Hay canciones que son ruido de fondo. Y luego, muy de vez en cuando, aparece una canción que se siente como una verdad revelada. Una de esas que te detiene en seco, que te obliga a subir el volumen y te deja pensando durante días. Para mí, eso ha sido «Bright Light» de The Killers. No es solo un temazo de rock de estadio con la energía arrolladora que les caracteriza; es una declaración, un mapa emocional sobre el regreso a casa, sobre la búsqueda de la propia identidad cuando el camino se ha vuelto largo y polvoriento. Es una historia que, como terapeuta ocupacional, siento que he escuchado cientos de veces, contada con diferentes acentos y en diferentes circunstancias, pero siempre con el mismo anhelo de fondo.
La música tiene esa capacidad única de ponerle banda sonora a los procesos internos, y esta canción, con la formación original de la banda reunida de nuevo, parece un acto de terapia en sí mismo. Un regreso a la esencia, a lo que les hizo ser quienes son. Y en ese acto de volver al origen, he encontrado un espejo increíblemente nítido de lo que hacemos cada día en nuestra profesión. He visto el viaje de la persona que ha perdido su rumbo y lucha por encontrar las señales que le lleven de vuelta a un lugar que pueda llamar «hogar», un lugar que, más que físico, es un estado del ser.
«The dashboard’s shaking, I steady the wheel. And I make every turn by memory, by feel…»
(«El salpicadero tiembla, sujeto el volante. Y tomo cada curva de memoria, por instinto…»)
Esta frase es, para mí, el núcleo de la resiliencia humana. ¿Quién no ha sentido ese temblor? El diagnóstico que sacude tus cimientos, el accidente que cambia tu cuerpo, la depresión que empaña el parabrisas, la pérdida de un ser querido que te deja sin mapa. La vida tiembla, el control parece una ilusión. Y, sin embargo, en medio de ese caos, emerge una fuerza interior, un conocimiento tácito que reside en el cuerpo y en la memoria. «De memoria, por instinto». Es la sabiduría acumulada de una vida de ocupaciones. Es el saber hacer de nuestras manos, la rutina aprendida de nuestros días, el ritmo de nuestro propio corazón. Es la prueba de que, incluso cuando la mente consciente está perdida en la niebla, hay una parte de nosotros que recuerda el camino, que sabe cómo «sujetar el volante».
Como terapeutas ocupacionales, nuestro trabajo a menudo consiste en ayudar a la persona a reconectar con ese instinto. No se trata de darles un mapa nuevo, sino de ayudarles a leer el que ya llevan dentro. Se trata de confiar en que, a pesar del temblor, ellos son los expertos en su propio viaje. Nosotros somos, como mucho, el copiloto que les recuerda: «Confía en tus manos, ellas saben lo que hacen. Recuerda cómo se sentía, tu cuerpo no lo ha olvidado».
La Ocupación como Faro en la Oscuridad
La canción explota en un estribillo que es una súplica y una afirmación a la vez: «Will you turn the bright lights on? … Put me back on the corner and I’ll sing my song» («¿Encenderás las luces brillantes? … Ponme de nuevo en la esquina y cantaré mi canción»). Aquí es donde la Terapia Ocupacional se vuelve explícita, casi literal. La «esquina» es ese lugar de desempeño, ese contexto familiar. Y la «canción» es la ocupación significativa. Es la actividad que nos define, que nos da voz, que nos hace sentir que somos nosotros mismos.
Pensad en ello. Para una persona que ha sufrido un daño cerebral, su «canción» puede ser la capacidad de preparar el desayuno para su familia. Para un adulto mayor que vive en soledad, su «canción» puede ser volver a cuidar de sus plantas o participar en el club de lectura del barrio. Para un joven con problemas de salud mental, su «canción» puede ser la rutina de ir al gimnasio o la expresión a través del arte. No son tareas; son himnos de identidad. Son las «luces brillantes» que iluminan el camino de vuelta. Nuestra labor es ayudar a encontrar esa esquina y proporcionar las herramientas, las estrategias y la confianza para que puedan volver a cantar su canción, con su propia voz, aunque al principio suene desafinada o temblorosa.
El viaje que narra «Bright Light» no es lineal ni fácil. Hay una admisión de la carga llevada: «I carried my own weight and then some too. There are things I would change but it ain’t worth going through» («Cargué con mi propio peso y algo más. Hay cosas que cambiaría, pero no vale la pena volver a pasar por ello»). Esta es la aceptación radical que fomentamos. No se trata de volver a un pasado idealizado, sino de construir un presente con los materiales que se tienen. Se trata de reconocer las cicatrices, el cansancio («Maybe I’m tapped out or just plain old tired» – «Quizás estoy agotado o simplemente viejo y cansado»), pero sin dejar que definan el futuro. La narrativa personal se reconstruye no a pesar de la adversidad, sino incluyéndola como parte del viaje. Es la filosofía japonesa del Kintsugi aplicada al alma: las grietas se rellenan con oro, y la pieza rota se vuelve más fuerte y más hermosa que antes.
Nosotros, como terapeutas, somos testigos de esa reconstrucción. Escuchamos las historias de la «carretera del desierto» y ayudamos a encontrar el oro en las grietas. Facilitamos que la persona pueda mirar su historia no con arrepentimiento, sino con la compasión de quien ha sobrevivido y ha aprendido a «sujetar el volante» cuando todo temblaba.
Y para que sintáis esa energía de la que hablo, para que os ilumine como a mí, os dejo aquí el videoclip. Subid el volumen. Dejad que la batería de Ronnie Vannucci Jr. marque el ritmo de vuestro corazón y que la voz de Brandon Flowers os recuerde por qué hacemos lo que hacemos. Porque al final del día, todos buscamos que alguien, en algún lugar, encienda para nosotros las luces brillantes.
Escuchadla de nuevo. Es un himno para nuestros pacientes, sí, pero también es un himno para nosotros. Para esos días en los que el sistema nos agota, en los que la burocracia nos hace sentir que conducimos por el desierto. Es un recordatorio de que nuestro propósito, nuestra «canción», es ser ese faro para otros. Somos, en muchos sentidos, los guardianes de las luces brillantes. Y esa, queridos colegas, es una ocupación sagrada.

















