El coste de no escuchar: Cuánto dinero ahorraría el sistema con Terapeutas Ocupacionales en primera línea

Crónica de una hipoxia anunciada, 30 kilos de más y por qué la Terapia Ocupacional salvaría vidas en Atención Primaria.

Hoy no vengo a hablaros de la última app de realidad virtual ni del último gadget de asistencia robótica. Hoy, compis, me quiero abrir en canal. Quiero hablar sobre las ocupaciones y la enfermedad desde un punto de vista mucho más visceral y personal de lo habitual, con una fuerte connotación social y, permitidme la licencia, con una crítica constructiva pero afilada a nuestro sistema médico actual.

Como bien sabréis muchos de los que leéis este blog, mi vida en los últimos dos años ha sido una montaña rusa. Hace un par de años me rompí la rodilla. Ese evento traumático, sumado a la decisión de dejar de fumar hace dos años y medio, creó un cóctel molotov metabólico y emocional. Hasta septiembre de 2025, fui autónomo, soportando una carga de estrés brutal que muchos conocéis. Quien me conoce sabrá que siempre he sido una persona «grande», tirando a obesa, pero dentro de mi estructura podía disimular y mantener un desempeño ocupacional alto.

El dato crudo: En estos dos años, engordé la nada desdeñable cifra de 30 kilos. Con la rotura de rodilla, la ansiedad de la abstinencia tabáquica y el cortisol de un autónomo cojo, podéis imaginar el resultado. A los 30 kilos se le sumó una «mini depresión» que, más allá de mi propia autoayuda y el soporte incondicional de mi pareja, no ha sido vigilada por el sistema médico más allá de un triste «sigue con la pastilla».

Siempre me he considerado resiliente. He enfrentado tempestades vitales a base de trabajo y psicología. Pero tras un inicio de 2024 que parecía prometedor, algo acechaba en la sombra. Algo que trascendía lo mental o lo meramente traumatológico. Dejé de sentir placer por las cosas significativas (anhedonia), todo costaba el triple de esfuerzo, los olvidos eran constantes, la fatiga era un manto de plomo sobre mis hombros.

La respuesta del entorno (y la mía propia al principio) era clara y cruel: «Estás gordo y estás triste». Desde el COVID, y justo un año después de hacerme autónomo, empecé a dormir mal. Nunca me costó conciliar el sueño, pero mantenerlo era una odisea. En los últimos dos años, todo se exacerbó y se precipitó al vacío.

La Mirada Externa: Cuando el Desempeño Falla

Las respuestas de manual eran: «estás agobiado», «estás lesionado», «tienes que adelgazar». Pero más allá de este reduccionismo, mi chica, que ejerce de ángel de la guarda con una capacidad de observación clínica envidiable (sin ser sanitaria), empezó a ver las grietas en mi estructura:

  • 🛑 Microsueños: Se me caía el móvil de las manos si me entraba el duermevela.
  • 🚗 Riesgo al volante: Me daba un sueño incontrolable al conducir, lo que derivó en un par de sustos gordos con el coche.
  • 🧠 Déficit Cognitivo: Tenía olvidos más frecuentes de lo que un «despiste» normal justificaría.
  • 💥 Caídas: Una caída nocturna inexplicable fue la gota que colmó el vaso.

¿Decisión? Ir al médico, explicar todo y suplicar por atención real. Me enviaron a la Unidad del Sueño. En dos semanas, y tras una prueba no invasiva, el diagnóstico cayó como una losa, pero también como una liberación: Apnea Obstructiva del Sueño (AOS) Severa.

Para que os hagáis una idea de la magnitud: se me cortaba la respiración en torno a 80 veces por hora. Ochenta. Veces. Por. Hora. Eso significa que mi cerebro estaba en un estado de alerta constante, más tenso que un arquero en una emboscada. No había descanso reparador, no había fase REM sostenida. Mi propio cuerpo me estaba «troleando» cada noche, privándome del oxígeno necesario para vivir.

The Equalizer 3 Poster

Desmontando la Fisiopatología: ¿Qué me estaba pasando?

Como terapeutas, necesitamos entender la base científica para comprender el impacto ocupacional. La Apnea Obstructiva del Sueño no es solo «roncar mucho». Es un colapso mecánico de la vía aérea superior durante el sueño. En mi caso, la obesidad (los 30 kg ganados) juega un papel crucial: el tejido adiposo alrededor del cuello comprime la faringe, reduciendo su calibre.

Cada vez que dejaba de respirar (apnea) o reducía el flujo (hipopnea), mi cuerpo sufría una desaturación de oxígeno y una retención de CO2. El cerebro, en pánico, provoca un micro-despertar (arousal) para reactivar los músculos faríngeos y volver a respirar. Esto fragmenta la arquitectura del sueño. Imaginad intentar trabajar en un ordenador que se reinicia 80 veces en una hora. Es imposible procesar información.

La Tríada Maldita: Obesidad, Depresión y Apnea

La literatura científica es clara respecto a la bidireccionalidad de estos factores:

  1. Metabolismo: La falta de sueño altera la grelina y la leptina (hormonas del hambre), provocando que quiera comer más y peor. Es un círculo vicioso: la apnea engorda, y la grasa empeora la apnea.
  2. Salud Mental: Los síntomas de la apnea severa (fatiga, irritabilidad, falta de concentración, anhedonia) se solapan casi perfectamente con los de la depresión mayor. ¿Cuántas personas están medicadas con antidepresivos cuando lo que necesitan es aire?

El Tratamiento: Tecnología Punta, Humanidad Cero

Debido al fracaso histórico con mil dietas, la intervención ha sido drástica y multimodal: tratamiento farmacológico con análogos de GLP-1 (el famoso Mounjaro/Tirzepatida) y prescripción de CPAP (Presión Positiva Continua en la Vía Aérea).

Si os soy sincero, a nivel fisiológico, ahora mismo me encuentro genial. Duermo como un lechoncito (lo que puede dormir una persona de 37 años con obesidad y estrés, se entiende). Estoy más atento, activo, presente. No me duermo en el coche. Puedo ver una película del tirón. El dolor corporal generalizado ha disminuido. Todo esto porque, en un momento desesperado, pedí ayuda a gritos.

Pero aquí viene la crítica, y donde entra nuestra visión como Terapeutas Ocupacionales.

La Experiencia del Usuario (Paciente)

¿Quién me ha explicado con detalle cómo se usa el dispositivo CPAP? Nadie.

Tuve una intervención de menos de 5 minutos con una enfermera saturada. Su única indicación técnica fue: «Estás respirando mal, debes inspirar y espirar por la nariz». Fin de la cita.

  • ¿Cómo se mantiene la máquina? (Limpieza, filtros, humedad).
  • ¿Cómo se adapta a mi entorno de habitación?
  • ¿Cómo son las máscaras? ¿Solo hay una?
  • ¿Qué pasa si tengo barba? (Spoiler: las fugas de aire son horribles).
  • ¿Si tengo el pelo largo o rapado cambia el arnés?
  • ¿Puedo usar mi almohada de siempre?

Nada. Me dieron una máquina de 500€, una mascarilla del demonio y «a volar».

The Equalizer 3 Poster

Lo mismo ocurrió con el Mounjaro. Soy una persona obesa con problemas de sueño y me han recetado una medicina muy potente, efectiva, pero polémica y con efectos secundarios gastrointestinales importantes. San Google y ChatGPT no son médicos, pero me he visto obligado a recurrir a ellos porque el sistema no educa, solo prescribe.

¿Y si hubiera un T.O. en la Sala?

Aquí es donde mi cerebro de «El Terapeuta Electrónico» no puede evitar hacer una simulación de escenarios. La falta de adherencia a la CPAP es altísima. Mucha gente la abandona a la semana porque le agobia, le marca la cara o le seca la garganta. Y yo me pregunto:

1. El T.O. en Atención Primaria y Unidades del Sueño

¿Qué hubiera pasado si un T.O. formado hubiese sido parte de la plantilla cuando fui con dolor de rodilla y estrés? Un profesional que no solo mirara la articulación, sino mi rutina ocupacional. Hubiera detectado el desequilibrio en las áreas de desempeño, el estrés del autónomo y el deterioro de los hábitos saludables antes de llegar a los +30kg.

2. El Sueño como Ocupación

El Marco de Trabajo de la AOTA define el «Descanso y Sueño» como un área de ocupación vital. No es pasivo, es la base que permite la participación en todo lo demás. Un T.O. hubiera:

  • Evaluado mi higiene del sueño: Horarios, entorno, estimulantes.
  • Entrevistado a mi «co-ocupante»: Mi pareja es la informante clave. Su calidad de sueño también se ve afectada por mis ronquidos y mis apneas. Intervenir en mí es intervenir en la salud de la unidad familiar.

3. Intervención en Productos de Apoyo (La CPAP)

La CPAP es, en esencia, un producto de apoyo. Y los Terapeutas Ocupacionales somos los expertos en adaptar el entorno y la tecnología a la persona. Un T.O. de interconsulta podría:

  • Desensibilización: Trabajar la tolerancia a la máscara antes de dormir (usándola mientras lees o ves la TV).
  • Adaptación Física: Recomendar el modelo de máscara según la morfología facial (barba, estructura ósea) y la postura al dormir (si duermes de lado, necesitas una almohada con recortes específicos).
  • Integración en la Rutina: Convertir el acto de «ponerse la máquina» en un ritual positivo, no en una tortura médica.
  • Gestión de Tubuladuras: Usar soportes para que el tubo no te estrangule al girar. Parece una tontería, pero marca la diferencia entre dormir o tirar la máquina al suelo.

Conclusión: Más Allá de la Máquina

Hoy, escribo esto respirando bien. El Mounjaro hace su trabajo metabólico y la CPAP hace su trabajo mecánico. Pero la carga mental de gestionar esta nueva realidad, de aprender a ser un «paciente crónico tecnológico» sin manual de instrucciones, ha sido agotadora.

La tecnología sanitaria salva vidas, sí. Pero sin la humanización y la adaptación funcional que aporta nuestra disciplina, esa tecnología es estéril, fría y, a menudo, abandonada en un cajón.

Necesitamos Terapeutas Ocupacionales en Primaria. Necesitamos Terapeutas Ocupacionales en Neumología. Necesitamos que alguien nos pregunte no solo «¿cuánto pesas?», sino «¿cómo vives?».

Si estás pasando por algo similar, si sientes que duermes pero no descansas, si te dicen que solo es estrés o kilos de más: escucha a tu cuerpo y a quienes te quieren. Y si eres TO, por favor, nunca subestimes el poder de preguntar a tu paciente: «¿Qué tal has dormido hoy?».

Nos leemos pronto (y espero que descansados),
Tu Terapeuta Electrónico.