Retomo el blog en una nueva comunidad, wordpress, en vez del antiguo blogger y lo retomo, con un año mediante, casi dos de abandono en pro de un homenaje especial.
Cuando uno está en la carrera de Terapia Ocupacional, a todos nos cuentan cómo establecer una relación terapéutica, como ser profesionales y cómo lidiar con los sentimientos que te generan las relaciones que estableces con las personas que a diario viven contigo en la frontera entre tu vida profesional y personal.
Lo malo, sin un entrecomillado necesario, es que no te enseñan a lidiar con las personas que la cruzan, dándote una mirada distinta al mundo que creías como único, y en lo que en esta ocasión procede… no te enseñan tampoco a lidiar con la perdida, definitiva, de una persona con la que has trabajado día y noche.
Sabía que llegaría, ya me había rozado algún fallecimiento de algún socio de la asociación donde trabajo, pero esta vez me dio fuerte, se fue José C., una de las personas más buenas y nobles que he conocido en mi corta trayectoria profesional, con sus problemas, como todos los tenemos, y con sus virtudes. Nos dejó el pasado viernes día 4 con solo 38 años de edad.
Su trayectoria en la red de salud mental y su capacidad de mejoría en los años que estuvo dentro de dicha red lo hacían un caso excepcional y especial se mirara por donde se mirara. Tuve la suerte de trabajar con él y para el en una vivienda supervisada desde hace algo más de un año y aunque vi parte de sus buenos momentos, me tocó vivir los años feos de su decaimiento, y no por problemas de salud mental, sino por una enfermedad a la que declare odio eterno hace tiempo, la EPOC (enfermedad pulmonar obstructiva crónica).
Muchas fueron las horas de hospital que pase con él, tendré el grato recuerdo de estando de guardia en la nochevieja de 2014/2015 se me atragantaron las uvas teniendo que pasarme toda la noche en urgencias con él por una crisis respiratoria. Muchos fueron los paseos, acompañamientos y charlas sobre diversos temas de la vida que sin saberlo, ahora cobran un sentido y un carácter especial. Me toco muchas veces quitarme las gafas de terapeuta ocupacional y actuar más con corazón que con manual.
Aunque de primeras, tras conocer la noticia, tuve la extraña sensación de derrota y de no haber conseguido “el resultado positivo deseado tras mi “””intervención”” ”, me di cuenta que medir, en estos derroteros, tiende a ser una pérdida de tiempo. El trabajo, en este sentido, se hace en base a lo que uno tiene en la mochila aprendido y en los pies caminados, pero nadie nos puede exigir la perfección, ni siquiera nosotros mismos, porque tristemente, en estos campos de trabajo no se mide en positivo o en negativo, se mide en los momentos que puedes decir que has aportado algo a alguien en su vida.
Quiero hacer mención a la gente de los diferentes recursos de Guadalajara que andan junto a mí en esa “frontera” figurada y que en ese viernes 4, en la lejanía o en la cercanía, nos unimos para despedir a José.
Esta entrada no tendría mucho sentido sino es contextualizada, y es útil de cara a paliar ese dolor que todos sentimos con la primera muerte y también quiero que sirva como homenaje a una gran persona que nos dejó demasiado pronto para irse a pasear a otras fronteras donde fumar no mate y la vida no pase tan rápido.
Hasta siempre José C.
