La Terapia Ocupacional se instituyó oficialmente el 15 de marzo de 1917 en Clifton Springs, Nueva York, con la creación de «The National Society for the Promotion of Occupational Therapy». Este evento representó la formalización de una práctica que ya se venía gestando desde décadas anteriores, gracias al trabajo y la visión de seis pioneros clave.

George Edward Barton (1871-1923) fue una figura central y el principal promotor inicial del término «terapia ocupacional». Arquitecto de formación, Barton vivió experiencias personales intensas con la discapacidad y enfermedad, lo cual transformó profundamente su enfoque hacia la rehabilitación. Después de contraer tuberculosis y posteriormente experimentar amputaciones parciales y parálisis temporal, Barton decidió convertir su sufrimiento en acción positiva. Viajó a Inglaterra, donde conoció el Movimiento de Artes y Oficios, especialmente influenciado por las ideas de William Morris, que valoraban enormemente el trabajo manual y artesanal como medios para restaurar la dignidad y la autonomía humana. De regreso en Estados Unidos, Barton fundó en 1914 la «Consolation House», una instalación pionera diseñada específicamente para ayudar a pacientes en recuperación mediante actividades ocupacionales. Su enfoque destacaba por enfatizar que las ocupaciones terapéuticas debían ser significativas y adaptadas a cada individuo, viendo cada actividad como una forma específica de terapia equivalente a una medicina.

William Rush Dunton Jr. (1868-1966), reconocido como el «padre de la Terapia Ocupacional», era psiquiatra de profesión y trabajó en el «Sheppard and Enoch Pratt Hospital» en Maryland. Dunton aplicó por primera vez la ocupación como tratamiento psiquiátrico formal, influido directamente por el Tratamiento Moral de Benjamin Rush, de quien era descendiente. Dunton escribió numerosos textos fundamentales en los que subrayaba el valor de la ocupación tanto en la recuperación física como mental. Entre sus aportaciones más notables está la publicación «Reconstruction Therapy», en la que detalló cómo la ocupación podría contribuir a la recuperación funcional post-guerra, anticipando lo que sería luego la rehabilitación física moderna. Dunton promovía la necesidad de una estrecha relación entre la terapia ocupacional y la medicina, destacando la importancia de diagnósticos ocupacionales individualizados como base para planes de tratamiento efectivos.

Eleanor Clarke Slagle (1870-1942), denominada frecuentemente la «madre de la Terapia Ocupacional», fue esencial en la formación de la disciplina. Trabajadora social de formación en la famosa Hull House de Jane Addams en Chicago, Slagle recibió influencias del movimiento «Settlement House», que combinaba atención social y educación en hábitos saludables. Sus programas en el hospital Johns Hopkins bajo la dirección del psiquiatra Adolf Meyer marcaron la importancia del entrenamiento en hábitos, enfocándose en establecer rutinas estructuradas para pacientes psiquiátricos, contribuyendo así a su estabilidad emocional y social. Su legado se mantiene vivo en la profesión hasta el punto de que la Asociación Americana de Terapia Ocupacional otorga cada año la prestigiosa «Lectura Eleanor Clarke Slagle» en su honor.

Susan Cox Johnson (1876-1932) aportó al nacimiento de la profesión desde su formación en Artes y Oficios, enfatizando que la calidad estética y funcional del producto realizado por los pacientes reflejaba directamente su salud mental y física. Su perspectiva destacaba el trabajo artesanal como medio para recuperar la dignidad del individuo, promoviendo así un método terapéutico basado en la calidad y utilidad social del trabajo realizado. Johnson enseñaba que el valor terapéutico estaba no solo en la actividad en sí, sino en su resultado, fomentando una valoración social positiva que influía favorablemente en el estado anímico y la autoestima del paciente.

Thomas Bissell Kidner (1866-1932), arquitecto canadiense, aportó una perspectiva crucial centrada en la rehabilitación vocacional. Kidner dirigió programas de rehabilitación vocacional para soldados durante y después de la Primera Guerra Mundial, subrayando la importancia de la ocupación como medio de reincorporar a los individuos a la vida productiva tras lesiones graves. Kidner también destacó la necesidad de adaptar los espacios físicos y laborales a las necesidades específicas de las personas con discapacidades, sentando así bases tempranas para la ergonomía moderna y la accesibilidad universal. Su trabajo enfatizaba que la ocupación debía adaptarse al paciente y no al revés, planteando ideas avanzadas sobre el diseño universal y la adaptación del entorno como medio terapéutico esencial.

Isabel Gladwin Newton fue una figura menos visible en la historia temprana, pero igualmente fundamental. Esposa de George Barton, Newton desempeñó un rol clave en la consolidación administrativa y organizacional de la profesión. Fue la primera secretaria de la «National Society for the Promotion of Occupational Therapy», rol desde el cual facilitó la comunicación, organización y promoción del nuevo campo profesional. Aunque su trabajo no fue tan visible clínicamente como el de sus colegas, Newton aseguró que las ideas innovadoras fueran sistematizadas, documentadas y promovidas adecuadamente, dando estabilidad y visibilidad a la profesión desde sus primeros pasos.
Cada uno de estos fundadores aportó perspectivas únicas que en conjunto formaron una base diversa y sólida para la terapia ocupacional. Desde el énfasis de Barton en la individualización terapéutica, pasando por la visión médica integral de Dunton, la importancia de los hábitos en Slagle, la valoración estética de Johnson, el enfoque ergonómico y vocacional de Kidner y la sistematización administrativa de Newton, estos pioneros sentaron las bases para una disciplina multifacética que ha perdurado y se ha expandido durante más de un siglo.
La terapia ocupacional desde entonces se ha desarrollado enormemente, ampliando sus horizontes hacia diversas áreas como pediatría, geriatría, salud mental comunitaria, discapacidad intelectual y física, manteniendo vivo el legado de estos visionarios que reconocieron la ocupación como un medio esencial para la salud, la independencia y la dignidad humana.





