Ética de trinchera: Reflexiones sobre el estudio de Emeric, Cantero y Laborda

Un análisis visceral sobre el «Moral Distress», la justicia ocupacional y el valor de la brújula moral en la práctica diaria.

Hola, compañeros y compañeras. Hoy escribo con el teclado caliente y una mezcla de indignación y esperanza. Como «redactor jefe» de El Terapeuta Electrónico, suelo hablaros de tecnología, pero hoy toca hablar de la tecnología más importante que tenemos: nuestra integridad. He estado analizando el estudio publicado por Daniel Emeric y Pablo Cantero (a quienes tengo la suerte de conocer personalmente) junto a Ana Laborda sobre la ética en nuestra profesión en España. Los datos no son solo números; son un grito de auxilio desde las salas de tratamiento.

La cifra que debería quemarnos: El 11.4% de los terapeutas ocupacionales activos en España ni siquiera sabe que existe un Código Ético nacional. Es como navegar en alta mar sin brújula y pretender llegar a puerto seguro.

A la mayoría nos enseñaron ética en la carrera como un trámite aburrido, algo que se leía entre café y café mientras esperábamos la clase de anatomía. Pero cuando la realidad te golpea de frente —cuando tienes que mirar a una familia a los ojos y decirles que no hay recursos, o cuando el gerente te exige ver a doce pacientes en una mañana— ese Código debería ser nuestro escudo de Vibranium. Sin embargo, el estudio nos dice que solo el 4.5% lo consulta cuando las cosas se ponen feas. Esto es un síntoma grave: estamos desconectados de nuestra propia esencia profesional.

1. El Abismo Institucional: ¿Marketing o Profesión Real?

El estudio de Emeric y Cantero pone el dedo en la llaga: apenas el 58% identifica correctamente quién aprobó el código. Aquí es donde sale mi gran «San Benito». He creído siempre en la colegiación, pero he vivido demasiado la pompa y el postureo institucional. A veces parece que se premia más la imagen externa, el «brilli-brilli» del marketing vacío, que el soporte real al terapeuta que está en la calle, en el domicilio o en la clínica privada peleando por cada sesión.

Existe una desconexión sangrante entre los organismos reguladores y la realidad del terapeuta de a pie. Se aboga mucho por «sacar plazas públicas» —que por supuesto son necesarias— pero se olvida que la ética no depende de quién pague la nómina. Conozco entidades privadas de atención temprana, gestionadas por terapeutas ocupacionales, que hacen un trabajo de una excelencia ética brutal mediante convenios públicos. ¿Son ellas menos importantes? La ética debería vertebrar lo que hacemos y cómo lo hacemos, no ser solo un marco para que los colegios luzcan en sus asambleas.

¿La solución? Democratizar la ética. Menos PDFs estáticos y más talleres basados en casos reales. Necesitamos que las instituciones bajen al barro y propongan una ética situada, que entienda que decidir entre comprar una silla o pagar el alquiler es un dilema terapéutico de primer nivel.

2. Valores de Memoria vs. Valores de Trinchera

Solo el 16.3% conoce los valores profesionales del código. Si tuviera que tirar el manual por la ventana y quedarme con tres pilares que me han salvado la cordura en mis 13 años de carrera, serían estos, que resuenan con la complejidad moral que plantean Daniel y Pablo:

  • Lealtad: Con el usuario por encima de todo. Ni con la empresa, ni con el médico, ni con tu propia comodidad. Ser leal es pelear por el bipedestador del niño cuando la administración dice que «no hay presupuesto».
  • Compromiso: Con la ciencia y la dignidad. La ética nos obliga a dudar, a estudiar y a no aceptar el «siempre se ha hecho así». El estudio asocia la formación de postgrado con un mejor conocimiento ético: estudiar nos hace más libres y más justos.
  • Profesionalidad: Entender nuestro rol. Si una empresa te obliga a hacer un karaoke para «entretener» sin objetivos terapéuticos, y tú accedes, estás traicionando la esencia de la profesión. Somos terapeutas, no animadores.

3. La Tiranía de la Productividad: El Reloj contra la Moral

La falta de tiempo es el gran cáncer de nuestra sanidad. El estudio identifica la escasez de recursos y la presión por la productividad (el famoso «ver a X pacientes por mañana») como los mayores conflictos éticos reportados. En mi caso, a veces tengo que visitar dos residencias, pasar por el hospital y atender en clínica antes de comer. Es una locura sistémica.

Cuando el cronómetro manda, la ética se resiente. Cortamos la valoración, dejamos de escuchar a la familia y aplicamos recetas estándar. Esto no es solo falta de tiempo, es una falta de respeto a la autonomía del paciente. La productividad mal entendida nos empuja a una mediocridad que, en sí misma, es una falta ética gravísima. ¿Cómo vamos a ser agentes de cambio si no tenemos tiempo ni para mirar a los ojos a quien tratamos?

4. Justicia Ocupacional: Peleando por la Dignidad Real

En el sector de la ortopedia, la ética se toca con las manos. El 38.1% de los terapeutas reporta conflictos con familiares o cuidadores. Un niño con parálisis cerebral no puede esperar tres años a que la administración le renueve una silla que ya le queda pequeña solo porque «así lo dice la norma». El niño crece, sus necesidades cambian y su cuerpo sufre si no actuamos.

He visto casos donde se niegan recursos a personas mayores de 80 años basándose en el edadismo más rancio: «¿Para qué, si ya es muy mayor?». Eso no es criterio profesional, es una falta de moral y de justicia. La dignidad humana no tiene fecha de caducidad. Nuestra ética nos obliga a ser feroces en los informes técnicos, a abogar por soluciones que adapten la administración al paciente y a no aceptar el silencio ante la injusticia social.

Un Caso para Reflexionar:

Paciente geriátrico en residencia, no deambula, personal desbordado. La familia duda y el sistema ignora las necesidades de posicionamiento postural. ¿Te callas para no generar problemas o peleas por aliviar su sufrimiento y evitar la oclusión respiratoria? Esa es la ética de trinchera que proponen Emeric y Cantero.

5. Moral Distress: El Peso de Saber y no Poder actuar

El estudio habla del «Moral Distress» o sufrimiento moral: saber perfectamente qué es lo correcto pero verse incapaz de hacerlo por restricciones externas o jerárquicas. Casi una cuarta parte de los conflictos identificados caen en este saco. Es un desgaste que te quema por dentro y que muchos nos llevamos a casa cada noche.

A pesar de esto, solo el 2.7% de nosotros consulta a un Comité de Ética. ¿Por qué? Porque nos suenan a entes lejanos, a algo reservado para grandes hospitales. Necesitamos democratizar el debate ético. La mayoría consultamos a otros compañeros o al equipo interdisciplinar antes que al Código. Hagamos que esa red de apoyo sea estructural, que se fomente en los centros y que reconozcamos que dudar es un acto de valentía profesional, no de debilidad.

6. Conclusión: Hacia una Profesión con Alma y sin Egos

Para ser más éticos mañana mismo, debemos cambiar nuestra propia forma de mirarnos. Muchos terapeutas no trabajamos en «salas»; trabajamos en la calle, en el suelo de un domicilio o al lado de una cama. Debemos cambiar el etnocentrismo profesional. Si tengo que hacer una factura o montar una cama para que mi usuario reciba lo que necesita, eso no me hace menos terapeuta, me hace un profesional comprometido.

La ética no debe ser el ruido de fondo, sino la melodía que guíe cada una de nuestras manos. No dejemos que el sistema nos convierta en máquinas. Como bien nos recuerdan Daniel Emeric y Pablo Cantero con su estudio, la Terapia Ocupacional es, por encima de todo, un compromiso innegociable con la justicia, la autonomía y la dignidad humana.

¿Te has sentido alguna vez solo o sola ante un dilema ético en tu trabajo?

Tu experiencia es valiosa. Comparte tu caso en los comentarios y hagamos que la ética deje de ser un adorno para convertirse en nuestra mejor herramienta de trabajo.

Recursos y Referencias Clave

Para quienes deseéis profundizar en los datos y el marco normativo que sustenta nuestra profesión, aquí tenéis los enlaces directos a las fuentes oficiales:

Cita Científica del Artículo Original:

Emeric-Méaulle, D., Cantero-Garlito, P. A., & Laborda-Soriano, A. A. (2026). Ethical Conflicts and Knowledge of the Code of Ethics Among Occupational Therapists in Spain. Healthcare, 14(3), 367.

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Por qué me negué a aceptar la receta del médico rehabilitador (y tú también deberías)

Cuando la prescripción médica ignora el tiempo: Una defensa desde la Ortoprotésica y la Terapia Ocupacional


Hola, compis. Bienvenidos de nuevo a nuestra trinchera particular en El Terapeuta Electrónico. Hoy no os traigo una review de un gadget de última generación ni un tutorial de impresión 3D, aunque hablaremos de tecnología. Hoy vengo a hablaros de algo que me quema la sangre y que, estoy seguro, a muchos de vosotros también os ha hecho apretar los dientes en una reunión clínica.

Esta entrada nace, de hecho, de una inspiración directa y un recuerdo desbloqueado gracias a la compañera Elisa Castelao. Si no la seguís ya, estáis tardando en visitar su perfil @teraque.to. Elisa hace una labor titánica divulgando Terapia Ocupacional basada estrictamente en la evidencia, y fue precisamente su enfoque riguroso lo que me impulsó a sacar del cajón este caso que os traigo hoy. Ella nos recuerda la teoría; la práctica, a veces, nos obliga a pelear para que esa teoría se cumpla.

Hablo de la Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA). Pero no solo de la enfermedad, sino de la guerra fría que a menudo libramos los Terapeutas Ocupacionales y los Técnicos Ortoprotésicos contra un sistema rígido y, a veces, contra una visión médica que (con toda la buena intención del mundo, quiero creer) no logra ver más allá del «paciente de hoy».

Recientemente, me enfrenté a un caso que ilustra perfectamente esta fractura en el sistema sanitario. Un paciente con una ELA de evolución voraz. Un médico rehabilitador prescribiendo una silla de ruedas eléctrica básica. Y yo, con mi doble sombrero de TO y Técnico Ortoprotésico, sabiendo que firmar esa receta era condenar al paciente a la inmovilidad y al dolor en cuestión de meses. Hoy vamos a diseccionar por qué anticiparse no es un lujo, es una obligación clínica.

1. La ELA no espera a la Burocracia: Entendiendo al Enemigo

Para poder argumentar un informe contra la administración o convencer a un especialista médico, primero debemos dominar la fisiopatología. La ELA es, sin rodeos, una de las enfermedades más crueles a las que nos enfrentamos. Como bien cita la revisión de De-Bernardi-Ojuel et al. (2021), estamos ante una enfermedad neurodegenerativa progresiva que afecta a la motoneurona.

«La intervención en ELA no busca recuperar, sino sostener la vida el máximo tiempo posible. No tiene cura. La pérdida de función no es solo motora; impacta en el autocuidado, la movilidad y la comunicación.»

El problema fundamental aquí es la velocidad. En mi experiencia clínica, he visto pacientes pasar de caminar con cierta dificultad a una tetraplejia funcional en menos de seis meses. . Cuando un médico evalúa al paciente en enero, ve a una persona que quizás aún mantiene control de tronco. Pero si prescribimos para el «paciente de enero», cuando la silla llegue en marzo, es probable que ya no sirva. Y aquí entra el drama administrativo: los periodos de renovación de material ortoprotésico (esos famosos candados legales de 2 a 5 años según la comunidad autónoma) hacen que un error de cálculo hoy sea irreversible.

2. «Es solo una silla»: La Miopía del Sistema

Os voy a contar el caso real que mencionaba al principio, porque sé que os vais a sentir identificados. Tenía un paciente, llamémosle Carlos. Carlos tenía una ELA bulbar de inicio rápido. En la consulta, el rehabilitador, siguiendo el protocolo estándar y viendo que Carlos aún podía sentarse erguido, recetó una silla de ruedas eléctrica estándar (código básico del catálogo).

Tuve que respirar hondo. Como técnico ortoprotésico, conozco los códigos y los importes. Como terapeuta ocupacional, conozco el desempeño ocupacional y la progresión de la patología. Sabía que esa silla estándar no tiene basculación electrónica, ni reposacabezas ajustable multieje, ni posibilidad de adaptar controles complejos si la mano pierde fuerza.

El conflicto fue real: «Pero si ahora está bien», me decían. Mi respuesta tuvo que ser técnica, económica y ética. Tras llamadas, informes detallados y algún que otro cabreo mal disimulado, logré que entendieran la ecuación:

  • Escenario A (Silla simple): Coste X. En 4 meses, el paciente pierde control de tronco. La silla no sirve. El paciente queda encamado. Aumentan las úlceras por presión (coste sanitario enorme en enfermería y curas). La familia se rompe la espalda en las transferencias.
  • Escenario B (Silla compleja): Coste X + Y. Silla con basculación, reclinación y elevación. En 4 meses, cuando pierde control de tronco, basculamos la silla. El paciente sigue saliendo a la calle. Prevenimos úlceras. La silla sirve hasta el final de la vida del paciente.

Finalmente, entraron en razón. Pero, ¿por qué tenemos que pelear por lo obvio? Porque el sistema está diseñado para la «foto fija» del paciente, no para la «película» de su vida.

3. Lo que dice la Ciencia (y no solo mi opinión)

No estamos pidiendo lujos. La Scooping Review analizada en el video de De-Bernardi-Ojuel (al que también hace referencia Castelao en su divulgación) deja claro que la Terapia Ocupacional en ELA tiene un rol preventivo y mantenedor. Intervenir tarde aumenta la discapacidad. Intervenir pronto prolonga la autonomía.

La evidencia respalda el uso de Tecnología de Asistencia (AT) de alta complejidad de forma anticipada. Los estudios demuestran que:

  1. Preservación de Energía: El uso temprano de sillas eléctricas permite al paciente gastar sus limitadas reservas de energía en actividades significativas (comer, hablar, interactuar) en lugar de en la movilidad.
  2. Prevención de Deformidades: Un sistema de sedestación modular (como los que peleamos los ortoprotésicos) previene la escoliosis y la oblicuidad pélvica que aparecen con la hipotonía muscular. .
  3. Salud Mental: La capacidad de cambiar de entorno (salir de casa) está directamente correlacionada con menores índices de depresión en pacientes con ELA.

4. Anatomía de una Prescripción Correcta en ELA

Aquí es donde mi «yo» Técnico Ortoprotésico toma el mando. Cuando pido una «silla compleja», no estoy pidiendo extras opcionales. Estoy pidiendo funciones vitales. Vamos a desglosar por qué cada componente es una necesidad médica:

A. Basculación Electrónica (Tilt-in-Space) vs. Reclinación

Muchos médicos confunden bascular con reclinar.
Reclinar: Abre el ángulo cadera-tronco. Es peligroso en ELA si no se controla, porque puede generar cizallamiento en la piel (riesgo de úlceras) y si el paciente tiene disfagia, aumenta el riesgo de aspiración.
Bascular: Mantiene el ángulo de cadera fijo pero rota todo el sistema hacia atrás. ¿Por qué es vital en ELA? Porque redistribuye la presión de los isquiones a la espalda sin perder la postura, y facilita la respiración diafragmática al aliviar el peso de la gravedad sobre la columna colapsada. .

B. Reposapiés Elevables Eléctricos

No es por comodidad. Es por el edema. La falta de bomba muscular en las piernas provoca retención de líquidos brutal. Si no podemos elevar las piernas varias veces al día, tendremos pies edematizados que duelen, piel que se rompe y zapatos que no entran.

C. Electrónica Expandible (R-Net o similar)

Una silla con electrónica básica (VR2) a veces no admite cambios. Si el paciente deja de poder usar el joystick con la mano, necesitamos una silla cuyo «cerebro» permita conectar un mentón, un control cefálico o incluso un control ocular. Prever esto ahorra miles de euros a largo plazo.

5. Conclusión: Cambiar el «Cómo se vive»

Como decía la compañera en el video: «En la ELA no siempre podemos cambiar el curso, pero sí cómo se vive». Esa frase debería estar tatuada en la frente de cada gestor sanitario.

Nuestra labor como Terapeutas Ocupacionales y Técnicos es hacer de puente. Somos traductores. Traducimos la necesidad clínica futura a un lenguaje técnico y económico que la administración pueda (y deba) aceptar. No tengáis miedo de pelear esos informes. No tengáis miedo de devolver una prescripción insuficiente con una nota técnica de tres páginas explicando la biomecánica de la sedestación.

Porque cuando logramos esa silla adecuada, no estamos entregando un motor y cuatro ruedas. Estamos entregando la posibilidad de que un padre vea el partido de fútbol de su hijo, de que una madre pueda salir al jardín a sentir el sol, o de que una persona pueda simplemente cambiar de postura cuando le duele el cuerpo, sin tener que pedir ayuda por enésima vez.

¿Te ha pasado algo similar?

¿Has tenido que pelear contra un «muro administrativo» para conseguir una ayuda técnica? La Ley ELA avanza, pero en el día a día, somos nosotros quienes empujamos los papeles. Déjame tu experiencia en los comentarios, porque juntos hacemos más ruido.

Referencias:
De-Bernardi-Ojuel, L., Torres-Collado, L., & García-de-la-Hera, M. (2021). Occupational Therapy Interventions in Adults with Multiple Sclerosis or Amyotrophic Lateral Sclerosis: A Scoping Review. Int J Environ Res Public Health.