Marco de Trabajo en Terapia Ocupacional, 4.ª edición (OTPF‑4)

Introducción

El Occupational Therapy Practice Framework: Domain & Process (OTPF‑4), publicado por la American Occupational Therapy Association (AOTA) en agosto de 2020, constituye la cuarta redación del documento que define de manera oficial el campo de acción y el proceso profesional de la terapia ocupacional (TO) en Norteamérica y, por extensión, en buena parte del mundo. En cerca de 200 páginas, el OTPF‑4 provee un lenguaje estructurado —compartido entre clínicos, investigadores, docentes y estudiantes— que describe las dimensiones de la práctica, los pasos del razonamiento clínico y los resultados esperados. Su relevancia trasciende la geografía estadounidense porque ofrece un esquema coherente que facilita la comunicación interprofesional y se alinea con marcos globales como la Clasificación Internacional del Funcionamiento, la Discapacidad y la Salud (CIF).


1. Génesis y evolución del Framework

La génesis del OTPF se remonta a 1996 con la publicación de la Uniform Terminology for Occupational Therapy, 3rd Edition, un intento de estandarizar la nomenclatura de la profesión. Aquella terminología evolucionó rápidamente hacia el Occupational Therapy Practice Framework (2002), reeditado en 2008 (OTPF‑2) y 2014 (OTPF‑3). Cada nueva versión ha respondido a cambios sociales, avances científicos y necesidades emergentes: la inclusión explícita de la justicia ocupacional, la expansión de la práctica a entornos virtuales, la integración de poblaciones colectivas —grupos y comunidades— y la atención a diversidad cultural y lingüística. El OTPF‑4 cristaliza dichas transformaciones, extendiendo la definición de ocupación, revisando los contextos y refinando ejemplos para reflejar realidades contemporáneas: teletrabajo, plataformas de ocio digital, identidades de género diversas y crisis sanitarias globales.


2. Estructura general del OTPF‑4

El documento se organiza en dos grandes secciones: Dominio y Proceso. El Dominio clarifica qué abarca la TO; el Proceso describe cómo se lleva a cabo la práctica. Ambos componentes son inseparables: el dominio otorga sustancia al proceso y el proceso da vida al dominio.

2.1. El Dominio

El Dominio incluye cinco categorías interrelacionadas:

  1. Ocupaciones
  2. Factores del cliente
  3. Destrezas de desempeño
  4. Patrones de desempeño
  5. Contextos

Estas categorías forman un sistema dinámico; el cambio en cualquiera de ellas reverbera sobre las demás, afectando participación y salud. Esta visión sistémica es coherente con teorías contemporáneas como el Modelo de Ocupación Humana (MOHO) y el Modelo PEO.

2.2. El Proceso

El Proceso consta de tres fases no lineales:

  1. Valoración (Evaluation)
  2. Intervención (Intervention)
  3. Resultados (Outcomes)

Cada fase se sustenta en el razonamiento clínico, la teoría y la evidencia, y exige la colaboración continua entre terapeuta y cliente. El proceso se repite cíclicamente, ya que los resultados informan nuevas valoraciones y ajustes de intervención.


3. Desglose del Dominio

3.1. Ocupaciones

El OTPF‑4 define ocho categorías de ocupación:

  1. Actividades de la vida diaria (AVD): cuidado personal, higiene, vestirse.
  2. Actividades instrumentales de la vida diaria (AIVD): manejo del hogar, finanzas, cuidado de otros.
  3. Descanso y sueño.
  4. Educación.
  5. Trabajo.
  6. Juego.
  7. Ocio.
  8. Participación social.

Novedades: se han ampliado ejemplos dentro de cada categoría para reflejar realidades digitales (p.ej., videojuegos en línea como juego, teletrabajo dentro de trabajo) y diversidades culturales. Además, el marco enfatiza que las ocupaciones se analizan no solo por su forma (actividad) sino por su significado, contexto, secuencia y co‑ocupación.

3.2. Factores del cliente

Engloban:

  • Valores, creencias y espiritualidad: reconocen la pluralidad cultural y religiosa.
  • Funciones corporales: aspectos fisiológicos y psicológicos (p.ej., memoria, movilidad articular).
  • Estructuras corporales: anatomía relevante.

El OTPF‑4 clarifica que estos factores son recursos o limitaciones que influyen en la participación pero no definen a la persona; por ello deben considerarse junto con contexto y significado.

3.3. Destrezas de desempeño

Se dividen en tres grupos:

  • Destrezas motoras: estabilizar, alcanzar, manipular.
  • Destrezas de procesamiento: elegir, organizar, adaptar.
  • Destrezas sociales: iniciar, preguntar, agradecer.

Una novedad es la reordenación de ejemplos para alinearlos con herramientas de evaluación estandarizadas, favoreciendo la coherencia en documentación.

3.4. Patrones de desempeño

Incluyen:

  • Hábitos (automáticos, específicos).
  • Rutinas (secuencias estructuradas).
  • Roles (conjuntos de comportamientos esperados).
  • Rituales (acciones simbólicas con identidad cultural o espiritual).
    La cuarta edición refuerza la descripción de rituales digitales y sociales emergentes (p.ej., videollamadas familiares dominicales).

3.5. Contextos

Antiguamente llamados contexto y entorno, ahora se dividen en contextos (ambientales y personales) y se sub‑categorizan como físicos, sociales, culturales, personales, temporales y —por primera vez— virtuales. Se reconocen rápidamente los escenarios híbridos donde la ocupación sucede: aulas virtuales, redes sociales, comunidades de videojuegos. Este reconocimiento legitima intervenciones que abordan barreras de usabilidad digital o fatiga de Zoom, expandiendo la práctica a la ergonomía virtual.


4. Desglose del Proceso

4.1. Valoración (Evaluation)

  • Obtención del historial ocupacional: incluye prioridades, patrones y metas.
  • Análisis del desempeño ocupacional: observación, medidas estandarizadas y pruebas específicas.
  • Síntesis: identificar barreras y facilitadores.

El OTPF‑4 insiste en la colaboración activa con el cliente, la familia y otros profesionales desde la primera entrevista para garantizar una visión holística y culturalmente pertinente.

4.2. Intervención

Se divide en plan, implementación y revisión. Las intervenciones se agrupan en:

  1. Intervenciones basadas en ocupación.
  2. Intervenciones dirigidas a la actividad y al ejercicio.
  3. Entrenamiento y educación.
  4. Apoyo y coaching.
  5. Modificación del entorno y la ocupación.
  6. Preparación (p.ej., modalidades físicas).
  7. Abogacía y política.

En OTPF‑4 se ha expandido la categoría de intervenciones grupales y poblacionales para incluir campañas de salud pública, desarrollo comunitario y asesoría institucional.

4.3. Resultados (Outcomes)

El marco destaca doce tipos de resultado, entre ellos: participación, bienestar, salud ocupacional, rol social, prevención, justicia ocupacional y adaptación. La novedad es la definición más precisa de calidad de vida y la inserción de ejemplos de medición (p.ej., WHOQOL‑BREF), fomentando documentación basada en evidencia.


5. Principales novedades del OTPF‑4 respecto a OTPF‑3

  1. Contexto virtual: reconocimiento formal del entorno digital.
  2. Perspectiva de grupos y poblaciones: se amplían ejemplos y guías para intervenciones comunitarias.
  3. Énfasis en justicia ocupacional: se inserta como outcome y principio ético transversal.
  4. Claridad en definiciones: se revisan destrezas y patrones para consistencia terminológica.
  5. Actualización de ejemplos: se añaden actividades propias de la era digital y culturalmente diversas.

6. Aplicación del OTPF‑4 a la práctica clínica

6.1. Valoración centrada en la ocupación

Utilizar el OTPF‑4 como checklist estructurado permite recopilar información que de otro modo podría pasarse por alto: contextos virtuales, rituales y roles emergentes. Por ejemplo, en rehabilitación de un trabajador remoto con dolor cervical, la valoración contempla ergonomía digital, rutinas laborales, pausas activas y participación social on‑line.

6.2. Planificación de la intervención

El desglose de tipos de intervención ayuda a justificar servicios ante aseguradoras: una intervención de modificación del entorno (ajuste de mobiliario) puede combinarse con educación (posturas saludables) y abogacía (solicitud de software ergonómico). Documentarlo con la misma terminología facilita auditorías y comparaciones inter‑centro.

6.3. Medición de resultados

Seleccionar outcomes alineados con el OTPF‑4 (p.ej., participación o adaptación) obliga a mirar más allá de ROM y fuerza, integrando escalas como COPM o PAQ (Participation Assessment Questionnaire). Esto respalda la efectividad de la TO centrada en ocupación y legitima la profesión ante financiadores.

6.4. Trabajo interprofesional

Compartir el marco con fisioterapeutas, logopedas y enfermeras reduce la ambigüedad de roles, previene solapamientos y fortalece planes de alta. Por ejemplo, al abordar la rehabilitación de un ictus, la OT explica que su foco es optimizar ocupaciones significativas y contextualiza los ejercicios de fuerza (realizados por fisioterapia) dentro de rutinas matutinas del paciente.

6.5. Educación y supervisión

En docencia, el OTPF‑4 actúa como columna vertebral curricular: los estudiantes aprenden a mapear casos clínicos dentro del dominio y a redactar objetivos SMART que reflejen el proceso. En supervisión, se utiliza para feedback estructurado, señalando fortalezas y áreas de mejora en cada fase.


7. OTPF‑4 y tecnologías emergentes

La incorporación del contexto virtual legitima intervenciones en tele‑TO. Ejemplos:

  • Evaluación del desempeño en la cocina mediante video en tiempo real.
  • Uso de aplicaciones móviles para recordatorios de medicación, etiquetado de objetos con NFC.
  • Realidad aumentada para entrenamiento de AVD complejas.

Además, el marco posibilita reconocer barreras digital‑cognitivas (fatiga de pantalla, usabilidad) y diseñar soluciones: rediseño de interfaces, rutinas de descanso visual, coaching en alfabetización digital.


8. OTPF‑4 en la investigación

Al ofrecer un vocabulario consensuado, el framework facilita la codificación de variables y la replicabilidad de estudios. Investigadores pueden mapear intervenciones en la matriz Dominio‑Proceso‑Outcome, comparando protocolos y meta‑analizando resultados. Asimismo, la inclusión de justicia ocupacional abre líneas de investigación en disparidades de salud y abogacía.


9. Críticas y desafíos del OTPF‑4

Aunque potente, el Framework enfrenta desafíos:

  1. Complejidad terminológica: puede resultar abrumador para profesionales fuera de la TO y estudiantes noveles.
  2. Regionalismo: aunque la AOTA busca inclusividad, parte de la terminología es anglocéntrica; la traducción a otros idiomas puede diluir conceptos.
  3. Foco en ejemplos individualistas: algunas culturas colectivistas podrían no verse plenamente representadas.
  4. Escasez de métricas propias: el OTPF‑4 describe outcomes, pero no impone instrumentos, lo que deja espacio a variabilidad y dificulta la comparación.

10. Resumen ejecutivo de los elementos clave

  • Dominio: cinco categorías interdependientes —ocupaciones, factores del cliente, destrezas, patrones y contextos— que fundamentan la intervención.
  • Proceso: evaluación, intervención, resultados, en ciclo de mejora continua guiado por razonamiento clínico.
  • Novedades OTPF‑4: incorporación del contexto virtual, ampliación de ejemplos culturales, justicia ocupacional como outcome, enfoque en grupos y poblaciones.
  • Aplicación práctica: valoración holística, documentación estandarizada, selección de outcomes significativos, colaboración interprofesional y abogacía.
  • Oportunidades: investigación comparativa, diseño de tecnologías accesibles, programas de salud pública.
  • Desafíos: accesibilidad lingüística, métricas uniformes y adaptación cultural.

Conclusión

El OTPF‑4 consolida la terapia ocupacional como disciplina centrada en la ocupación y comprometida con la equidad y la innovación. Al desglosar las dimensiones de la práctica y articular un proceso flexible pero sistemático, el Framework sirve de brújula para clínicos, educadores e investigadores. Su adopción rigurosa posibilita intervenciones más efectivas, investigaciones más comparables y políticas más pertinentes. El reto inmediato es difundir su contenido en lenguas y contextos diversos, construir métricas que midan la justicia ocupacional y profundizar en la integración de la tecnología digital. En última instancia, el OTPF‑4 invita a los terapeutas ocupacionales a reflexionar críticamente sobre su quehacer y a seguir evolucionando junto con las sociedades a las que sirven.

Terapia Ocupacional 360°: Comparativa de los Principales Marcos y Modelos

Introducción

La terapia ocupacional (TO) se ha forjado, a lo largo de un siglo, como una profesión que sitúa la ocupación en el centro de la salud y el bienestar. Para entender su presente y proyectar su futuro, resulta esencial dominar los marcos teóricos y modelos de práctica que dan forma al razonamiento clínico, la investigación y la docencia. Estos constructos se distribuyen de manera jerárquica: marcos globales que proporcionan el horizonte filosófico y metodológico; marcos específicos que articulan la relación persona‑entorno‑ocupación en contextos concretos; y modelos propios que operacionalizan la teoría en instrumentos, guías de intervención y métricas de resultado. A lo largo de esta presentación ahondaremos en cada nivel, explorando orígenes, evoluciones, principios, evidencia científica, aportes a la práctica y controversias. El objetivo es ofrecer un recurso exhaustivo que facilite la planificación de contenidos académicos, la actualización profesional y el diseño de programas de intervención.


I. Marcos globales

1. Occupational Therapy Practice Framework (OTPF‑4)

El OTPF‑4, publicado por la American Occupational Therapy Association en 2020, surge como un mapa integrador que describe los dominios (ocupaciones, factores del cliente, desempeño, contextos y procesos) y los procesos (valoración, intervención y resultados) de la TO. Su proyección internacional radica en proveer un lenguaje común que facilita la colaboración interprofesional y el intercambio de datos de investigación. Una de las contribuciones más relevantes del OTPF‑4 es la inclusión explícita del entorno virtual, reconociendo el impacto de la tele‑salud, la realidad aumentada y las plataformas digitales en la participación. Además, refuerza conceptos como justicia ocupacional, subrayando la responsabilidad ética de los terapeutas de abordar inequidades en el acceso a ocupaciones significativas. Para la práctica clínica, el framework legitima la documentación enfocada en ocupación, lo que mejora la claridad de los objetivos y eleva la calidad comparativa de los registros. No obstante, críticas recientes apuntan a la dificultad de traducir su vocabulario del inglés a lenguas con menor tradición terminológica, lo que puede generar pérdida de matices y confusiones semánticas.

2. Clasificación Internacional del Funcionamiento, la Discapacidad y la Salud (CIF)

Respaldada por la Organización Mundial de la Salud, la CIF se erige como la principal taxonomía de la salud funcional. A diferencia del OTPF, que surge desde la TO, la CIF es un marco transversal diseñado para todas las profesiones sanitarias y sociales. Sus componentes—funciones y estructuras corporales, actividades y participación, factores ambientales y personales—crean una matriz que permite describir la experiencia de salud más allá del diagnóstico médico. Para la TO, la CIF aporta legitimidad externa y posibilita la comunicación con decisores políticos y financiadores. Estudios comparativos revelan que la combinación OTPF‑CIF incrementa la precisión en la determinación de la necesidad de servicios y la evaluación de resultados a nivel poblacional. Sin embargo, la CIF ha sido cuestionada por su complejidad en entornos de recursos limitados y por reproducir una visión biomédica en la codificación de funciones y estructuras, lo que requiere la integración de otros marcos que acentúen la dimensión subjetiva y cultural de la ocupación.

3. Public Health Framework for Occupational Therapy

Este marco global traslada la mirada de la TO desde la intervención individual a la salud pública, promoviendo acciones de prevención primaria, secundaria y terciaria a nivel comunitario. Su enfoque de determinantes sociales de la salud invita a analizar cómo variables como educación, empleo y vivienda influyen en la participación ocupacional. La implementación de este marco ha impulsado programas de envejecimiento activo, promoción de salud mental en escuelas y diseño urbano inclusivo. La evidencia sugiere que las intervenciones estructuradas bajo este prisma obtienen mejoras sostenidas en calidad de vida y reducen costes sanitarios. Con todo, persiste el reto de integrar indicadores de resultado que capturen cambios a nivel comunitario y de justificar financieramente intervenciones cuyos beneficios se observan a largo plazo.

4. Marco de Justicia Ocupacional

Formulado por Elizabeth Townsend y Ann Wilcock, este marco introduce una dimensión ética y política al destacar el derecho de toda persona a participar en ocupaciones que promuevan su salud y desarrollo. Propone conceptos como marginación ocupacional, privación ocupacional y alienación ocupacional, que permiten visibilizar las inequidades estructurales. La adopción del marco de justicia ocupacional ha estimulado proyectos de TO comunitaria en cárceles, barrios desfavorecidos y comunidades indígenas, donde los terapeutas actúan como agentes de cambio social. No obstante, se requieren métricas validadas que permitan cuantificar la justicia ocupacional y demostrar su impacto ante organismos financiadores. Además, la praxis enfrenta tensiones entre la defensa de derechos y las limitaciones institucionales, lo que exige habilidades de abogacía y alianzas intersectoriales.


II. Marcos específicos

1. Persona‑Entorno‑Ocupación (PEO)

Desarrollado por Law y colaboradores en 1996, el PEO describe la interacción dinámica entre las dimensiones de la persona, el entorno y la ocupación. Su concepto central es la “bondad de ajuste” (fit): cuanto mayor sea la congruencia entre los componentes, mejor será el desempeño y la participación. El modelo ha sido aplicado extensamente en temas de accesibilidad arquitectónica, transición laboral y adaptación al envejecimiento. Su flexibilidad permite que terapeutas de distintos contextos—desde atención temprana hasta cuidados paliativos—analicen rápidamente barreras y facilitadores de la ocupación. Investigaciones longitudinales han mostrado que intervenciones basadas en la optimización del ajuste PEO se asocian con mayor permanencia comunitaria de adultos mayores y reducción de readmisiones hospitalarias. Sin embargo, medir objetivamente ese ajuste continúa siendo un reto, pues las variables de persona y entorno son altamente complejas y culturalmente moldeadas.

2. Persona‑Entorno‑Ocupación‑Desempeño (PEOP)

Inspirado en el PEO, el PEOP de Christiansen y Baum añade una capa de variables intrapersonales (competencias fisiológicas, psicológicas, emocionales) y extrínsecas (políticas, cultura, apoyo social) para detallar los procesos que conducen a resultados de salud. Esta integración facilita el diseño de intervenciones que consideren tanto factores biológicos como sociales, respondiendo a la necesidad de enfoques holísticos. Estudios de caso han documentado que los programas PEOP favorecen la reinserción laboral tras lesiones musculoesqueléticas y mejoran la autogestión de enfermedades crónicas. Su compatibilidad con la CIF lo convierte en un puente para la investigación comparativa. Aun así, su amplitud conceptual puede desalentar a clínicos que buscan guías operativas rápidas, razón por la cual se han desarrollado manuales abreviados y algoritmos de decisión.

3. Ecología del Desempeño Humano (EHP)

Presentado por Dunn, Brown y McGuigan en 1994, el EHP pone el énfasis en el contexto como modulador fundamental del desempeño. Propone cinco estrategias de intervención: establecer/restaurar, adaptar/modificar, alterar, prevenir y crear. Esta claridad operacional ha resultado valiosa para justificar adaptaciones ambientales ante aseguradoras o legisladores. Investigaciones recientes lo emplean para evaluar el impacto de barrios “caminables” en la participación de adultos mayores. Con la irrupción tecnológica, el EHP se ha expandido para contemplar entornos virtuales, domótica y realidad aumentada. Su desafío actual es desarrollar indicadores de resultado que capturen cambios contextuales de manera sensible y sostenible en el tiempo.

4. PEO‑Technology (PEO‑T)

La digitalización ha propiciado la necesidad de integrar la variable tecnológico‑digital en los modelos ocupacionales. El PEO‑T reinterpreta el ajuste triádico incorporando dimensiones como usabilidad, accesibilidad digital y ciberseguridad. Es particularmente relevante en tele‑rehabilitación, diseño de aplicaciones de salud y exergaming. Estudios piloto demuestran que los programas configurados con PEO‑T incrementan la adherencia a la tele‑TO y reducen la fatiga tecnológica al adaptar interfaces a necesidades cognitivas y sensoriales de los usuarios. Aun así, la evidencia aún es incipiente y requiere ensayos controlados que midan variables como satisfacción, eficacia y costo‑beneficio.

5. Do‑Live‑Well (DLW)

El DLW es un marco canadiense que relaciona patrones de actividad con salud y bienestar. Propone ocho dimensiones (ser activo, conectar, cuidar, entre otras) para evaluar y rediseñar agendas diarias. Su orientación a la promoción de la salud ha inspirado programas comunitarios que combaten la soledad y el sedentarismo. La literatura reporta efectos moderados en la mejora de bienestar psicológico y autonomía en adultos mayores. No obstante, los estudios se concentran mayoritariamente en contextos anglosajones, y se necesita explorar su validez en culturas con patrones de tiempo y significado distintos.

6. Enfoque Biomecánico

Aunque derivado de las ciencias del movimiento, el enfoque biomecánico se ha integrado como marco específico en la TO para restaurar fuerza, resistencia y rango articular. Su papel es crucial en la rehabilitación física, pero exige combinarse con modelos centrados en ocupación para evitar reduccionismo. Investigaciones han demostrado que las intervenciones que conjugan protocolos biomecánicos con metas basadas en ocupación logran mayores índices de transferencia funcional. El reto persiste en equilibrar el rigor cuantitativo de la biomecánica con la flexibilidad cualitativa de la experiencia ocupacional.

7. Enfoque Rehabilitador

También de origen interdisciplinario, el enfoque rehabilitador enfatiza la compensación de déficits persistentes mediante ayudas técnicas, adaptaciones ambientales y entrenamiento de técnicas de conservación de energía. Su vigencia radica en la búsqueda de independencia funcional cuando la restauración total no es posible. Estudios de implementación muestran que, cuando se combina con educación al usuario y seguimiento, reduce la carga del cuidador y los costes institucionales. Sin embargo, su éxito depende de la accesibilidad a dispositivos y de políticas que financien las ayudas técnicas, lo que exige al terapeuta habilidades de gestión y abogacía.


III. Modelos propios de Terapia Ocupacional

1. Modelo de Ocupación Humana (MOHO)

Gary Kielhofner introdujo el MOHO en 1980 para explicar cómo la interacción entre volición, habituación y capacidades de desempeño produce patrones de ocupación. Su carácter sistémico permite analizar cambios adaptativos y desajustes. Herramientas como la OSA y el MOHOST presentan alta fiabilidad y validez, posibilitando la medición de progreso y la comparación de programas. La investigación muestra que las intervenciones basadas en MOHO mejoran la participación en salud mental, rehabilitación física y contextos comunitarios. Pese a su robustez empírica, su complejidad teórica puede resultar desafiante para terapeutas noveles, por lo que se aconseja una formación escalonada acompañada de supervisión.

2. Modelo Canadiense de Desempeño y Compromiso Ocupacional (CMOP‑E)

El CMOP‑E introduce la espiritualidad como núcleo de la persona y distingue entre desempeño y compromiso (engagement), subrayando la importancia de la experiencia subjetiva. El COPM, su herramienta insignia, facilita la identificación de metas centradas en el cliente y detecta cambios clínicos significativos. La literatura evidencia que el uso sistemático del COPM potencia la colaboración terapeuta‑cliente y mejora la satisfacción terapéutica. Los debates actuales giran en torno a la operacionalización de la espiritualidad en contextos multiculturales y la necesidad de adaptar entrevistas a poblaciones con limitaciones cognitivas.

3. Modelo Kawa

El Kawa, propuesto por Michael Iwama, utiliza la metáfora del río para representar la vida, donde el cauce es el contexto, las rocas son obstáculos y la madera simboliza recursos. Esta narrativa facilita conversaciones culturalmente sensibles y promueve la co‑construcción de objetivos. Estudios cualitativos confirman que mejora la auto‑eficacia y la adherencia a la terapia en comunidades minoritarias. No obstante, la falta de instrumentos estandarizados limita la investigación cuantitativa, y se trabaja en el desarrollo de escalas visuales que midan la percepción del flujo vital.

4. Modelo de Adaptación Ocupacional (OA)

Schkade y Schultz concibieron el OA para describir la búsqueda de maestría ocupacional frente a demandas ambientales. La intervención se centra en provocar respuestas adaptativas que, tras ser evaluadas internamente, conduzcan a una sensación de eficacia. Investigaciones recientes en rehabilitación oncológica y salud mental relacionan el OA con el aumento de resiliencia y autoestima. Sin embargo, se necesitan ensayos controlados aleatorizados que comparen su efectividad con otros modelos para fortalecer su base empírica.

5. Intentional Relationship Model (IRM)

El IRM de Renee Taylor coloca la relación terapeuta‑cliente en el núcleo del proceso clínico y define seis modos de interacción (abogar, colaborar, empatizar, animar, instruir, resolver problemas). La evidencia indica que terapeutas que aplican el IRM reportan mejores índices de adherencia y satisfacción del cliente. Se han desarrollado rúbricas de evaluación que permiten medir la competencia interpersonal en estudiantes y profesionales. El principal desafío es mantener la autenticidad relacional mientras se utilizan marcos estructurados, evitando conversaciones mecanicistas.

6. Modelo de Discapacidades Cognitivas de Allen (CDM)

El CDM clasifica la cognición funcional en seis niveles que describen el potencial de aprendizaje y la capacidad para procesar información. Herramientas como la Allen Cognitive Level Screen y el Routine Task Inventory permiten adaptar el entorno y las actividades a la capacidad cognitiva real, reduciendo riesgos y frustración. Estudios de 2024 muestran alta confiabilidad interevaluador y utilidad en la planificación de altas hospitalarias. Críticas se centran en la necesidad de contextualizar los niveles a culturas con patrones de actividad diferentes y en desarrollar versiones digitales de las pruebas para entornos de tele‑salud.


Conclusión

El recorrido por marcos y modelos revela una disciplina vibrante, en constante diálogo entre tradición y renovación. Los marcos globales proporcionan la brújula ética y terminológica que orienta la profesión hacia metas de justicia y salud poblacional. Los marcos específicos funcionan como lentes ajustables que enfocan la interacción persona‑entorno‑ocupación en escenarios diversos, incorporando cada vez más la dimensión tecnológica. Finalmente, los modelos propios ofrecen las herramientas prácticas y métricas que permiten operacionalizar la teoría en la vida cotidiana de individuos y comunidades. El desafío contemporáneo de la TO consiste en integrar críticamente estos niveles, nutrirlos con investigación rigurosa y adaptarlos a contextos culturales plurales. Solo así podremos honrar la promesa fundacional de la profesión: facilitar que todas las personas participen en las ocupaciones que dan sentido y plenitud a sus vidas.