Renunciar para vivir: la ocupación significativa como brújula vital

En un breve pero intenso video, la actriz Carolina Yuste reflexiona sobre algo que rara vez se dice en voz alta: las renuncias que implica perseguir un sueño. Habla desde la emoción, con honestidad cruda, sobre lo que ha dejado atrás por mantenerse fiel a su vocación artística: vínculos, lugares, estabilidad. Su testimonio nos invita a pensar no solo en el precio del éxito, sino en la raíz misma de por qué hacemos lo que hacemos.

Desde la terapia ocupacional, este tipo de reflexión conecta profundamente con el concepto de ocupación significativa: aquellas actividades que dan sentido a nuestra existencia y que, aunque no siempre sean rentables o visibles, nos sostienen en lo más profundo.

Renunciar no es fallar: lo que dejamos atrás también nos construye

En el discurso de Yuste hay una paradoja: para poder hacer lo que la sostiene emocionalmente, ha tenido que soltar muchas cosas importantes. No habla de éxito como recompensa, sino de vocación como necesidad vital. Desde la terapia ocupacional entendemos que las personas necesitan hacer cosas con sentido para sentirse vivas, aunque esas elecciones impliquen pérdidas.

Renunciar no significa fracasar. Renunciar, a veces, es el precio de una coherencia interna. Hay personas que renuncian a una carrera estable por dedicarse al arte, a la crianza, al cuidado de alguien que lo necesita. Otras, renuncian a vínculos que no permiten crecer, a ciudades que asfixian, a rutinas que enferman. Y en todas esas decisiones, aunque duelan, hay agencia, hay dignidad.

Ocupación significativa: el centro de la identidad

Uno de los conceptos más potentes en terapia ocupacional es el de “ocupación significativa”. No se trata solo de hacer cosas, sino de hacer lo que tiene sentido. Lo que me representa. Lo que me conecta con el mundo. Lo que me devuelve el espejo de lo que soy.

Cuando una persona no puede ejercer sus ocupaciones significativas —ya sea por enfermedad, exclusión social, pobreza o precariedad— su salud mental y emocional se resiente. Lo vemos en personas mayores que han perdido su rutina. En jóvenes que no encuentran un lugar donde desplegar su creatividad. En personas con discapacidad a las que se les niega la participación plena. O en artistas, como Carolina Yuste, que deben sobrevivir a pesar del sistema, no gracias a él.

Identidad ocupacional y construcción del yo

La identidad no es un ente abstracto. Es práctica. Se construye a través de lo que hacemos. Por eso, desde la terapia ocupacional se trabaja la identidad ocupacional como una dimensión clave de la salud. Cuando nuestras ocupaciones son coherentes con nuestros valores, deseos y capacidades, nos sentimos “nosotros”. Cuando no lo son, nos perdemos.

Muchas veces, la terapia comienza por ahí: ¿qué has dejado de hacer? ¿Qué ya no puedes hacer? ¿Qué te gustaría poder hacer de nuevo? Y no siempre se trata de lo funcional: a veces, se trata de pintar sin miedo, caminar sin prisa, reír sin culpa, cuidar sin agotamiento. O, como en el caso de Yuste, actuar sin tener que pedir perdón por ello.

La renuncia como trauma y como resistencia

Hay renuncias que duelen tanto que se vuelven trauma. Porque se sienten como pérdidas, como injusticias. Pero también hay renuncias que se viven como formas de resistencia. Como una forma de decir “esto no me define, yo elijo otra cosa”. Y ese gesto, por pequeño que sea, tiene un enorme poder terapéutico.

Desde la terapia ocupacional se puede acompañar ambas dimensiones: el duelo por lo que se pierde, y la fuerza de lo que se decide. Acompañar a alguien a resignificar su vida ocupacional después de una ruptura, un diagnóstico, una migración o un cambio vital, es una de las tareas más humanas y necesarias que existen.

Precariedad, clase y ocupaciones invisibles

Lo que dice Carolina Yuste también tiene una carga política. Porque no todas las ocupaciones tienen el mismo valor social. Hay trabajos que se respetan y otros que se desprecian. Hay caminos que se apoyan y otros que se marginan. Y eso genera jerarquías ocupacionales que terminan afectando la autoestima, la salud y el reconocimiento social.

En terapia ocupacional hablamos de justicia ocupacional cuando denunciamos que no todas las personas tienen las mismas oportunidades para elegir, sostener y disfrutar de sus ocupaciones significativas. Y de privación ocupacional cuando esas posibilidades se ven cercenadas por el contexto.

Por eso, cuando una persona como Yuste visibiliza las renuncias detrás de una vocación, está poniendo sobre la mesa un problema colectivo. Está diciendo: “esto no debería doler tanto”. Está cuestionando un sistema que nos obliga a sobrevivir en lugar de permitirnos vivir con sentido.

Renuncias en salud, discapacidad y duelo

Quienes trabajamos en terapia ocupacional lo vemos cada día: personas que renuncian a la imagen que tenían de sí mismas tras un ictus, una amputación, una enfermedad degenerativa. Personas que pierden rutinas, afectos, roles. Y que tienen que reconstruirse desde las ruinas. Ahí es donde la terapia ocupacional se convierte en brújula.

Porque acompañar no es solo adaptar utensilios o enseñar habilidades. Es estar. Escuchar. Respetar los tiempos. Nombrar lo innombrable. Y ayudar a que cada quien encuentre una nueva forma de hacer, de estar, de ser. Una nueva ocupación significativa que no niegue el pasado, pero que abra una puerta al futuro.

Elegir qué sostener: la ética de lo ocupacional

En última instancia, este ensayo gira en torno a una pregunta esencial: ¿qué estamos eligiendo sostener en nuestras vidas? ¿Qué ocupaciones defendemos a pesar de todo? ¿Qué relaciones, proyectos, gestos o rituales mantenemos vivos, aunque no tengan recompensa inmediata, aunque duelan, aunque nos cuesten renuncias?

Carolina Yuste ha elegido sostener su vocación. Y eso tiene un valor enorme. Porque nos recuerda que las ocupaciones no son solo productivas o instrumentales. También son existenciales. También son resistencia. También son amor.

Conclusión: lo invisible que nos sostiene

La vida está hecha de elecciones. Y cada elección trae consigo una renuncia. Pero también una afirmación: esto es lo que soy, esto es lo que quiero sostener. Desde la terapia ocupacional, acompañar ese proceso es un acto profundo de respeto hacia la vida de las personas.

Y por eso, cuando una voz como la de Carolina Yuste nos recuerda que vivir con sentido duele, pero es necesario, no solo lo escuchamos. Lo entendemos. Lo honramos. Y, desde nuestra disciplina, lo acompañamos.

Porque ninguna ocupación significativa debería doler tanto. Pero mientras duela, ahí estaremos: sosteniendo, adaptando, resignificando, acompañando.

Narcisismo encubierto: una mirada desde la terapia ocupacional

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🧠💥 ¿Y si te dijera que hay personas que pueden mermar tu vida sin levantar la voz?

👀 No hablamos de criminales, sino de esos narcisistas funcionales y psicópatas cotidianos que se cruzan en nuestra vida y minan, poco a poco, nuestras ocupaciones, decisiones, identidad.

🎨 Desde dejar de pintar hasta abandonar amistades. Desde cambiar la ropa hasta dudar de nuestro criterio.
💬 ¿Te suena? A mí también. Y como terapeuta ocupacional, no podía mirar para otro lado.

📖 Inspirado por el libro Tú no eres el problema de Elizabeth Calpes, he escrito un ensayo que explora cómo la terapia ocupacional puede acompañar, sanar y empoderar en estas situaciones.

💚 No todo abuso es visible. Acompañemos desde el hacer, desde la escucha, desde la ocupación.

👉 Léelo completo en el blog de El Terapeuta Electrónico. https://elterapeutaelectronico.com/2025/06/29/narcisismo-encubierto-una-mirada-desde-la-terapia-ocupacional/

A veces uno se sienta frente al ordenador con una taza de café caliente, dispuesto a escribir sobre participación, sobre rutinas significativas o sobre la eterna discusión entre modelos centrados en la persona y modelos centrados en la comunidad. Pero de pronto, una idea distinta asoma la cabeza, empujada por las vivencias, las lecturas recientes y las cicatrices profesionales: ¿qué pasa con esas personas que, sin ser criminales, arrasan con la vida cotidiana de los demás?

Me refiero a los narcisistas. A los psicópatas no criminales. A esas personas que nunca levantarían sospechas en un juicio, pero que en lo cotidiano pueden romper familias, desgastar equipos de trabajo, aislar a una compañera, hacer dudar a un profesional de su criterio o hundir a una pareja hasta dejarla rota en sus ocupaciones más básicas.

Y ahí es donde entra la terapia ocupacional.

Porque si algo aprendemos como terapeutas ocupacionales es que las ocupaciones no son actos neutros. Están cargadas de sentido, de historia, de relaciones. Y cuando alguien, desde el control emocional o la manipulación relacional, interfiere en ellas… eso también es un campo de trabajo para nuestra disciplina.

La vida entre líneas torcidas

La primera vez que escuché la expresión “narcisista encubierto” pensé que se trataba de alguna exageración de la psicología pop. Pero no tardé mucho en entender que no era así. En sesiones con personas que habían perdido la capacidad de disfrutar su ocio, que habían dejado de cocinar para sí mismas o que no se sentían capaces de elegir una prenda sin pensar qué pensaría él o ella, había un patrón. Uno que muchas veces pasaba desapercibido porque no tenía nombre, ni diagnóstico, ni gritos, ni denuncias. Solo una sensación constante de estar en falta, de que algo no estaba bien, de no ser suficiente.

Como terapeutas ocupacionales, nos centramos muchas veces en ayudar a las personas a reconstruir sus ocupaciones tras una lesión, un ictus, un diagnóstico de salud mental. Pero… ¿qué pasa cuando las ocupaciones se ven afectadas por vínculos tóxicos? ¿Y si el problema no es la persona, sino las relaciones que ha construido o que le han impuesto?

Una pequeña revelación

Hace poco leí el libro de Elizabeth Clapes, Tú no eres el problema, y me vi reflejado en más de una página. Y no porque yo haya sido el objetivo directo de un narcisista, aunque alguna herida arrastro como cualquiera, sino porque reconocí historias de pacientes, de colegas, incluso de familiares. Personas que, sin saberlo, habían estado años bajo la influencia de una figura que utilizaba la culpa como herramienta, el silencio como castigo y el elogio como moneda de cambio.

Y esa lectura me hizo pensar: ¿hasta qué punto nuestras ocupaciones pueden quedar secuestradas por un narcisista?

La respuesta, lamentablemente, es: mucho.

Quien ha vivido con una persona narcisista o psicopática sabe de lo que hablo. Las ocupaciones empiezan a perder sentido, a moldearse a los deseos del otro. La persona deja de bailar porque “le parece ridículo”. O deja de maquillarse porque “ya no tiene edad”. O abandona su carrera porque “eso no es un trabajo de verdad”. Todo esto no dicho abiertamente, claro. Siempre envuelto en frases dulces, miradas condescendientes, ironías disfrazadas de consejos. Y poco a poco, la persona va cediendo.

Y lo más triste: deja de verse.

La terapia ocupacional como espacio de reencuentro

Ahí es donde creo que nuestra profesión puede hacer una diferencia enorme. Porque no trabajamos desde el juicio, sino desde la ocupación. No preguntamos “¿por qué sigues con esa persona?”, sino “¿qué has dejado de hacer desde que estás con esa persona?”

Y ese simple cambio de foco abre puertas. Nos permite mirar la vida de quien tenemos delante no como un cúmulo de errores, sino como una red de decisiones condicionadas. Nos permite detectar patrones sin culpabilizar. Y nos da herramientas para empezar a reconstruir.

Recuerdo el caso de una mujer que acudió a consulta derivada desde salud mental. No podía dormir bien, tenía episodios de ansiedad y había desarrollado un cuadro de colon irritable. Pero no tenía depresión, ni trastorno de pánico, ni trauma claro. Solo un cansancio vital. Un día, hablando sobre qué hacía en su tiempo libre, se quedó en silencio. Dijo: “Antes me gustaba pintar… pero hace años que no lo hago”. ¿Por qué? “Él decía que era una pérdida de tiempo”.

Y ahí se encendió la alarma.

Ese “él” era su pareja. Llevaban más de 20 años juntos. En todo ese tiempo, había dejado de ver a sus amigas, de viajar sola, de salir a caminar por la tarde. Incluso su forma de vestir había cambiado. Pero ella no se sentía maltratada. No había violencia física, ni insultos. Solo un goteo constante de desaprobación, de control emocional, de manipulación sutil.

Esa mujer volvió a pintar. No fue fácil. Le costó creerse con derecho a comprar material, a reservar un espacio en casa, a decirle a su pareja “voy a pintar, no me molestes”. Pero lo hizo. Y en ese gesto hubo una ocupación recuperada… y una identidad rescatada.

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Psicopatía funcional y desgaste profesional

Los narcisistas y psicópatas no siempre están en relaciones de pareja. A veces están en los equipos de trabajo. En las familias. En los puestos de poder. Y eso, como terapeutas ocupacionales, también nos puede afectar.

¿Quién no ha tenido un compañero o una jefa que te hace sentir siempre en deuda, que no tolera el éxito ajeno, que manipula los errores para que parezcan tuyos?

A veces normalizamos tanto esas dinámicas que no nos damos cuenta del daño que hacen. Empezamos a dudar de nuestra competencia, dejamos de proponer ideas, evitamos destacar para no despertar su ira disfrazada de sarcasmo.

Y lo más doloroso: dejamos de disfrutar nuestra profesión.

Pero hay salida. La clave, creo, está en nombrar. En poner palabras a esas dinámicas. En crear espacios donde podamos hablar de esto sin miedo a parecer débiles o exagerados. Y también en generar redes de cuidado profesional, donde podamos sostenernos cuando el entorno nos desgasta.

Lo cotidiano también es político

Desde la terapia ocupacional, muchas veces hablamos del hacer, del ser, del pertenecer. Pero quizá no hablamos lo suficiente del sufrir. Porque sí: muchas personas sufren ocupacionalmente. No porque no tengan actividades, sino porque esas actividades están colonizadas por la culpa, por el miedo, por la aprobación ajena.

En ese sentido, trabajar con víctimas de personas narcisistas o psicopáticas es también una forma de militancia. Es decirle al mundo: “Tu vida es tuya. Tus ocupaciones son tuyas. Nadie tiene derecho a arrebatártelas”. Es devolver a las personas la posibilidad de elegir qué hacen, cómo lo hacen y con quién lo hacen. Y en esa elección, recuperar la dignidad.

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Cuidarse para cuidar

Y aquí viene una parte difícil: los terapeutas también debemos cuidarnos. Porque quienes trabajamos con personas, quienes escuchamos relatos dolorosos, quienes empatizamos hasta la médula… también estamos expuestos.

Los narcisistas se sienten atraídos por quienes cuidan. Porque pueden manipular mejor a quien duda de sí mismo, a quien se cuestiona constantemente. Por eso es fundamental que aprendamos a detectar estos perfiles, no solo para ayudar a otros, sino para protegernos.

¿Dónde están nuestras alarmas? ¿Qué sentimos cuando alguien nos hace sentir siempre culpables, poco válidos, inseguros? ¿Cuántas veces decimos “sí” por miedo al conflicto y no por convicción?

Es necesario que nos formemos, que compartamos herramientas, que hablemos entre colegas. Porque la salud ocupacional también empieza por casa.

Epílogo: ocupar el espacio propio

Este ensayo no pretende dar respuestas cerradas. Solo abrir preguntas. Invitar a mirar con otros ojos esas relaciones que parecen normales pero que hacen daño. Recordar que no todo abuso es visible. Que no todo dolor tiene una cicatriz. Y que a veces, la mejor forma de ayudar a alguien es acompañarle a recuperar eso que dejó de hacer porque alguien le convenció de que no valía la pena.

La terapia ocupacional tiene un rol clave en este proceso. Porque no juzga. Porque no empuja. Porque propone desde el hacer. Y en ese hacer, muchas veces, está el comienzo de la libertad.

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Autocuidado vs Vínculos: Una mirada crítica desde la Terapia Ocupacional

Nos enseñan a poner límites, pero no a sostener vínculos. Como terapeuta ocupacional, esta frase me perfora el cuerpo cada vez que escucho a alguien hablar de autocuidado como sinónimo de desvinculación. Porque en nuestra práctica, día tras día, vemos personas que se han quedado solas no por falta de recursos físicos, sino por la desconexión afectiva que el discurso contemporáneo del bienestar muchas veces justifica. Nos enseñan a decir que no, a protegernos, a priorizarnos. Pero poco se habla de cómo sostener lo que vale la pena, de cómo quedarnos a pesar del cansancio, de cómo reparar sin desaparecer.

La terapia ocupacional es una profesión que, por definición, trabaja con lo humano en su dimensión más compleja: la ocupación. Pero no cualquier ocupación. Hablamos de las que dan sentido, de las que nos conectan con otros, de las que sostienen la identidad. No se trata sólo de vestirse, cocinar o trabajar. Se trata también de estar, de vincularse, de compartir. Y ahí está el peligro del discurso individualista del autocuidado: en que promueve una visión de la persona como un ser aislado, que debe autorregularse constantemente, que sólo debe ocuparse de lo que lo «suma». Una visión que, en última instancia, nos deshumaniza.

Como terapeutas ocupacionales, no podemos mirar para otro lado. El sufrimiento psicosocial se ha vuelto estructural, y nuestras intervenciones deben estar a la altura. No basta con favorecer la independencia funcional si dejamos intacto el aislamiento. No basta con mejorar la adherencia a una rutina si esa rutina no incluye a nadie más que al propio sujeto. La independencia no es lo contrario de la interdependencia. No es madurez emocional vivir solo, hacer todo solo, sostenerse solo. A veces, eso es sólo desesperación disfrazada de fortaleza.

El discurso del autocuidado, si se vuelve absoluto, nos convierte en consumidores emocionales. Elegimos personas como quien elige productos: ¿me nutre?, ¿me aporta?, ¿me potencia? Si no cumple con esas expectativas, lo descarto. ¿Y el otro? ¿Dónde queda el otro? ¿Quién se hace cargo de lo que dejamos atrás cada vez que priorizamos nuestra comodidad por encima del vínculo? Estas preguntas no son filosóficas: son profundamente terapéuticas. Porque una persona no se reinserta socialmente sólo con prótesis o adaptaciones. Se reinserta cuando vuelve a confiar, cuando siente que puede formar parte sin miedo al rechazo, cuando siente que tiene algo que dar, no sólo algo que recibir.

En nuestros abordajes comunitarios, lo vemos a diario. Gente que vive sola, que no tiene con quién hablar, que repite frases como mantras: «yo me cuido a mí mismo porque nadie más lo va a hacer». Y claro que hay verdades en eso. Pero también hay heridas. Detrás de cada «yo primero» hay una historia de abandono, de negligencia, de relaciones fallidas. Y si no intervenimos ahí, si no miramos también esas biografías rotas, nos volvemos técnicos del síntoma y no del sufrimiento. Nos volvemos reproductores del sistema, no agentes de transformación.

Recuperar lo relacional como eje de la terapia ocupacional no es una moda: es una urgencia. El mundo se está desmoronando en vínculos. Vivimos en ciudades llenas de gente sola, en redes sociales donde todo se muestra y nada se comparte, en trabajos donde el burnout es más común que el almuerzo. Y mientras tanto, seguimos enseñando a los estudiantes de terapia ocupacional a medir, clasificar y estructurar ocupaciones como si fueran actividades mecánicas, desconectadas del deseo, del otro, del contexto.

Pero un verdadero enfoque ocupacional exige una ética del vínculo. Exige preguntarse no sólo qué hace la persona, sino con quién, para quién, desde dónde. Exige detenerse ante lo invisible: la mirada del otro, el silencio compartido, la carga emocional de cada acción cotidiana. Exige revisar también nuestras propias prácticas profesionales: ¿qué tipo de relaciones generamos con quienes acompañamos?, ¿cómo gestionamos nuestras frustraciones cuando el proceso no avanza?, ¿a quién cuidamos cuando decimos que cuidamos?

No hay intervención ocupacional que valga si no se sostiene en un vínculo ético, afectivo y político. No hay protocolo que reemplace la presencia. No hay escala que mida la confianza. Y sin embargo, eso es lo que más transforma: saberse visto, saberse parte, saberse acompañado incluso cuando no se tienen las palabras.

Por eso debemos revisar nuestros marcos. Hablar de salud desde la ocupación significa hablar de redes, de interacciones, de apoyos. Significa construir prácticas donde el otro no sea sólo un destinatario, sino un interlocutor. Donde el terapeuta no sea sólo un facilitador, sino alguien que también se afecta, que también se involucra. Porque sí, nos han enseñado a protegernos. Pero tal vez, lo verdaderamente revolucionario hoy sea aprender a quedarnos. A sostener. A comprometernos.

El desafío está planteado. Podemos seguir defendiendo una terapia ocupacional de escritorio, segura, medible, predecible. O podemos asumir el riesgo de una terapia ocupacional que incomoda, que interpela, que se mete en la carne viva del mundo. Una terapia que no se conforme con mejorar desempeños, sino que aspire a reconstruir vínculos. Una terapia que no tema decir que el autocuidado también puede ser una trampa. Una terapia, en fin, que no olvide que lo humano es, ante todo, relacional.

No será fácil. Porque nada fluye sin más. Porque el entendimiento se trabaja. Porque el amor, sea en la forma que sea, se crea. Y en ese trabajo de creación, los terapeutas ocupacionales tenemos mucho que decir. Y mucho más que hacer.

Esquematizando una intervención desde Terapia Ocupacional

Hace tiempo en unas jornadas regionales de terapia ocupacional organizadas por el SESCAM me ofrecí a hablar sobre mi particular visión de la terapia ocupacional, y tiempo después, varias personas me han comentado que hubo un cuadro de mi presentación que les sirvió para estructurar aún más su manera de defender e informar nuestra profesión hacia el resto de profesionales.

Este cuadro esta extraído de mis resúmenes de la asignatura “Terapia Ocupacional en salud mental” impartida por Pedro Moruno. Y que a su vez se extrae del libro homónimo escrito por él y por Miguel Ángel Talavera Valverde (director de la Revista Gallega de Terapia Ocupacional)

Este cuadro estructura nuestro trabajo en los siguientes términos:

  • Abordaje.
  • Tipos de intervención.
  • Técnicas.
  • Modalidades y medios.
  • Métodos terapéuticos.

Una estructura de más a menos, centrada en la persona y en las ocupaciones. Si os sirve, bien, sino podéis aportar vuestras “guías” o “trucos” a la hora de estructurar e informar nuestro trabajo directo con personas.

"Los que se quedan" un documental sobre Salud Mental en tiempos de crisis

El sufrimiento de las personas en paro, la des-ocupación en manos de acciones (anti) politicas. Salud Mental en tiempos de crisis, como deshacer el dolor y hacer la ocupacion. Reflexiones necesarias a traves de un duro y a la par estupendo documental titulado «Los que se quedan». Una mini clase de «Terapia Ocupacional Sociocomunitaria, sin querer.

Los que se quedan: el impacto de la crisis en la salud mental de la población española’ es un documental dirigido por Gabriel Pecot, Olmo Calvo y Eva Filgueria, producido de manera independiente y financiado por crowdfunding.
La crisis económica ha modificado la vida a muchas personas. El desempleo, el pago de la hipoteca y los desahucios han generado un profundo malestar emocional que se ha traducido en un incremento de los casos de depresión y ansiedad en España.
Trastornos que en algunos casos pueden llegar al punto de desencadenar una trágica muerte por suicidio, hecho que no solo involucra a la víctima, sino que marca también profundamente a su entorno.
Un tema tabú.
Rodado entre Londres, Madrid y Barcelona, “Los que se quedan” aborda de manera integral este problema de salud publica a través del trabajo y la opinión autorizada de investigadores nacionales y extranjeros, y la voz de quienes han perdido a familiares y amigos en estas circunstancias.
Visita el proyecto completo en la web del documental: losquesequedan.es

Como hacer #IceBucketChallenge cotidianos [Desde España]

 

Bill Gates (Jefe de Microsoft)  preparado para un refrescante baño
 Mucho se ha oído hablar del #IceBucketChallengeen favor de la Esclerosis Lateral Amiotrofia en el cual, muchos famosos se mojan con un cubo de hielo y agua bien fresquita para motivar las donaciones para las asociaciones que luchan por esta enfermedad. Pero la realidad, como ya bien se sabe, es distinta y las recaudaciones aunque numerosas no han sido ni mucho menos las previstas para la cantidad de personas que se han apuntado a este reto.
A parte de la esclerosis lateral amiotrofia, muchas asociaciones, confederaciones y fundaciones luchan día a día por los derechos de personas cuyas vidas se ven desfavorecidas por algún problema. Además de esa lucha, deben mantener a los profesionales (como los Terapeutas Ocupacionales), instalaciones y beneficiar fondos para la investigación para paliar los efectos de dichas enfermedades.
En una búsqueda rápida por internet me he metido en las asociaciones más generales de ayuda a personas con algún tipo de discapacidad a nivel estatal como pueden ser a favor de enfermos de Alzheimer, Daño Cerebral, Parkinson, Esclerosis Múltiple, Cáncer, Síndrome de Down, Federaciones pro salud mental o discapacidades intelectuales.
Mark Zuckerberg (Fundador de Facebook) tras una relajante ducha pro-ELA
Si os sentis un poco como Charlie Sheen aquí os dejo los links, por si queréis seguir haciendo #IceBucketChallenge reales, cotidianos y que podemos tener en casa, o en la puerta de al lado. Si como lectores o seguidores de la web queréis aportar la web de la asociación X o la enfermedad Y, solo tenéis que dejar un comentario ya sea en el Blog, en Twitter o Facebook.
Aquí os dejo los enlaces:

Confederación española de asociaciones de personas con Alzheimer y otras demencias: http://www.ceafa.es/colaborar/donaciones

Federación Española de Daño Cerebral: http://fedace.org/colabora/
Federación Española de Lucha contra la Esclerosis Múltiple: http://www.esclerosismultiple.com/colabora.php
Asociación Española contra el Cáncer: https://www.aecc.es/colabora/Paginas/Colabora.aspx
Confederación Española de Organizaciones en favor de las Personas con Discapacidad Intelectual o del Desarrollo http://www.feaps.org/

 

Resumen de la III Jornada Regional de Terapia Ocupacional de Salud Mental de Castilla la Mancha

 

 

Hace unas semanas tuve el placer de participar en la III Jornada Regional de Terapia Ocupacional en Salud Mental del SESCAM.

Oscar Sánchez (@OscarSRMadrid), en la primera ponencia del día, nos habló de la gestión de la calidad articulada en torno al núcleo central de los grupos de interés, entendidos estos como los que van a ser receptores en acto o potencia de nuestras actuaciones como terapeutas ocupacionales u organizaciones. 
Alrededor de la gestión de la calidad y de estos grupos de interés se articulan unos conceptos cuya ejecución es indispensable y condición sine qua non para la gestión de la calidad en los servicios y actuaciones de terapia ocupacional, estos son: gestión de la calidad, demandas de los servicios, innovación y desarrollo, liderazgo, cartera de servicios, marketin comunicación e imagen pública.
Como charla, aunque muy centrada en el marketing y el cliente, creo que el discurso de Oscar es muy necesario y positivo en estos días en los que nuestra profesión va a la deriva sin lideres realmente visibles y fuertes de cara a la comunidad no-terapéutica ocupacional. 
Dentro de las mismas realice una charla sobre las TICs como herramienta de trabajo para Terapeutas Ocupacionales en una mesa redonda que compartí con tres profesionales a los que envidio sanamente, ellos son Jorge Arenas de la Cruz (moderador), Natalia Legarda Gallardo y Maribel Rodriguez Montes. 
Natalia Legarda nos habló de “Revista Tisana” Blog del CRPSL de Guadalajara, el cual desconocida y del cual se pueden aprender bastantes cosas y pasar un rato muy entretenido desde el punto de vista de la “gente de a pie” (Ay!! Que cuidado con el lenguaje). Antes que contaros yo la experiencia os invito a pasar por ella http://revistatisana.blogspot.com.es
 
Maribel Montes nos habló de su trabajo en una unidad de larga estancia, articula una de sus intervención a través de la fotografía y el uso de tablets en algunas actividades de la vida diaria de las usuarias de su centro. Sinceramente, fue la ponencia que más me maravillo debido a la sencillez y la eficacia de su trabajo y lo difícil que nos gusta hacerlo a veces a los Terapeutas Ocupacionales. Sin duda una gran intervención. 
Dentro del espacio reservado a mi ponencia quise enfocarla desde el punto de vista profesional, ya que no creí necesario que yo, sin experiencia laboral fuera de la práctica, hablase de estas las TICs como herramientas terapéuticas para con los usuarios, asique centre mi discurso sobre el uso potencial que se puede hacer de ellas en estos días tan tecnológicos que vivimos. 
Por un lado conté la experiencia previa que tenía como persona, no como terapeuta ocupacional, en cuanto a las TICs. Posteriormente avance sobre los años universitarios que recién termine y como diversos factores me llevaron a sentir más atracción hacia este tipo de herramientas y como desenlace abrir este blog. Entre ellos se perfilaron los siguientes: 

 

  •   Profesores que motivaron los intereses por herramientas 2.0. unos de una manera individual y otros de una manera grupal, pero acertada, de cara a crear un procomún en forma de bitácoras o comunidades virtuales. Estos fueron Dulce Romero, Pedro Moruno y Pablo Cantero (@pabloacg

 

  • Además de ellos, a lo largo de la carrera fui conociendo por las redes a varios blogs potentes y a sus gestores. Estos son Paloma Peña (@palomap3) gestora de Blog de TO y DCA y presidenta del COPTOA, Sabina Barrios (@sabina_TOPMS) gestora del extinto blog de TO y Psicomotricidad, Gretel de la Paz (@gretel_delapaz) una de las cabezas visibles de Ocupia, Miguel Ángel como gestor de Ocupaterapia (@OCUPATERAPIA) y por ultimo María Luisa Monroy del blog de Terapeutas Ocupacionales en formación (@TosEnFormacion)

 

Todas estas personas hacen una labor indispensable para la profesión, desde mi punto de vista, pero el “problema” que surge a la larga en muchas de estas iniciativas es que no tienen continuidad (como en la universidad), falta tiempo para gestionarlo, y a la larga la falta de motivación y el desgaste hace mella en los gestores debido a que la gente tiende más a restar o no participar, que a sumar y enriquecerse en estas comunidades. 
Entonces… ¿Qué opciones/soluciones tenemos? Suena fácil… pero en la era del SHARE/COMPARTIR con pequeñas aportaciones de un pequeño grupo de personas, se puede hacer una gran herramienta o comunidad. Entre los ejemplos que puse de lo que se puede llegar a hacer entre un conjunto de personas y unas herramientas de las TICs se encuentran los siguientes http://otalkocchats.wordpress.com/y http://www.ot4ot.com/
 
Ahora bien… si nuestro trabajo con las personas es que puedan realizar aquellas actividades en las que quieran comprometerse, la pregunta derivada de todos nosotros es… ¿Queremos y podemos los terapeutas ocupacionales comprometernos con este tipo de herramientas?

Relación entre la ocupacion y la salud mental (Dia Mundial de la Salud Mental)

Como Terapeuta Ocupacional formado en la universidad de Castilla la Mancha he tenido el gusto y el placer, a veces odio pero las menos, de tener como profesores a grandes terapeutas ocupacionales que, desde primero de carrera me sacaron ese «gustillo» por la Ocupasion, sumado ello a agentes externos a la universidad. Hoy, en el dia mundial de la salud mental, me planteo, tras la falta de reconocimiento que tenemos los Terapeutas Ocupasionales (si, Ocupasionales, de PASIÓN), que sentido tiene nuestro trabajo con este perfil de poblacion, y que es lo que relaciona la Ocupacion y la Salud Mental
Para poder explicarlo acudo a mis apuntes, tras desgranar parte de dos libros, que, sin ser politicamente correcto con la bibliografia los nombrare aqui, Romero y Moruno (2004) Introduccion a la terapia ocupacional: teoria y tecnicas, y Moruno y Talavera (2012) Terapia Ocupacional en Salud Mental. 
Una vez mas, podemos de que la terapia ocupacional, en palabras de Moruno, hace referencia a la praxis que utiliza como agente, entidad o medio terapeutico aquellas actividades u ocupaciones humanas que revelan al agente del acto, a traves de las cuales el ser humano se distingue y expresa, aquellas que, ademas de dar respuesta a sus necesidades vitales y a los requerimientos sociales de la comunidad de pertenencia del individuo, se constituyen en una forma de dar sentido a su existencia, aquellas que construyen y crean su identidad personal, cultural y social.   
Tras esta definicion, nos planteamos la vision de la salud mental, no solo como la ausencia de enfermedades, sino como el estado completo de bienestar en el cual las personas son conscientes de sus capacidades, pudiendo asi afrontar las tensiones de la vida diaria, trabajando de forma productiva y fructifera, siendo capaz de hacer una contribucion a la comunidad. 
Ahora bien, como relacionamos nuestro quehacer como terapeutas ocupacionales para favorecer la salud mental, tanto desde el punto de vista funcional, como el patologico. 
 
La ocupacion, como fin en si misma. Desde un punto de vista individual, el desempeño o realización de actividades de autocuidado y automantenimiento, productivas, educativas, lúdicas y de ocio, permite al sujeto participar como miembro activo de su comunidad, que contribuye a su entorno social, cultural y económico. 
Desde un punto de vista sociopolítico, la posibilidad de acceder y disponer de recursos y oportunidades de participación en ocupaciones culturalmente significativas y saludables en el seno de las comunidades repercute en el desarrollo social, cultural y económico de aquellas y, en última instancia, en la salud de los individuos que la constituyen. 
La ocupación constituye una entidad o fin que en si mismo, favorece, promueve y actualiza la participación e integración del individuo en su medio y cambio social. 
Puede ser utilizada como método terapéutico con los siguientes objetivos:

  • Promover el aprendizaje y adquisición de habilidades y destrezas necesarias para el desempeño de AVD, educativas, laborales, lúdicas, de ocio y de participación social.
  • Favorecer la participación e integración social, a través de la adquisición, mantenimiento, mejora o recuperación del desempeño de actividades ligadas al automantenimiento y autocuidado, educación, productividad, ocio, juego y participación social. 
  • Modificar y/o adaptar las ocupaciones que un individuo desempeña y/o el entorno físico, social o cultural en que tiene lugar tal desempeño, para lograr que su realización sea eficaz y, de este modo, posibilitar la participación y el desempeño ocupacional. 
  • Empoderar a las comunidades e individuos para desarrollar ocupaciones social y culturalmente significativas, que hagan viable su crecimiento y desarrollo.
La ocupación puede ser aplicada terapéuticamente como un medio que promueve el desarrollo, mantenimiento y recuperación de las capacidades, destrezas o aptitudes de un individuo. 
Pueden seleccionarse determinadas actividades como método de intervención, persiguiendo objetivos concretos ligados a la adquisición, restauración, reparación o mantenimiento de capacidades y habilidades y/o al desarrollo psicológico, emocional o relacional. Por tanto, la ocupación puede ser empleada como método terapéutico con los siguientes objetivos: 

  • Adquisición y desarrollo normalizado de las estructuras y funciones corporales y psicológicas, así como de las relaciones sociales, los aspectos emocionales y los vínculos afectivos.
  • Mejora, mantenimiento, restauración o recuperación de las estructuras y funciones corporales y psicológicas.
La ocupación puede constituir un vehículo o forma de dar sentido, significado a la existencia, influyendo, por tanto, en el bienestar psicológico y, quizás también en el espiritual del ser humano. Les permite la expresión individual, favorecen el desarrollo de vínculos sociales y culturales, contribuyen a la construcción de su identidad y posibilitan que se sienta participe de la sociedad, mediando en su bienestar psicológico y por tanto en su salud individual. Sirve como promoción y preservación del bienestar psicológico y corporal
La concepción de la ocupación como un agente promueve el bienestar psicológico y la salud permite utilizarla con los siguientes objetivos. 

  • Promover estilos de vida saludables y prevenir aparición de enfermedades somáticas o psicológicas
  • Adquirir, mantener y mejorar el bienestar biopsicosocial.