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Parte 2: El cuerpo habla… si sabemos escucharlo
El cuerpo en reposo revela la verdad
Una vez que la persona ha sido situada en decúbito, comienza una de las fases más reveladoras del proceso clínico: la exploración de la pelvis. Aquí no hablamos solo de huesos, sino de una arquitectura fundamental para la postura y el movimiento. La pelvis es el cimiento de la sedestación. Si la base está mal posicionada, todo lo que se construya encima será inestable o perjudicial.
Durante la evaluación clínica se identifican tres elementos esenciales del posicionamiento pélvico:
- Basculación pélvica (tilt): ¿La pelvis está neutra, basculada hacia atrás (sacral sitting) o hacia delante?
- Oblicuidad pélvica: ¿Un lado de la pelvis está más alto que el otro?
- Rotación pélvica: ¿Un lado de la pelvis está adelantado respecto al otro?
Estas tres dimensiones deben ser observadas tanto en decúbito (donde la gravedad está «eliminada») como en sedestación. ¿La pelvis puede corregirse pasivamente? ¿O estamos ante una deformidad fija que debe ser acomodada con tecnología de apoyo?
Aquí, el juicio clínico es clave. Saber diferenciar entre una postura adoptada por mal hábito y una contractura estructural implica tomar decisiones muy distintas: una puede tratarse con terapia y apoyo progresivo; la otra requiere soluciones inmediatas de posicionamiento para prevenir daño.
Las caderas no mienten (pero los isquios pueden sabotearlas)
Una de las pruebas más críticas es la de flexión de cadera con pelvis en neutro, para valorar el ángulo muslo-tronco real. Es decir, no cuánta flexión de cadera aparenta tener la persona, sino cuánta puede alcanzar sin que la pelvis se incline hacia atrás.
Esto nos da el rango funcional de sedestación. Si ese ángulo es de solo 100 grados, forzar una silla con un respaldo a 90 grados será una sentencia de deslizamiento y presión sacra. Lo que sigue es muy habitual: la persona se resbala, se sienta “en retroceso”, se acomoda mal… y aparecen las úlceras.
De igual manera, debemos valorar la relación muslo-pierna (ángulo poplíteo). Si los isquiotibiales están acortados, forzar la extensión completa de rodillas en la silla provocará tracción de la pelvis hacia atrás y, otra vez, sacral sitting. La mayoría de los usuarios que “se escurren” no lo hacen por desidia, sino porque su cuerpo está tratando de encontrar alivio a una tensión insostenible.
Por eso, si queremos que una persona mantenga una postura saludable, debemos respetar lo que su cuerpo nos está diciendo. No se trata de “corregirlo”, sino de acompañarlo.
De “abducido” a “acomodado”: las caderas y sus misterios
Cuando una persona adopta una postura de “piernas abiertas” (abducción), de “piernas cruzadas” (aducción) o presenta una posición “windswept” o en ráfaga (ambas piernas orientadas hacia el mismo lado), debemos preguntarnos:
- ¿Es una preferencia postural o una necesidad impuesta por el cuerpo?
- ¿Hay dolor al intentar corregir la alineación?
- ¿Existe una luxación o subluxación de cadera?
Una buena evaluación busca diferenciar entre posturas reducibles y fijas. No es lo mismo una abducción que se corrige con un leve movimiento, que una aducción rígida que provoca dolor. Forzar la corrección de una deformidad fija puede provocar más daño que beneficio.
Si el objetivo es la comodidad, la alineación funcional y la prevención de lesiones, a veces la respuesta no está en forzar al cuerpo a una postura “ideal”, sino en acomodar esa postura de manera estable, segura y digna.
¿Y los pies? Los grandes olvidados
El posicionamiento de los pies puede parecer un detalle menor, pero tiene un impacto directo en la postura, la estabilidad, la circulación e incluso el dolor.
- Un pie en inversión o eversión puede condicionar la distribución de peso.
- Un tobillo en flexión plantar fija impedirá que el pie repose bien sobre el reposapiés.
- Una falta de soporte adecuado puede provocar deslizamientos o aumentar la presión en el sacro.
Si no se puede lograr un ángulo pie-pierna de 90 grados, tal vez sea necesario un reposapiés ajustable. O, en casos más complejos, considerar el uso de una órtesis tipo AFO para alinear y proteger el pie.
Los pies son el final de la cadena postural, pero no por eso son menos importantes. Una silla de ruedas bien ajustada debe considerar también este detalle.
Sentarse de verdad: la prueba de fuego
Después del mat assessment llega el momento clave: la sedestación sin apoyos. Aquí observamos cómo reacciona la persona ante la gravedad real. ¿Puede mantenerse erguida? ¿Requiere usar las manos para no caer? ¿Se desploma hacia un lado?
Existen tres categorías clínicas básicas para clasificar el tipo de control postural en sedestación:
- Sedestación con manos libres (hands-free sitter): Puede sentarse erguido sin usar las manos. Necesita mínimos apoyos posturales.
- Sedestación dependiente de manos (hands-dependent sitter): Solo se mantiene erguido usando las manos como apoyo. Requiere respaldo y soporte lateral.
- Sedestación propensa a colapsar (prop sitter): No puede mantener la sedestación ni siquiera con las manos. Requiere soporte total, a menudo a medida.
Saber en qué categoría se encuentra una persona permite planificar de forma mucho más precisa el sistema de respaldo, los apoyos laterales, cinturones, arneses o incluso el uso de respaldo moldeado.
La piel no olvida: integridad cutánea y riesgo de úlceras
Una evaluación de sedestación no puede ignorar el riesgo de lesiones por presión. A menudo, los primeros signos de alerta están en la piel:
- Cambios de coloración persistentes.
- Áreas de enrojecimiento que no desaparecen.
- Zonas endurecidas, calientes o con dolor al tacto.
El uso de escalas como la Braden permite sistematizar el riesgo. Pero más allá de los números, hay dos variables clave a tener en cuenta:
- Sensibilidad alterada: Si la persona no siente incomodidad al estar mucho tiempo sentada, es más probable que no se mueva y genere presión continua.
- Capacidad de reposicionarse: Incluso con buena sensibilidad, si no puede moverse por sí sola, necesitará sistemas que le permitan hacerlo (por ejemplo, tilt o reclinación eléctrica).
Una silla de ruedas mal ajustada puede ser, literalmente, una fuente de daño. Pero también puede ser una herramienta terapéutica: distribuir presión, ofrecer descanso, mantener la piel sana.
Escuchar, ajustar, repetir
Una evaluación nunca es un evento único. Es un proceso continuo, en el que las necesidades cambian, el cuerpo evoluciona, y las preferencias personales también. Por eso, la escucha activa es el principio y el final del proceso.
Como profesionales, debemos evitar caer en el automatismo de “recetar” un tipo de silla según el diagnóstico. Dos personas con parálisis cerebral pueden tener necesidades radicalmente distintas. Un usuario con esclerosis múltiple puede requerir hoy un tipo de sistema y dentro de seis meses, otro.
El secreto está en construir soluciones vivas, flexibles, adaptadas al presente de la persona… y abiertas a su futuro.