Claves clínicas y humanas para evaluar la sedestación y movilidad en personas con discapacidad (III)

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Parte 3: Simular con las manos para planificar con el corazón

La magia de las manos: simulación de soporte postural

Tras el análisis en decúbito y la observación de la sedestación sin apoyo, llega el momento de recrear con nuestras manos la postura ideal que queremos lograr. Este paso, conocido como hand simulation, es quizás uno de los más potentes y subestimados en el proceso de evaluación.

Consiste en usar nuestras propias manos (y, a veces, el cuerpo entero) para posicionar la pelvis, el tronco, la cabeza, las piernas y los pies de la persona. De esta forma, podemos comprobar en tiempo real:

  • Si la postura es cómoda.
  • Si se mantiene estable.
  • Si la persona puede realizar actividades funcionales desde esa posición.
  • Si es realista reproducirla con un sistema postural estándar o a medida.

Esta simulación permite anticipar la configuración futura de la silla: tipo de respaldo, altura del soporte, necesidad de soportes laterales, ángulo asiento-respaldo, apoyos pélvicos, cabeceros, cinturones… pero sobre todo, permite comprobar si el cuerpo acepta y agradece esa posición.

Durante esta fase es clave preguntar y escuchar. No demos por sentado que una postura “alineada” será automáticamente preferida. Tal vez alinear la pelvis duela. Tal vez enderezar la columna genere fatiga. Tal vez ese ángulo que nos parece clínicamente perfecto, para la persona no tiene sentido. No lo sabremos si no lo preguntamos.

Acomodar no es rendirse

Una de las claves más poderosas que debemos interiorizar como profesionales es que acomodar no es claudicar. No todos los cuerpos pueden —ni deben— alcanzar la postura “ideal”. Hay personas con escoliosis estructural, con oblicuidades pélvicas fijas, con acortamientos musculares, con deformidades rígidas. Forzarlas a corregirse solo genera dolor, daño e incomodidad.

Acomodar una postura no reducible implica:

  • Respetar la forma del cuerpo.
  • Proteger las prominencias óseas.
  • Distribuir la presión de forma equitativa.
  • Encontrar un punto de equilibrio funcional, aunque no sea simétrico.

La tecnología ortopédica actual nos permite diseñar asientos asimétricos, respaldos moldeados, cojines con zonas de descarga específicas, y estructuras que respetan el cuerpo tal como es. El reto no es enderezar al usuario, sino ayudarle a vivir bien desde su postura real.

No hay postura sin función

Una buena postura no es un fin en sí mismo. Es un medio para alcanzar algo más importante: funcionalidad y participación. Una persona no necesita estar perfectamente erguida si eso le impide escribir, cocinar, conducir su silla, hablar, mirar el entorno o descansar.

Por eso, durante el proceso de simulación y evaluación postural, debemos plantearnos:

  • ¿Desde esta postura puede realizar las actividades que desea?
  • ¿Puede mirar al frente, a sus interlocutores, a la pantalla?
  • ¿Puede manipular objetos, dispositivos, controles?
  • ¿Puede realizar transferencias con seguridad?
  • ¿Puede descansar cuando lo necesita?

Es frecuente encontrar sillas diseñadas con obsesión por la simetría que, sin embargo, inhabilitan a la persona para tareas esenciales. Peor aún: que la incomodan, la castigan o la infantilizan. Repetimos: la postura tiene sentido si favorece la función, no si la sabotea.

El entorno como co-terapeuta

Una silla de ruedas no vive en el vacío. Habita el entorno: el hogar, la calle, el transporte, el trabajo, la escuela. Por eso, una evaluación incompleta del contexto puede arruinar un ajuste clínicamente impecable.

Preguntas esenciales:

  • ¿Cabe la silla por las puertas del hogar?
  • ¿Se puede maniobrar en la cocina, el baño, el dormitorio?
  • ¿La persona usa coche propio? ¿Cómo transporta la silla?
  • ¿Usa transporte público? ¿Hay espacio y accesibilidad?
  • ¿Cómo son los suelos, los bordillos, las pendientes habituales?

Por ejemplo, una silla perfectamente ajustada que no cabe en el ascensor obliga a la persona a usar otra silla distinta para salir de casa. O una silla tan pesada que no se puede cargar en el maletero genera dependencia de terceros. O una configuración demasiado voluminosa impide el acceso a mesas, escritorios o pupitres.

No olvidemos: la libertad se construye también desde los centímetros.

Evaluación interdisciplinar: equipo en red, usuario al centro

Una evaluación de sedestación no debería ser un acto solitario. Cuanto más interdisciplinario sea el enfoque, más rica y precisa será la solución. Idealmente, el proceso debería contar con:

  • Terapeuta ocupacional: especialista en función, posicionamiento, entorno y actividades significativas.
  • Fisioterapeuta: experto en biomecánica, movilidad, tono muscular y manejo postural.
  • Médico rehabilitador: supervisión clínica y coordinación de tratamientos.
  • Técnico ortoprotésico / proveedor de tecnología de apoyo: traduce las necesidades clínicas en productos reales, viables y seguros.
  • La propia persona usuaria y su entorno: la fuente primaria de conocimiento, experiencias, objetivos y preferencias.

Cuando todos estos actores trabajan en red, centrando la escucha en la persona, los resultados no solo son más efectivos… son más humanos.