva la esencia de nuestro hogar dondequiera que estemos.

Talavera no es solo un lugar, es un sentimiento, y su historia sigue escribiéndose en cada uno de nosotros.

El entorno como catalizador del desempeño ocupacional

Los entornos y los contextos ocupacionales moldean las vivencias y acciones de las personas. El puente romano no solo era una infraestructura útil, era un espacio que albergaba recuerdos y conexiones. Para quienes cruzaban de la Ronda del Cañillo a los Sifones, cada paso traía consigo un diálogo con el pasado, con los ritmos diarios de la ciudad y con las interacciones humanas que definen nuestro sentido de pertenencia. Es en estos espacios significativos donde se desarrollan las ocupaciones humanas: desde el paseo relajado hasta el cruce apresurado camino al trabajo o estudio.

Un entorno como el puente romano fomentaba el compromiso ocupacional. Su presencia no era solo una parte del paisaje, sino un elemento activo en las trayectorias ocupacionales de los talaveranos. Representaba accesibilidad, conexión y oportunidad, pilares fundamentales del desempeño ocupacional.

Historia y contexto como pilares de identidad

Para quienes estudiaron, vivieron y crecieron en Talavera, el puente romano es más que piedra y estructura. Es un símbolo de la continuidad, del arraigo cultural y del diálogo entre generaciones. Cada persona que cruzó el puente no solo lo hacía físicamente; también, en cada paso, hilaba su propia historia con las de otros que compartieron el mismo acto.

Desde la perspectiva de la terapia ocupacional, los espacios como el puente romano de Santa Catalina permiten desarrollar ocupaciones que construyen identidad y sentido. Cruzarlo de un lado al otro integraba la rutina con la historia, reforzando una conexión entre el lugar y el individuo. Esa conexión, ahora interrumpida, provoca una ruptura simbólica y emocional para quienes lo tenían como un ícono de su vida cotidiana.

La pérdida y el impacto en la comunidad.

La desaparición de este entorno representa una pérdida tanto ocupacional como emocional. Implica una interrupción en los patrones ocupacionales de quienes lo usaban, pero también afecta los recuerdos y la narrativa colectiva de Talavera. Este evento refuerza la importancia de los entornos en la salud y bienestar humanos, destacando la necesidad de preservar y cuidar los espacios que sirven de vínculo entre las personas y su historia.

En definitiva, para quienes sienten el peso de esta pérdida, el puente romano era más que un simple lugar: era una pieza central de sus ocupaciones, sus historias y su identidad. La caída de este símbolo recuerda la importancia de los entornos que definen quiénes somos y cómo vivimos, llevándonos a reflexionar sobre la relación íntima que tenemos con los contextos que nos rodean.

Rutinas ocupacionales vs. rutinas capitalistas

¡Estoy de vuelta! 🌟

Después de 8 años de pausa, he decidido retomar El Terapeuta Electrónico. Ha sido un viaje lleno de aprendizajes, motivaciones personales y profesionales, y, sobre todo, de reflexiones profundas sobre lo que significa 16 años dedicados a esta maravillosa profesión: la Terapia Ocupacional.

El video que me inspiro a volver, es de mis queridos Sastre y Maldonado. A veces, las palabras adecuadas en el momento justo tienen el poder de sacudirnos y de recordarnos por qué hacemos lo que hacemos.

Mi intención con este blog sigue siendo la misma: reflexionar sobre la experiencia, conectar con otros profesionales y contribuir a este increíble campo que tanto amo.

La terapia ocupacional, como disciplina, tiene un enfoque central en promover el bienestar humano mediante la participación significativa en actividades ocupacionales. Este principio se basa en la idea de que las actividades cotidianas no solo satisfacen necesidades básicas, sino que también otorgan identidad, propósito y un sentido de pertenencia al individuo

Sin embargo, en el contexto de una sociedad moldeada por el capitalismo, las rutinas ocupacionales frecuentemente se ven influenciadas por las demandas del mercado, la producción y el consumo. Esto genera una ambivalencia notable entre el propósito inherente de las actividades ocupacionales y la presión de alinearse con los valores de eficiencia y productividad propios del capitalismo.

Rutinas ocupacionales vs. rutinas capitalistas Por un lado, las rutinas ocupacionales son entendidas como aquellas que permiten el desarrollo personal, la conexión con otros y el disfrute de la vida. Incluyen actividades como practicar deportes, disfrutar de hobbies, cocinar con creatividad y dedicar tiempo a la familia. Por otro lado, las rutinas impulsadas por el capitalismo tienden a priorizar metas como la acumulación de capital, el cumplimiento de plazos laborales y el consumo constante. Muchas veces, estas rutinas convierten el trabajo y el ocio en medios para mantener el sistema económico, relegando el bienestar emocional y físico a un segundo plano.

Impacto en la terapia ocupacional La ambivalencia entre estas dos perspectivas presenta desafíos para los terapeutas ocupacionales. En muchos casos, las personas que buscan terapia pueden estar atrapadas en un ciclo de rutinas capitalistas que las alejan de actividades significativas. Por ejemplo, un individuo que dedica largas horas al trabajo puede experimentar estrés crónico y desconexión emocional, afectando su calidad de vida.

Los terapeutas ocupacionales deben equilibrar la realidad de vivir en un sistema económico capitalista con la necesidad de promover prácticas ocupacionales que empoderen y enriquezcan la vida del individuo. Esto puede incluir fomentar actividades que prioricen el crecimiento personal o redescubrir placeres simples como la jardinería, la meditación o el arte.

Una mirada crítica al sistema La terapia ocupacional también puede actuar como un espacio crítico desde donde cuestionar las normas sociales impuestas. Promueve conversaciones sobre cómo las demandas económicas moldean nuestras elecciones de vida y cómo estas pueden ser modificadas para abrazar un modelo más equilibrado, que priorice tanto la economía como el bienestar humano.

En conclusión, la terapia ocupacional tiene un papel crucial en mediar la ambivalencia entre rutinas ocupacionales y capitalistas. Su meta no es solo ayudar a las personas a funcionar dentro del sistema existente, sino también animarlas a redefinir sus rutinas de manera que reflejen sus valores personales y fomenten un bienestar integral. ¿Qué opinas sobre esta intersección entre economía y bienestar humano?